Entre sus Brazos.

Capítulo 5.

Capítulo 5.

Sus besos y sus toquen eran pequeñas chispas de fuego que calientan de sobremanera mi cuerpo, hace que me estremezca de solo recordar nuestros momentos únicos e íntimos. Sin embargo aquella felicidad se veía amenazada por los mensajes que hace días recibe en su teléfono y que provienen de una enfermera, según Nick ella no lo ha superado. Me inquieta que no me ha formalizado y que no me da su lugar como su mujer, la única que tendrá en su vida.

—¿Sigue escribiendo?

Estaba en la sala de estar sobre el sofá viendo su serie médica y en todo el rato ese jodido aparato no deja de sonar. Nick lo ignora.

—No empieces, Vicky.

Es la típica frase que suelta cuando se trata de Bárbara.

Inhalé hondo y me tranquilice, comportándome como una mujer maniática y celosa no resolvería nada.

—Sabes que no me está gustando que ella te escriba.

Nick inhaló lentamente y apagó la televisión, aún sentado se giró para verme. Y me jode tanto verlo tan tranquilo mientras que mi mente no para de maquinar escenas donde él me deja por ella.

—Es mi enfermera, Victoria, tampoco puedo bloquearla y fingir que no la veré al día siguiente en la clínica o en el hospital.

—Nick, no te pido que la bloquees, solo ponle un alto y respétame la puta cara.

Le enfada que sea grosera y se que no le ha gustado ni un poco por la cara de horror que ha hecho.

—Ese vocabulario,..

—Y será peor si no le dices que tienes mujer.

—Victoria, eres una niña por amor a Dios, ya compórtate.

Oh no, él no lo ha dicho…

—Ah, pero para que me folles en medio de la madrugada y en cualquier lugar de la casa si ya no soy una niña. —. La ha cagado y yo no quiero verlo.— Tremendo gilipolla eres, Nicholas.

Y me terminé yendo hacia mi habitación ignorando sus llamados.

Antes de que pueda interferir pasé el pestillo para que no pueda entrar, ya lo que ha dicho no tiene remedio.

Me enojé tanto que terminé aventando un peluche contra la ventana de la habitación y rezongué queriendo escapar de esta casa.

¡Vicky, ábreme, linda!

Está muy jodido de la cabeza si cree que con palabras bonitas y sexo de reconciliación yo lo perdonaría.

Aunque pensándolo bien…

Tomé valor y fui hacia la puerta, al abrirla él estaba tras ella.

—Vicky. —. Esos ojazos azules me queman la piel de una manera sabrosa… o sea que este hombre me encanta pero no puedo olvidar lo que ha dicho.

—Si quieres que te perdone tienes que dejarme salir está noche.

—Sabes que eso no puede…—

—Si no me dejas salir puedes irte considerando como un hombre soltero.

Eso lo hizo callar y verme severamente.

Me mantuve firme ante mi petición y sin declinar en ningún momento. Nick respeta mis decisiones siempre y cuando me vea confiada y segura de que eso es lo que realmente quiero.

—¿A dónde y con quién?

—Tu sales y no te pido saber eso, quiero igualdad.

Ay, Vicky…

Lo vi pasar saliva pesadamente y apretar su puño derecho.

—A como te encuentre con ese delincuente puedes considerarlo hombre muerto.

Me acerqué a él y lo miré fijamente.

—No. Te. Tengo. Miedo.

Y le estampé la puerta contra la cara.

Me comencé a alistar y en esta oportunidad usaría un vestido rosado muy bonito un dedo más arriba de mi rodilla y lo usaría con mi cabello suelto y unos tenis blancos deportivos. Dejé mi teléfono sobre la cama para que esté hombre no pueda localizarme y encontrarme. Al bajar las escaleras lo encuentro junto al elevador de nuestro piso de brazos cruzados y mirada seria.

—¿Teléfono?

—Si, ahora apártate.

Entré al elevador y él me siguió y pulsó el botón antes de que pudiera yo hacerlo.

—Tienes que comportarte, recuerda que ahora me perteneces

Estaba a su espalda y no pude evitar rodar mis ojos.

Que hayamos estado juntos no me hace parte de su propiedad o como un objeto más de su ostentoso departamento.

En el lobby me pide un Uber y a los minutos llega, Nick me abraza antes de que pueda subir e irme.

—Te cuidas y no olvides que te amo.

Me cerró la puerta y el coche entró en marcha.

No le di importancia y le indique al conductor que me lleve a casa de Eros. De todos modos no tengo a dónde ir que no sea hasta allá y hasta Lisboa que es donde está mi mejor amiga Sharon.

Afortunadamente Eros si se encontraba en casa cuando yo llegué.

—Me sorprendente verte a esta hora y sin tu perro faldero.

—Quise mi espacio y bueno, aquí me tienes.

Él terminó sonriendo y con amabilidad me permite entrar a su hogar.

—¿Me debe halagar el hecho que prefieres estar conmigo antes que con Nick?

Ignore su comentario y entramos a su sala de estar.

—¿Te apetece ver una peli? ¿O que tienes en mente?

Es viernes y a decir verdad si quería ver una peli pude haberme quedado en casa, aparte siento que ver una película con alguien a solas y en un sofá juntos es muy íntimo.

—Vamos a un antro.

—¿Tanto quieres despejar de tu mente?

Me terminé sentando con desgano sobre el sofá.

—Si tan solo supieras.

—Me daré una ducha rápido y nos vamos.

Él desapareció hacia su habitación en lo que yo esperaba en su sala.

Hasta ahora la idea de haber dejado mi teléfono fue una mala idea porque ahora me encuentro aburrida y estática esperando por él. Me levanté de ese sofá antes de quedarme dormida y me fui hacer un recorrido yo misma y sola por esta casa en lo que Eros puede estar listo.

Los pasillos son estrechos y llenos de cuadros clavados en la pared, unos con fotografías de él y una mujer que es su madre y otros de paisajes para nada realistas. Una habitación en especial llamó mi atención entre tanta oscuridad y silencio, se veía una luz roja asomarse provocativamente y cuando quise acercarme para abrirla el sonido de su voz me interrumpió.




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