Entre susurros

Capítulo 6: Mutación celular

Las vacaciones decembrinas pasaron más rápido de lo esperado y, en un abrir y cerrar de ojos, ya era tiempo de inscribirnos al segundo semestre. El plan original era inscribirse juntas en el grupo 201; sin embargo, Nikki terminó en el 207. Según ella, tomó ese grupo porque ya no había cupo, pero para mí eso fue solo una excusa porque ya no quería juntarse más con nosotras. Eso me dolió, debo admitirlo.

Por otro lado, Nicole sí se había quedado conmigo en el 201, pero al final pudo hacer su cambio de facultad, así que también se fue. De golpe, me quedé completamente sola en un grupo que no conocía, rodeada de gente nueva y con maestros de los que no tenía ni la menor idea.

La incertidumbre me carcomía, pero todo cambió a solo dos días de regresar a las clases. Cuando finalmente salieron nuestros calendarios con la lista de docentes que nos tocarían para este periodo, busqué con la mirada la materia de Anatomía. Al leer el nombre impreso en la pantalla y ver que el Doctor Evans nos daría de nuevo la clase, el corazón me dio un vuelco y salté de alegría.

El tablero se había acomodado de una forma que jamás imaginé: estaba sola en un salón desconocido, sí, pero el destino me estaba regresando al mismo hombre que me había dejado la mano ardiendo antes de las vacaciones.

El primer día fue un martes y no tendríamos anatomía hasta el miércoles. Sin embargo, yo iba llena de alegría y nervios. Mi plan original era sentarme con una compañera que ya conocía del semestre pasado, pero al entrar me di cuenta de que ella ya estaba sentada con otros dos compañeros, así que decidí tomar un lugar cerca de la pared.

Los minutos pasaban lentamente mientras el salón se llenaba de rostros completamente nuevos. Algo temblaba dentro de mi pecho: ¿qué tal si no volvía a hacer amigos y era la rarita sola del salón? No me podía pasar lo mismo que en la prepa, donde pasé los tres años comiendo sola en el receso y haciendo todos los trabajos de manera individual.

El simple recuerdo me daba escalofríos. Intentando ahogar la ansiedad y bloquear el ruido de las risas ajenas, me puse los lentes y comencé a deslizar con desinterés mi fyp de TikTok en el celular.

—Disculpa, ¿está libre?
Escuché una voz susurrando que, al parecer, me hablaba a mí.

Despegué la mirada de la pantalla.
—Estem... Sí —dije, mirando a la chica sin saber realmente si sonreír, ponerme seria o qué hacer con mis manos.

Acto seguido, ella se sentó al lado de mí y también sacó su teléfono para ponerse a ver la pantalla. El silencio se instaló entre las dos. Yo quería hablar con ella, de verdad quería, pero no sabía realmente cómo empezar una conversación o qué decirle. Mi mente se llenó de dudas al instante: ¿y qué tal si pensaba que estaba loca?, ¿o que era una rara?, ¿o qué tal si decía algo que arruinará completamente todo antes de empezar?

La clase de embriología empezó presentándonos uno por uno. El profesor nos iba dando la palabra y yo escuchaba a medias, hasta que llegó el turno de una fila cercana. Finalmente ahí lo vi: al chico que había visto en la fiesta de Halloween, el amigo de Oberon.

Esta vez no traía un disfraz, pero su estilo seguía destacando. Traía una chamarra verde, su camisa impecablemente bien planchada y era de los casi únicos chicos en todo el salón que sí traía corbata. Tenía un aire muy propio, formal pero relajado a la vez. Cuando le tocó hablar, se presentó ante todos con seguridad. Ahora lo sabía: se llamaba Liam.

El nombre resonó en mi cabeza mientras lo observaba de reojo. El universo tenía una forma muy extraña de acomodar las piezas en este nuevo salón: por un lado, la expectativa de volver a ver a Evans al día siguiente; por el otro, el chico misterioso de la fiesta compartiendo el mismo aire conmigo.

Terminada la clase, me armé de valor y me atreví a hablarle a la chica al lado de mi. Se llamaba Micaela. Al principio todo iba bien, pero llegó un momento en que la conversación ya no fluyó y me quedé en blanco, sin saber cómo continuar platicando para romper el hielo definitivo.

Mientras esperábamos a que llegara el tutor para la siguiente hora, se metió Oberon al salón. Otra vez él, ugh. Al verle la cara, sentí que revivía ese profundo sentimiento de repudio que le tenía desde el semestre pasado; sin embargo, al parecer él no compartía mi desprecio. En cuanto me vio, su rostro se iluminó, me sonrió y me saludó con la mano. Para no ser grosera, le saludé de vuelta con un gesto rápido.

Él y Liam ya estaban a punto de irse y salir del salón, cuando de repente Oberon se detuvo en seco, miró en mi dirección y exclamó:
—Mira, esa es la amiga de Nikki.

Caminó directo hacia mi banca arrastrando a Liam con él. En cuanto llegó, se me quedó viendo y empezó a decir en tono burlón qué por qué estaba triste y que en dónde estaba Nikki. Lo miré con mi mejor cara de seriedad.

Le respondí tajante que no estaba triste y, como muy doña comedias, le pregunté:
—¿Cuál? ¿Nikki o Nicole?
Mi chiste local y mi tono sarcástico no le hicieron ni la menor gracia. La sonrisa se le borró del rostro en un segundo y se puso completamente serio, visiblemente incómodo por mi respuesta.

Al final, para cortar la tensión y terminar de quitármelo de encima, le respondí de manera cortante que Nikki estaba en el grupo 207. En cuanto escucharon eso, Oberon cambió su expresión y, junto con Liam, se dio la vuelta para irse directo para allá, dejándome de nuevo en mi banca.

Me acomodé los lentes y volví a mirar la pantalla de mi celular. El primer día apenas estaba empezando, pero entre el misterio de la mano caliente de Evans que todavía me daba vueltas en la cabeza y las extrañas coincidencias de este nuevo salón, presentía que el segundo semestre iba a ser un completo torbellino.




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