Entre sus Brazos.

Capitulo 1.

Capítulo 1.

Ahí estabas tu, siempre estuviste pero no quise verlo, quise engañarme.

Victoria.

Los recuerdos vuelan a mi y si mal no estoy habían transcurrido dos años después de estar en Londres que comenzaría a ir a la universidad para iniciar mis estudios como médica, esa fue siempre mi motivación y deriva de los varios intentos de suicidio que en estos años mi madre había implementado. Iba a una universidad estrictamente para jóvenes mujeres y son escasas las veces que salgo sola. Si, Nick es bien sobreprotector conmigo que la sola idea de perderme parecía desestabilizarlo. Sharon mi amiga desde que llegué a aquel país me visitó aquella fría mañana de octubre con la grandiosa noticia de:

—¡Si, dije que si!

¡Le habían propuesto matrimonio a su corta edad de diecinueve años!

Ella desde que tiene uso de razón ha sufrido mucho en esa casa y al conocer al que es su prometido decidió que sería con él con quién se iría definitivamente. Tras varios años en relación finalmente ella había llegado a la edad legal para contraer nupcias.

Ella elevó su mano blanquecina enseñando su manicura francesa y aquel envidiable anillo costoso brillar en el dedo anular de su mano izquierda.

—¿Y han dictado fechas?

—Ha inicios de diciembre. —. Señaló ella decidida. Blanqueé mis ojos al comprobar que en nada dejaría de ser la elocuente Sharon Mean para ser la señora Sharon De San Agustín.— Nos urge estar juntos ya.

—¿Y la universidad qué, Sharon?

Ella entorno sus ojos cansada del tema pero le toca soportar, ella decidió visitarme.

—En la actualidad hay mujeres que estudian y mantienen un matrimonio, no puedo ser la excepción.

De hecho conocía a varias personas amigas de Nick quienes cargan con hijos, trabajos y sus matrimonios. De Sharon estar confiada a de ser que puede apañarse a ambas responsabilidades.

—¿Y Nick? ¿No y que tenía libre?

Lleva alrededor de media hora acá y hasta ahora no había notado la ausencia del rubio.

—En casa de Jean. —. De pronto las mejillas blanquecinas de Sharon se ruborizaron.

Jean San Agustín es el prometido de Sharon y quiénes se conocieron un día equis en las ferias de navidad y para sorpresa de ambos Nick es amigo de él y Sharon mía por lo que volvieron a coincidir. La química era fuerte y un día al regreso los encontré hablando muy cerca sin llegar a besarse. Ella tiene una estricta política de no besar y no tocar a ningún hombre que sea su pareja sin antes estar casados.

—¿Le habrá dicho? Espero que si…

—Hey, ¿Basta, si? Disfruta tu momento pero correctamente.

—En casa me odian por comprometerme joven y por lo tanto no puedo hablarles de eso, en cambio contigo siento esa libertad.

Ella cuenta que su padre la desprecia y pide que llegue cuánto antes la fecha para que ella se vaya.

—Te quiero pero relájate.

Más que emoción había en ella una urgencia feroz por casarse con Jean y se que se debe a su familia toxica que no la deja vivir correctamente.

—¿Y tú qué onda con Nicholas?

Me ruboricé ante la mención del hombre que domina mis pensamientos desde mis alejados quince años.

Nick me encanta y de eso no cabe duda, me hace desconocerme completamente y ser presa de un sentimiento que por años he añorado sentir de él.

Tras mi llegada a Londres fueron incontables las noches donde dormía llorando, comía llorando, y existía llorando y él no podía soportarlo ya que al verme siempre me encontraba roja del sufrimiento por estar tan lejos de mi abuelo y de mi mamá. Recuerdo aquella noche del 15 de febrero tras llegar de cenar, había una tormenta eléctrica esa noche por lo que habían cortado la luz. Desde bebé odiaba dormir en penumbras por lo que hui a la cama de Nick, quien dulcemente me aceptó.

Esa noche me perdí en el color azul de sus ojos y en la sedosidad de su cabello rubio.

Me habló hasta que pude conciliar el sueño debidamente mientras que en mis sueños más profundos él era el protagonista principal y yo su acompañante. Me enamore perdidamente por él y han pasado unos cuantos años y no he podido superarlo. Él es distante cuando se debe y cariñoso cuando lo necesito. Pero siempre manteniendo esa barrera invisible entre ambos.

—Todo sigue igual. —. Anuncié con cierto desgano y aburrimiento. Mi vida amorosa apestaba.

—¿Y si salimos está noche? Te haría bien distraerte

—Sabes lo que piensa él.

“Es riesgoso que salgas a bares o clubes sin la compañía de un hombre que pueda defenderte.”

—Al diablo, Victoria. Él sale con Jean mientras tú estás aquí y no es justo. Debe ser recíproco.

Lo sé pero no quiero preocuparlo de a gratis, aparte amaba quedarme y perderme en su bello rostro.

Yo continué con las labores que tenía que cumplir si quería que me dejara ir mientras que Sharon no paraba de hablar sobre los acuerdos mutuos y sobre como Nick quiere tenerme para él solo por sus escondidos celos que trata de negar. ¿Fuentes seguras de dónde saca esa suposición? Según ella la forma en la que él me ve ha cambiado, su trato hacia mi y su forma de hablarme. Y a decir verdad no encuentro ningún cambio, todo para mí continúa igual.

Alrededor de las siete ella parte a su casa para cambiarse de ropa mientras que yo hacía exactamente lo mismo.

Al salir de la ducha en mi bata de baño lo encuentro a él sentado en el borde de mi cama con un portarretrato de mi madre y abuelo entre sus manos. Sabe cuánto los extraño y mis ganas de mandar todo al demonio e irme a mi hogar. Eleva su linda mirada hacia mí robándome suspiros y anhelos, robándose mi corazón con un gesto tan simple y gastado. Escaneó rápidamente mi acción y de inmediato frunció sus cejas entre si.

—¿A dónde vas? —. Su voz masculina y grutural hace erizar cada vello de mi brazo.

—Sharon me invitó a comer.

De inmediato noté como su cuerpo entero se tensa y opta una postura más firme y yo me preparo para lo que dirá a continuación.




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