Entre sus Brazos.

Capítulo 6.

Capítulo 6.

Desconocido.

Estados Unidos.

La primera vez que la conocí fue en el barrio en el que ambos habíamos crecido, dónde nuestras tardes se basaban en ir al parque del barrio a jugar en las máquinas de hacer ejercicio o caminar por los rincones de nuestra pequeña ciudad, hasta incluso explorar el bosque más cercano. Ella era la luz y la audacia de los dos, la niña más decidida e intrépida que nunca antes conocí, mientras que yo era el tipo de niño surcoreano callado, reservado e intimidado por nuevas personas que me consideraban a mi extraño por mi nacionalidad y rasgos físicos. Ella me brindó una amistad sincera, pura y llena de complicidad, mientras que yo a ella de múltiples maneras le demostré que la quería y amaba.

Sin embargo, el día que quise confesarme directamente, me encuentro con la presencia de un hombre mayor que nosotros y rubio subirla a un coche que la llevaría lejos de mi. Aún recuerdo el amargo dolor que sentí esa tarde que la vi partir de mi lado hacia un futuro incierto. La expresión de dolor y arrepentimiento no se apartó de mi en ningún momento, llegué a la etapa de la adolescencia en la desolación amando a alguien que físicamente no existe.

Al menos no a mi lado.

Los mismos recuerdos de aquella tarden aparecen frente a mis narices al estar a escasos pasos delante de aquella vivienda que pertenece a su abuelo. La grama del patio delantero continua descomunalmente larga, dando a entender que nadie vive acá y que nadie ha vuelto a pisarla. Al subir los escalones y quedar en el porche visualice aquel sofá de columpio en el que nosotros pasábamos nuestras tardes.

“—¡V, mira ese pajarito!

Ella reía abiertamente al ver a un pájaro cuyos colores eran deslumbrantes.

No dure menos de dos segundos observando al animal, cuando volvía mi atención hacia ella y me encantaba por verla sonrojada de la emoción que le causa un insignificante animal.

En nuestras piernas teníamos un plato de galletas de chispas de chocolate y una limonada que nos habían preparado para este momento. Ella vestía una camiseta amarillo pollito, su cabello castaño suelto al aire y unas bermudas infantiles hasta sus rodillas, y en sus diminutos pies unas zapatillas de bailarina negras.

Podía reconocer la belleza cuando la veía y en ella era clara y fuerte.

Era hermosa aún con lodo salpicando su rostro,

Aún cuando recién se despertaba,

Incluso lo era cuando sentía miedo.

—Tu forma de mirarme es extraña. —. Dijo ella al sentir la intensidad de mi mirada hacia ella.

—Solo guardo cada detalle de ti en mi memoria. —. Le confesé y ella ríe.

—No es como si desapareciera, V.”

Y lo hizo, desapareció de mi vida sin previo aviso.

Inhalé hondo antes de volverme hacia la puerta agrietada y sucia, para tocarla con mis nudillos.

Ante mi no estaba aquel que quería encontrar, sin embargo en su lugar estaba una mujer de edad medio avanzada y regordeta con evidente molestia a mi intromisión.

—¿Qué se te ofrece, coreanito?

Me estremezco de mala manera al escuchar ese jodido apodo que parece continuar siguiéndome ahora en mi juventud.

—¿Sabe que es de la vida de las personas que viven acá?

Ella traía su rostro sucio, percudido, y con rastros de comida entre sus dientes.

Ropas viejas y gastadas, cabello grasoso y canoso, un lunar con pelo bajo su labio y sobre sus profundos ojos lentes de pasta negra gruesa.

—Tras vender a la niña el abuelo se suicidó.

Y cerró la puerta en mis narices.

Dejándome con un frío polar colarse en mis huesos y médula espinal.

Boté el aire que sin pensar había acumulado,

Y quise por un segundo creer que era mentira y que si volvía a tocar el abuelo saldría.

Sin embargo no lo hice y solo me alejé de la vivienda.

Ya no solo había rastros de ella sino que el único puente que me podría informar de su ubicación exacta ahora ya no existe.

Abatido me senté sobre el pavimento de la acera reflexionando sobre lo que me había dicho.

Se suicidó…

Y un centenar de dudas me abordan dramáticamente.

¿Ella lo sabrá?

¿Sabe que el abuelo murió?

¿Intuye que nada está bien desde que se fue?

¿Su madre aún seguirá con vida?

No sabía dónde buscarla o en qué centro estaría internada, o si continuaba con vida.

Al girar una última vez hacia esa casa me pareció haberla visto en el columpio jugar risueña y reír de todo objeto que transita frente a su campo visual.

Sollocé al pensar que quizás la había perdido para siempre, que había llegado tarde a su rescate.

Me terminé yendo de esa calle que ahora lo único que me provoca es dolor, un dolor ardiente por alguien a quien he perdido sin antes siquiera haber tenido.

La primera en abordarme al llegar a mi hogar fue mi hija adoptiva, quien originalmente es mi hermanita pero que tras la muerte de mi madre y padre quedó bajo mi tutela. Sus rasgos surcoreanos similares a los míos. Cabellos tan oscuros como la misma noche, ojos color ocre brillante, piel blanca y llena de lunares, y aquella sonrisa llena de ternura.

—¿V? —. Su dulce voz me hizo caer sobre el sofá a llorar como no pude hacer en la calle.— ¡V! —. Y ella corrió a mi rescate, me abrazó y hermosos momentos de mi infancia aparecen cual rayo en un cielo oscuro y tormentoso.

Me ahogaba en mi propio llanto al asegurarme que quizás ella no esté con vida, que ya su cuerpo quizás no exista en este plano terrenal.

🔸🔸🔸

Victoria.

Puedes sacarlo de tu mente,

Algún otro joven que seguramente encontrarás,

El amor se desvía y pronto el frío crece.”




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