Entre sombras y sueños

Capítulo 5: A Un Paso de Volar

No todos los días fueron fáciles, pero cada día valió la pena.”

Desde el momento en que pisé por primera vez el campus universitario, algo dentro de mí supo que ya no era la misma. No era la niña que huía, la adolescente ingenua ni la joven marcada por errores. Era alguien que estaba dispuesta a transformar su historia, aunque tuviera que reconstruirse desde los pedazos más pequeños.

Estudiar Turismo no solo me dio conocimientos. Me dio también un propósito. Mientras avanzaba en cada semestre, me fui conociendo más. Descubrí que tenía voz, que mis ideas valían, que podía hablar frente a otros sin que me temblara tanto la voz. Aprendí a planificar, a escuchar, a liderar, y sobre todo, a confiar en que sí era capaz.

A veces, entre clases híbridas, tareas acumuladas y prácticas, sentía que el cansancio me rebasaba. Pero siempre recordaba todo lo que había atravesado para llegar ahí. No podía darme el lujo de rendirme. Ya había luchado demasiado por estar en ese lugar.

Durante este tiempo, hubo profesores que me marcaron con sus palabras de aliento. Recuerdo una vez que, después de una presentación sobre destinos ecológicos, una docente me dijo:
"Tú naciste para esto, Marla. Tienes alma de guía, pero sobre todo, de soñadora."

Y sí. Yo soñaba. Soñaba con ser esa mujer que viaja por el mundo y deja huellas positivas. Soñaba con tomar una mochila, una cámara, una libreta y salir a encontrarme en cada rincón desconocido. Soñaba con ser libre. Y con compartir esa libertad algún día con alguien que entendiera mi esencia.

Porque aunque no lo digo en voz alta, aún anhelo encontrar a mi alma gemela. Esa persona que no quiera cambiar mi historia, sino abrazarla completa. Que no vea en mí solo lo que fui, sino lo que estoy llegando a ser.

En esta etapa final de la universidad, me tocó enfrentar varios desafíos. Realicé mis primeras prácticas profesionales y pude ver de cerca cómo funciona el mundo del turismo en la vida real: hoteles, atención al cliente, planificación de eventos, recepción de turistas. Me sentí emocionada, pero también insegura. Temía no estar a la altura. Pero con cada día de experiencia, fui creciendo.

Había momentos en los que regresaba a casa agotada, sin ánimos ni siquiera de cenar, pero con el corazón lleno. Porque sabía que estaba caminando hacia algo que era realmente mío. Había elegido este camino con el alma, y eso valía más que cualquier diploma.

Mis compañeros, con el tiempo, dejaron de verme como “la ingenua” del bachillerato. Ahora era una mujer enfocada, respetada, con sueños sólidos. Algunos incluso me pedían ayuda con sus exposiciones o me buscaban para liderar proyectos. Nunca imaginé que esa niña tímida, la que una vez fue el chiste de todos, terminaría siendo referente de esfuerzo y constancia.

Y aunque a veces siento nostalgia —por lo que perdí, por lo que no fue, por las heridas que aún no terminan de cerrar— también me acompaña una sensación nueva: esperanza.

Estoy a un paso de volar. A un paso de cerrar una etapa que definió gran parte de mi vida. Y aunque no ha sido fácil, ha valido completamente la pena.

No sé qué me espera después de graduarme. Tal vez más estudios, tal vez un empleo, tal vez una oportunidad inesperada. Pero de algo estoy segura: el mundo me está esperando.

Y yo, por fin, estoy lista para abrir mis alas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.