“Te fallaron, te lastimaste… pero sobreviviste. Y eso te hace inmensa.”
Querida yo,
Sí, a ti. A esa niña que a veces se sentía fuera de lugar. A la que se comía los mocos y se convertía en burla sin entender por qué. A la que se escondía detrás de una sonrisa, mientras en el pecho le dolía el alma.
Quiero abrazarte. Decirte que todo eso no te define. Que eras inocente, curiosa, confundida… y eso no era malo. Solo necesitabas guía, amor, paciencia. Y no siempre lo tuviste.
Sé que te dolió cuando te miraron con asco. Cuando se burlaban. Cuando sentías que tu forma de ser solo causaba risa o rechazo. Lo sé. Pero también sé algo más: esa ingenuidad que te hizo blanco de tantos chistes, también es la misma que hoy te permite creer en la belleza de la vida, incluso después del dolor.
Perdón por los errores que cometiste. Sí, tomaste dinero que no era tuyo. Huiste. Y lo pagaste con gritos, con manos duras, con soledad. Pero no eras una ladrona. Eras una niña desesperada, buscando atención, ayuda… algo que calmara lo que no sabías explicar.
Y a ti, adolescente confundida, también te hablo.
A la que creía estar enamorada cuando solo quería que alguien la viera. A la que tuvo “amores” que no lo fueron. A la que vivió su primer desamor como si fuera el fin del mundo. Quiero que sepas que lo que sentías era real, aunque los demás lo minimizaran. Tu corazón era puro, sincero… solo que nadie te explicó cómo cuidarlo.
Y luego, a los 19, te rompieron más fuerte. El dolor de perder a tu segundo amor, ese mejor amigo que creías que sería tu refugio, fue insoportable. Descubrir que no podía ser tuyo, no por maldad, sino porque su camino no era el tuyo… te dejó vacía. Pero aun así, no lo odiaste. Solo lo soltaste con el alma hecha pedazos.
Y mira dónde estás ahora.
Estás aquí, escribiéndote. Sobreviviendo. Aprendiendo a no tener vergüenza de tus pasos. Si supieras lo fuerte que eres… Si pudieras verte como te veo ahora: valiente, resiliente, con una mirada que ha llorado mares pero aún brilla.
Querida yo:
No te odies por el pasado.
No te culpes por lo que no entendías.
No te exijas perfección.
Solo sigue… así como vas.
Con miedo, sí. Pero también con fe.
Porque la mujer que serás mañana te va a agradecer todo lo que hiciste por ella hoy.
Con amor,
Tu versión más valiente: la que aún sueña.
#6063 en Otros
#1509 en Relatos cortos
sueños y metas, esperanza paciencia y soledad, rumbo al exito
Editado: 22.05.2025