Entre sombras y sueños

Capítulo 9: El Día que Me Perdoné

“No se trataba de que los demás me entendieran, sino de que yo pudiera mirarme sin castigo.”

Ese día no era especial. No era mi cumpleaños, ni el aniversario de nada, ni un feriado. Era un día común, sin promesas. Pero algo dentro de mí cambió. Fue como si mi alma, cansada de cargar tanto, decidiera soltar de una vez por todas.

Me desperté tarde. No tenía clases. El silencio de la casa era distinto: no pesaba, no dolía. Me senté frente al espejo con el cabello desordenado, los ojos hinchados, y una camiseta vieja que decía “Believe in yourself”. Me miré por varios minutos… y por primera vez no me juzgué.

No me vi como “la que falló”, “la que se fue”, “la que se equivocó”, “la que fue ingenua”, “la que no se graduó con sus amigos”, “la que no tiene aún lo que soñó”. Me vi como una mujer real. Compleja. Herida. Pero viva.

Y me hablé. No en voz alta, pero con esa voz interna que tantas veces me dijo cosas crueles. Esta vez, fue diferente.

—Te perdono —me dije—. Te perdono por no saber cómo defenderte. Te perdono por las veces que buscaste amor donde no había. Por los errores que cometiste por miedo. Por los silencios que tragaste. Por las veces que huiste. Por las lágrimas escondidas en el baño. Te perdono… por haberte odiado tanto.

Me abracé a mí misma. Literalmente.
Y lloré. Lloré por todo. Por la niña, por la adolescente, por la joven que hoy soy. Por lo que perdí. Por lo que nunca entendí. Por lo que aún me duele. Pero también lloré de alivio. Porque, por primera vez, ya no me debía nada.

Ese día escribí en mi diario algo que quiero recordar por siempre:

“Hoy no me siento rota. Me siento completa, aunque tenga grietas. Y por primera vez en mucho tiempo… siento paz.”

Fue un paso pequeño, tal vez invisible para los demás. Pero para mí fue un renacer. Un antes y un después.

A veces seguimos adelante sin sanar. Pensamos que el tiempo lo cura todo, pero no es cierto. El tiempo solo pasa. Sanar es un acto consciente. Y ese día, frente al espejo, tomé la decisión de hacerlo.

No estoy completamente curada. Aún hay heridas. Aún hay inseguridades. Pero ahora camino más ligera. Con menos miedo. Con más amor propio.

Ese fue el día en que me elegí.
Y desde entonces, aunque todo no sea perfecto… soy mía. Y eso, ya es mucho.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.