Entre sus Brazos.

Capitulo 2.

Capitulo 2.

Recordarlo me genera nostalgia y añoranza a esos momentos tan gratos y llenos de juventud, una juventud fresca que tomamos demasiado tarde.

Nick me hace entrar a mi habitación sin ejercer fuerza alguna mientras que yo lo veía con temor desde mi cama, él daba vueltas al igual que un león enjaulado tratando de contener lo que seguramente quiere decirme. Muerdo nuevamente mi mejilla interna con fuerza, me ayudaba a calmar mi ansiedad. De pronto se detiene en media habitación y dirige con frustración su mirada hacia mí.

—¿Quién es él?

Se refiere al… ¿Eros? Si, ese es su nombre.

—Recién lo había conocido.

Él asiente presionando sus labios en una fina línea tensa.

—¿Desconocido, no? Te he dicho que no se le habla a los desconocidos.

Blanqueé mis ojos hastiada de ser regañada por él.

—¿Puedes relajarte? No hice nada malo.

—¿Eso piensas tu? —. Inquiere él acercándose hacia mi, donde rompe todo tipo de distancia al colarse entre mis piernas, tomarme del mentón y hacerme verle fijamente.— Me quedé preocupado acá y tú allá con él divirtiéndote.

—Te confundes, estuve con Sharon…—

—Ella no estaba. —. Finiquitó, pero seguíamos muy cercas.

—Jean la buscó antes puedes preguntarle y confirmar lo que te estoy diciendo.

Nick no dijo mas nada al respecto y simplemente esos candentes ojos de colores bajaron hacia mis labios, instintivamente mordió sus labios, en especial el inferior.

—Se supone que no debes enojarte si otro me habla, estoy en la edad correcta para conocer y enamorarme, quizás casarme. —. Decirlo se sintió tan agotador, él me miró entrecerrando sus ojos.

—No.

¿No?

—No vestiré santos toda la vida, Nick. —. Le recuerdo.— Quiero vivir la experiencia completa: conocer, enamorarme, ser suya eternamente y casarme.

Lo quería absolutamente todo pero con él.

Nick es mi amor eterno y mi primero en todo, lo quiero de cualquier modo, a cualquier momento del día y de la forma en la que él quiera. Todo mientras sea con él.

—Vicky…

Sentí mi estómago dar un vuelco al verle acercar su rostro al mío.

—Nicholas…

Ante los nervios terminé recostando mi espalda contra el colchón quedando él completamente encima de mi cuerpo y nuestros rostros a centímetros para nada alejados. Podía levantar mi cabeza y aplastar mis labios contra los suyos.

—Me condenaré si lo hago.

Se a que se refiere y probablemente ambos nos condenemos.

No nos une ningún tipo de lazo sanguíneo ni menos un parentesco, si vivo con él es por la confianza que el abuelo la tiene y el que mi madre igual le tiene aparte de que Nick lo conozco desde siempre.

—¿Pero quieres?

Él parecía contrariado: si quiero pero no puedo.

—Lo anhelo.

Mis humos suben y de pronto en mis labios aparece una sonrisa.

—Bésame, Nick. —. Le suplique.— Por favor…

Se de su gran debilidad hacia mis súplicas y jugarle en contra quizás no sea buena idea.

—Solo no te muevas, Victoria. —. Me pidió y yo me quedé estática.

Mis nervios me juegan la contra y aunque me quedé inmóvil mis manos escurridizas se fueron hacia la piel expuesta de su cuello dándole leves caricias. Sentí el delicioso roce de sus labios contra los míos y cuando sentí que de verdad nos besaríamos un teléfono suena.

—¿Quién será?

Le tomé del cuello impidiendo que se vaya y se concentre en mi.

—Seguro no es nadie.

—Prefiero asegurarme. —. Se apartó y se trataba de su teléfono.— Es del hospital.

Él se fue de mi habitación cerrando la puerta tras de él para darle toda su atención a quien sea que lo haya llamado.

Recordar ese momento me hace sentir tonta de algún modo porque lo que había añorado por años se me fue arrebatado de frente y no pude notarlo. Le llore internamente al momento perdido y quise que Dios retroceda los segundos y besarlo sin tanto miramientos. Mis recuerdos son claros y lo que hice a continuación fue sacarme mis zapatos y mi chaqueta, decidida abrí la puerta de mi habitación yendo a dónde se que estaría.

Dentro de su habitación lo encuentro sobre su cama hablando por teléfono muy animadamente y me asusta ya que no suele ser así con nadie más que no sea conmigo. Me quedé bajo el umbral viéndole enamorada de la vista que me proporcionaba de su perfil derecho. Al colgar la llamada tomé la oportunidad para entrar a su habitación y sentarme a su lado.

—Nick.

Él tragó pesado y sopesó bien sus palabras antes de hablar.

—Está mal, Victoria.

Bufé cansada de lo mismo y le hice girarse hacia mi.

—Solo nos besaremos, no es nada de otro mundo.

Él me ve como si no me conociera y sabe que si ocurre me volveré dependiente de su tacto.

—Tu abuelo me cortará las bolas de saber que hice lo que me prohibió.

La esperanza se planta en mi pecho al ver que lo está considerando.

—Nadie lo sabrá. Solo tu y yo. Solo nosotros en la privacidad del departamento, en la intimidad de tu habitación y en la oscuridad de la noche.

Él me hace recostar mi espalda contra el colchón de su cama quedando encima de mí sin dejar que su peso me aplaste completamente. Respiraba hondo y rápido al verle llegar mis manos por encima de mí cabeza dónde las sostiene. Mi pulso tembló cuando acercó su rostro y nuestras narices se encontraron otra vez, nuevamente a mis labios se les permite sentir el tacto de sus labios. Lo mire fijamente a los ojos cuando él lo hizo exactamente conmigo. Y ocurre. Aplasta su boca contra la mía y mi mente entra en jaque. Él los mueve lentamente y con miedo, mientras que yo disfrutaba del sabor a menta que tenía.

Tocaba mis labios y lo recordaba, el preciso momento en que nuestras vidas cambiarían por completo y sin preguntarnos.

Me zafé del agarre de Nick y con mis manos exploré cada rincón de su cuerpo y él me lo permitía mientras que parecía demasiado concentrado dominando mi cavidad bucal con su lengua. La timidez me domina cuando agarro la mano de él y la guío por mi cuerpo, desde mi cuello hasta descender hacia mi pecho donde con celos acuna con sus grandes y tibias manos mi seno, el cual comienza a estimular.




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