Capítulo 4.
Sus besos eran una cosa muy aparte y de algún modo puedo asegurar que luego de hacerlo me había quedado con la espina de querer probarlo nuevamente.
—Tus locuras algún día nos traerán represalias.
Eros es quien me ayuda a bajar de las enredaderas hacia el suelo de la calle.
Inhalé hondo y mire a mi alrededor viendo que había salido de la cárcel que Nick denomina universidad.
—Nick no haría nada loco. —. Al menos hasta donde lo conozco se que no.
Eros negó y terminó de bajar lo que faltaba, me pasó mi mochila y su sudadera para cubrir mi uniforme y que nadie pueda encontrarme fácilmente.
—¿A dónde quieres ir? —. Me pregunta al detenerse a mi lado y ver expectante todo.
—No sé, soy turista. Tu guíame.
Lo recuerdo y Eros lo había tomado muy personal ese “guíame” me nace una sonrisa en los labios al pensar en los lugares que visite la única vez que pude escapar del control excesivo de Nicholas.
La emoción que sentía ese día fue algo que nunca más pude volver a experimentar, se que le agradezco a Nick por haberme acogido en su hogar y brindarme estudios y seguridad pero no le perdono el haberme encerrado en casa sin posibilidades de conocer más sobre la ciudad donde me terminé de criar.
—¿Qué te parece?
El rostro de Eros demuestra la emoción que le causa haberme traído a esta parte de la ciudad y dónde él vive con su madre.
Es una casa enorme victoriana con preciosas enredaderas de rosas rojas en la pared de marfil inmaculado. Quedé enamorada de la estructura y de la belleza tan simple que desprende.
—Es… perfecta. —. Eros sonríe y me indica que avance con él al interior.
—Mi padre la construyó para mi madre.
—Se nota que la amaba. —. Toqué con mis dedos la pared y me perdí en la delicadeza de los detalles.— ¿Desde cuándo estaban juntos? —. Eros había avanzado hacia una mesita de dónde tomo un portarretrato y me enseñó la fotografía de una mujer preciosa y joven al lado de un rubio de candentes ojos azulados.
—Mi madre y padre cuando se casaron.
Lo tomé y Vi a la pareja, no se porque se me asemeja a Nick y a mi.
—Que guapos.
Eros no es para nada feo pero no heredó ni una cuarta parte de la genética de su padre.
—Ven, mi madre está en la cocina.
Deje la foto donde él lo tomó y me encargo de seguirlo y no perderme en lo grande que es esta casa.
Si la entrada era una preciosura no se imaginan el interior en la cantidad de vitrales que hay y lo que le proporciona a la casa otro tipo de iluminación más única. Los sofás son de cuerina blanca con cojines de gamuza negra, una mesa ratonera de vidrio y barandas doradas. Entramos por una puerta con un arco de flores rojas hacia una cocina moderna.
La misma mujer del restaurante aparece en mis narices.
—Ella es mi madre Lorena, Vicky.
—Es un placer conocerla, Eros no para de hablar de usted.
Ella le sonríe a Eros y luego a mi.
—Y de ti ni hablar, has hechizado a mi hijo en todo sentido.
Ahora pienso en Eros y veo que fui muy ciega con respecto a sus sentimientos hacia mi y a lo que esperaba o quería. Fui clara desde un principio al decirle que a quien yo quería y amaba es a Nick y él aún así decidió ser mi amigo.
Las horas en casa de la madre de Eros pasaron tan rápido que no lo noté hasta que me comenzaron a entrar llamadas insistentes de Nicholas y solo así pude ver que pasan de las siete de la noche.
—A Nick le dará un infarto.
Eros notó mi preocupación y me terminó arrebatando el teléfono para guardarlo en mi mochila.
—Rompe esa rutina, Vicky.
Si, pero yo quiero ir a los brazos de Nick.
La paella nunca le había probado y hechas por las manos de la madre de Eros es otra clase de delicia. Sin duda su sazón es exquisito.
—¿Es española?
Ella termina de servir en su plato y se sienta.
—Si, me vine a este país cuando me case con el padre de Eros.
—Trajo sus ricas costumbres a los aburridos londinenses
Mi comentario la hizo reír y asintió.
—Por tu comentario puedo deducir que no eres de aquí.
—No, soy estadounidense de nacimiento y de padres estadounidenses. Vine por petición de mi abuelo ya que Nick me cuidaría y se haría cargo de mi mientras mi madre está en el sanatorio mental.
Que te dé vergüenza robar y no decir la verdad y la realidad de la situación que vives.
—Oye eso es fuerte
—Yo superé eso hace mucho tiempo y aunque no la he visitado en todos estos años asumo que está bien.
—¿Y tu padre?
—Él falleció en mi niñez y a raíz de su muerte la salud mental de mi madre se deterioró. Nick le parecía una mierda que la viera a ella dañarse y le pidió mi custodia a mi abuelo y me trajo acá. Me dio un hogar, seguridad y estudios asegurados.
—¿Y eres feliz con Nick?
Por años me he hecho esa misma pregunta en mis momentos de soledad y puedo jurar por Dios que nunca en mi vida había sido feliz, antes de Nick todo era gris y opaco, en cambio cuando él llegó le dio otra tonalidad de colores a mi vida y he sabido lo que es reír sin sentir una pizca de dolor.
Y todo es gracias a la protección y amor de Nicholas.
—Lo soy, Lorena.
Ella se incorporó en la silla más cómoda y dijo:
—¿Y te gusta no? Lo mencionas y te brillan los ojos.
—Lo amo, es el amor de mi vida.
Los nervios me juegan en contra siempre que hablo de lo que siento por Nick y puedo juzgar que ella se estaba refiriendo a eso.
—¿Y no es muy mayor? Digo, más que una pareja yo diría que él te ve como a su hermana menor.
¿Hermanos Nick y yo?
No lo he podido ver como una figura paterna y ahora que lo vea como a un hermano eso está difícil. Se que lo amo como una mujer ama a un hombre y de ese sentimiento nadie me baja.
—Nick me gusta.
Ella me miró con pena y compasión.
—Es muy grande, Vicky. Y para la edad que tiene no me sorprendería que esté saliendo con alguien más.
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Editado: 28.05.2026