Entre sombras y verdades.

Capítulo 6. Sorpresas.

Es lunes. Empieza una nueva semana.

Apenas estoy despertando. Sigo con los ojos cerrados cuando un aroma familiar llega a mi nariz.

Ese perfume varonil.

Solo una persona lo usa.

Abro los ojos de golpe.

Me levanto, entro al baño, me lavo la cara y los dientes rápidamente y salgo del cuarto. Camino casi corriendo por el pasillo y bajo las escaleras.

Ahí está.

Una silueta alta en la sala.

Cuando me ve, abre los brazos.

No lo pienso dos veces. Bajo el último escalón de un salto y me lanzo sobre él, abrazándolo con fuerza.

—¡Llegaste, papá!— digo feliz.

Él me aprieta contra su pecho.

—Hola, princesa. ¿Cómo estás?

—Muy bien, pa'. Pero... ¿por qué no me contaste que ibas a venir?

—Quería que fuera sorpresa— responde mi padre con una sonrisa —¿Tu madre ya se levantó?

—Aún no— dice Thyler mientras baja las escaleras —Hola, pa'.

Se acercan y se dan un abrazo rápido.

Frunzo el ceño por un momento.

¿Cuándo llegó? ¿Y cómo entró?

—Hola, hijo. Ya los extrañaba— dice papá, mirando a los dos —¿Qué dicen? ¿Le damos una sorpresa a su mamá?

—¡Sí, claro!— respondo de inmediato, emocionada.

Hoy mamá está de cumpleaños.

Supongo que por eso papá vino. Él no suele aparecer así sin avisar, y mucho menos a primera hora de la mañana.

Entonces noto que lleva varias bolsas de regalo en la mano.

Sonrío.

—Esperen un segundo— digo, subiendo las escaleras casi corriendo.

Entro a mi cuarto y saco una pequeña caja que tenía guardada en el cajón.

El regalo de mamá.

Abrimos la puerta con cuidado.

Mamá sigue dormida.

Nos miramos en silencio.

—Buenos días...— dice mi padre en voz suave.

Ella se mueve un poco entre las sábanas, todavía medio dormida. Parpadea un par de veces... hasta que lo ve.

Se queda inmóvil.

—¿Tony?...— murmura, como si no terminara de creerlo.

De pronto se incorpora de golpe.

—¡Mi amor, llegaste!— su voz se llena de emoción.

Papá sonríe.

—Hola, cielo. Feliz cumpleaños.

Se inclina y le da un beso. Ella lo abraza con fuerza, como si no quisiera soltarlo.

Luego él toma las bolsas que dejó a un lado de la cama y se las entrega.

—Para ti.

Mamá las abre una por una. Primero la ropa. Luego otra bolsa...

Se queda en silencio al ver la caja.

—¿En serio...?

Saca la MacBook con cuidado, como si no fuera real.

—No puede ser...— susurra, emocionada —Gracias, cariño.

Se acerca y lo besa otra vez.

La última bolsa queda a un lado, todavía cerrada.

Me adelanto y le entrego mi regalo.

Mamá abre la pequeña caja con delicadeza. Dentro, una cadena con las iniciales de todos nosotros.

Sus ojos se suavizan al instante.

—Ay, mi niña... es preciosa— dice en un susurro lleno de ternura —Muchas gracias.

Me abraza con fuerza, como si quisiera guardar el momento.

Luego toma el regalo de Thyler. Está envuelto con cuidado; lo abre despacio, sin imaginar lo que encontrará.

Al ver el retrato, se queda en silencio.

—Wow... Thyler— dice finalmente, con la voz ligeramente quebrada —Hijo, está hermoso.

Paso la mirada al dibujo y sonrío. La firma en la esquina lo confirma: lo hizo él.

—De verdad, gracias— añade, mirándonos a ambos.

Se levanta de la cama y nos envuelve en un abrazo.

—Gracias a los tres... no saben cuánto los amo.

Nos separamos, pero el ambiente sigue cargado de ese calor familiar.

Papá la observa en silencio un segundo.

—Te extrañaba mucho.

Mamá no responde con palabras. Solo sonríe y lo besa con suavidad.

Thyler y yo cruzamos miradas al mismo tiempo.

Entendemos sin decir nada.

—Bueno... nosotros mejor nos vamos— digo, conteniendo una sonrisa.

—Qué timing el de papá...— murmura Thyler.

—Total— respondo—. Vámonos antes de que nos manden a terapia familiar.

—O peor... que nos hagan quedarnos.

Ambos reímos.

—Vamos a alistarnos— dice finalmente —Tenemos que ir al instituto.

Me doy un baño y lavo mi cabello, dejando que el agua termine de despejarme.

Al salir, me cepillo los dientes y me visto con unos jeans vaqueros , un body azul claro y mis Jordan a juego.

Tomo mi bolso y me dirijo a la puerta.

Estoy a punto de salir cuando, al abrirla, algo me detiene.

En el suelo hay una caja... con una carta encima.

Frunzo ligeramente el ceño.

No recuerdo haber dejado eso ahí.

Me agacho, tomo la carta y, por un segundo, dudo.

Luego la abro.

"No creas que vine y no le traje nada a la niña de mis ojos.

Att: papá."

Levanto la vista de la carta y miro la caja.

Intento alzarla, pero pesa más de lo que esperaba. Vuelvo a intentarlo, esta vez aplicando más fuerza.

Entonces lo escucho.

Un pequeño chillido desde el interior.

Me quedo paralizada un segundo.

—¡No puede ser...!

Abro la caja de inmediato.

Un pequeño cachorro levanta la cabeza y me mira.

Un labrador.

Suelto una risa incrédula mientras lo tomo entre mis brazos.

El cachorro empieza a lamerme la cara y no puedo evitar reír.

—Ay, eres demasiado tierno...

Lo abrazo con cuidado mientras mueve la cola sin parar.

Entonces suena la bocina del auto afuera.

Thyler.

Asomo la cabeza hacia la ventana y veo el carro esperándome. Miro la hora y el corazón se me cae un poco.

Voy tarde.

Miro al pequeño labrador otra vez y suspiro.

No quiero dejarlo... pero tengo que irme.

—Nosotros estaremos pendientes de él hasta que vuelvas, hija— dice papá desde el cuarto.

Doy media vuelta.

—¡Gracias, pa'!

Le doy un último beso a Brus en la cabeza y lo dejo en el suelo.

—Compórtate, ¿sí? Cuando vuelva jugamos.

Salgo de la casa y corro hacia el auto. Abro la puerta y me siento.




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