En lo más hondo de mi alma, una llama sigue viva,
No se apaga, no se rinde, no se olvida.
Un amor que ardió con luz brutal, incandescente,
Por ti, amor mío, el incendio eterno de mi mente.
Me siento a escribir con el pecho hecho pedazos,
Las manos firmes, pero el alma entre sollozos,
Una carta nacida del dolor que no se va,
Del amor, la herida, lo que nunca sanará.
Tu nombre no se dice: se quiebra en el silencio,
Es viento que golpea los restos de lo que siento,
Tu risa, tu mirada, tu piel sobre mi piel,
Ecos tatuados donde el tiempo no puede morder.
Fuimos dos almas perdiéndose en el mismo latido,
Un amor salvaje, real, prohibido al olvido,
Corazones bailando sin miedo al final,
Hasta que el destino decidió intervenir brutal.
Y aun rotos, aun lejos, aun sin voz ni promesas,
Mi amor por ti persiste, se aferra, atraviesa,
Como un faro terco en medio del naufragio,
Como una estrella fija burlándose del cansancio.
En estas líneas sangra todo lo que callé,
Una verdad que quema más de lo que salvé,
Una devoción que el tiempo no pudo matar,
Un juramento silencioso que no supe abandonar.
Cómo duele querer volver atrás el reloj,
Revivir cada beso, cada error, cada adiós,
Avivar la llama que una vez nos consumió,
Resucitar el fuego que la vida nos robó.
Pero la vida eligió separarnos sin pedir perdón,
Y aun así, sigues viviendo dentro de mi corazón,
En un rincón sagrado donde nadie más entra,
Donde el recuerdo arde y nunca se quiebra.
Recuerdo todo: lo bueno, lo malo, lo que dolió,
Las risas que curaban, las peleas sin razón,
Tus dedos entre los míos prometiendo eternidad,
Nuestro amor brillando como una verdad brutal.
En tus ojos encontré refugio y condena,
Un hogar y un abismo en la misma escena,
Tu tacto encendía lo que yo no sabía nombrar,
Un fuego que me hizo sentir completa y fatal.
Cómo deseo volver a abrazarte sin miedo,
Respirar tu calor, perderme en tu cuerpo,
Amarte sin límites, sin tiempo, sin final,
Elegirte otra vez aunque duela igual.
Pero la vida insiste en caminos distintos,
Y aunque no estés, mi amor no se ha extinguido,
Es fuerte, es real, es crudo, es verdad,
Es lo que siento y no voy a negar.
Me aferro a los recuerdos como a un salvavidas,
A lo que fuimos, a lo que aún me habita,
A los sueños que nos atrevimos a crear,
A esa versión de nosotros que no murió jamás.
Y aunque estemos lejos, no lo olvides nunca,
Vives en mi sangre, en mi voz, en mi duda,
Sigues siendo mi norte cuando todo se va,
Mi estrella eterna, cerca o más allá.
Para cerrar esta herida que escribo con amor,
Quiero que sepas que esto no se terminó,
Porque mi amor por ti no sabe decrecer,
Es tú y yo, incluso sin poder ser.
Termino esta carta con el alma en la mano,
Con un amor intacto, intenso, humano,
Un faro encendido en la noche más cruel,
Un amor que arde incluso al perder.
Y aunque la distancia intente hacernos creer,
Que el amor se olvida, que aprende a ceder,
Mi amor por ti vive en cada latido que doy,
Eterno, indomable… siempre tuya, siempre yo.