Entre sus Brazos.

Prólogo.

2, si habían sido 2.

2 años desde que mi madre perdió en aquel fatídico accidente a mi padre y quien era la balanza en nuestras vidas. Hace exactamente dos años había perdido a mi héroe, a mi padre, a ese que velaba por mi en las noches, ese que me cuidaba y lo daba absolutamente todo. Lo había dejado ir hacia un par de meses atrás cuando Nick había entrado a mi vida después de todo era el mejor amigo de papá y quién había venido a saber que tal la sobrellevamos.

Tiene alrededor de 29 años de edad recién cumplidos este mismo año, exactamente el 23 de noviembre. Mi madre era tan solo dos años más joven que él aunque si la ves a su lado dirías que ella se encuentra acabada y deteriorada, luego de la muerte de papá nada volvió a ser igual.

En ese momento había creído que mi vida no pretendía tener algún tipo de sentido alguno, que al perder a quién amabas en toda la tierra todo parecía adquirir un color grisáceo y de colores crudos. Lo había creído por un segundo, lo juro.

Sin embargo aquella mañana del 15 de diciembre mi vida daría cierto giro dramático.

Mi madre aquella que había quedado conmigo se había intentado quitar la vida consumiendo barbitúricos en la soledad del baño de su habitación en lo que yo visitaba a mi abuelo. Nick la encontró cuando pasaba a la hora de la visita y la sacó de inmediato a emergencias dónde afortunadamente le practicaron una limpieza gástrica y quedaría internada hasta que se recupere.

—Esto no puede seguir así, Glen.

Nick parecía enojado aquella mañana al hablar con el padre de mi madre quien al atender el llamado del rubio no dudó en venir.

—No se que ocurre con mi hija, Nick, de veras.

Sentía pena, dolor por mi abuelo al tener que lidiar con los intentos de suicidio de mi madre.

Él parecía agotado y ahora que lo recuerdo nunca sonreía, únicamente y cuando fijaba aquel par de ojos azulados en mi y sobretodo, aún parecían empañados en lágrimas.

—Victoria no puede ver este tipo de escenas, no es sano para ella.

Si, nuevamente su discusión se centra en mi.

Nick parecía sobreprotector conmigo en aquellos años y ahora me roba sonrisas recordarlo tan preocupado, tan dedicado a mi.

Tras aquel incidente de mi madre nada había sido igual y lo presentía cada mañana al despertar y encontraba al abuelo en la cocina llorando en silencio viendo al cielo implorándole clemencia o sabiduría al Dios que por años nos había condenado a la melancolía y tristeza. Normalmente no suele llorar delante de mi, lo hace en la soledad de la madrugada y parte de la mañana. Pero este día fu diferente.

—Irás a Londres con Nick.

Dijo al dejar ante mi un plato de huevos estrellados, pan tostado, zumo de naranja y tocino.

—A mamá no le agradaría.

—Lo sé pero no puedo negar que en esta oportunidad Nicholas tiene razón.

Si, si, así mismo había ocurrido aquella mañana.

Lo recuerdo todo demasiado bien ya que ese mismo día fuimos a comprar una maleta grande y mi boleta a Londres al cual me iría en 3 días indefinidamente.

La peor parte de aquella despedida no fue suplicar por quedarme con mi mamá sino ver al abuelo abatido y pidiendo que al obtener la mayoría de edad vuelva a sus brazos.




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