Entre Tornillos y Secretos

LA PALABRA QUE NO DEBIA DECIRSE

CAPÍTULO 3

La mochila negra pasó frente al taller tan despacio que parecía burlarse de la casa.

Matheo la vio desde la ventana.

Gabir seguía señalando la calle.

—Negro… negro… —repetía en voz baja.

El abuelo José salió del taller limpiándose las manos con un trapo lleno de grasa.

—¿Qué pasa?

Nadie respondió.

La mochila ya había doblado la esquina.

Pero el silencio que dejó atrás fue más pesado que cualquier ruido de motor.

Esa noche, el abuelo casi no habló durante la cena.

Golpeaba la mesa con los dedos.

Pensaba.

Calculaba.

—Mañana voy a cerrar más temprano —dijo finalmente—. Y voy a quedarme vigilando.

Matheo sintió un nudo en el estómago.

Si el abuelo vigilaba…

Si veía algo…

Todo podía explotar.

Gabir dejó la cuchara y miró a Matheo directamente.

No parpadeaba.

—Primo.

La palabra cayó como un vaso rompiéndose en el suelo.

El abuelo levantó la mirada.

—¿Qué primo?

Gabir respiró más rápido.

Cuando se ponía nervioso, el mundo para él se volvía demasiado fuerte.

Matheo reaccionó rápido.

—Está hablando de Junior —mintió—. Extraña a Junior.

Magaly intervino de inmediato.

—Sí, ha estado preguntando por él estos días.

El abuelo observó a Matheo unos segundos más.

Como si intentara leer algo detrás de sus ojos.

Pero no dijo nada.

Sin embargo, Matheo supo algo en ese momento:Había mentido.

Y no fue una mentira pequeña,fue una mentira que protegía algo oscuro.

Y eso… ya lo estaba cambiando.

Al día siguiente en el colegio, el cielo estaba gris.

En el recreo, Matheo no fue al pabellón de secundaria.

Se quedó sentado en una banca del patio de primaria, mirando el suelo.

—¿Te peleaste con alguien? —preguntó Valeria sentándose a su lado.

—No.

—Entonces tienes cara de que sí.

Matheo casi sonrió.

—Mi abuelo cree que alguien le roba en el taller.

—¿Y tú crees que sí?

La pregunta fue directa,demasiado.

Matheo levantó la mirada,en los ojos de Valeria no había burla,había preocupación.

—No sé —respondió finalmente.

Desde el segundo piso del pabellón de secundaria, alguien los observaba.

Italo.

Apoyado en la baranda.

Con expresión seria.

Cuando el timbre sonó, Matheo sintió una vibración en el bolsillo.

Un mensaje.

Era de Italo.

“Después de clases. Solo.”

El corazón empezó a latirle con fuerza.

La salida fue tensa.

El abuelo no había ido por él. Eso lo alivió.

Caminó hacia la parte trasera del colegio, donde casi nadie pasaba.

Italo ya estaba ahí.

Solo.

Sin los otros chicos.

Eso lo tranquilizó… un poco.

—¿Qué dijiste en tu casa? —preguntó Italo sin saludar.

—Nada.

—¿Nada?

—Gabir habló… pero lo arreglé.

Italo respiró profundo.

Por un segundo pareció el primo de antes.

El que jugaba a las escondidas entre los carros del taller.

—No te metas —dijo en voz baja.

—¿En qué?

Silencio,el viento movía hojas secas en el suelo.

—Solo no te metas —repitió.

—¿Estás robando del taller? —preguntó Matheo, casi sin voz.

La pregunta quedó flotando entre los dos.

Italo apretó los puños,no queria que Matheo se entere que sus nuevos amigos eran los que estaban robando en el taller.

—No entiendes nada.

—Entonces explícamelo.

—No necesito explicarte nada.

El tono ya no era de primo.

Era de alguien que estaba construyendo un muro.

—El dinero no cae del cielo, Matheo —dijo finalmente—. Y tú todavía eres un niño.

Otra vez esa palabra.

Niño.

Matheo sintió que algo dentro de él se rompía.

—Prefiero ser niño… que ladrón.

El golpe fue directo.

Italo lo empujó ligeramente del hombro.

No fuerte.

Pero suficiente para marcar distancia.

—Vuelve a tu pabellón.

Matheo se quedó inmóvil mientras su primo se alejaba,sintió miedo.Pero también algo nuevo,Duda.

¿Y si Italo estaba metido en algo más grande?

¿Y si no era solo vender herramientas?

Esa noche, el abuelo cerró el taller temprano.

Apagó las luces y se quedó en silencio esperando,Matheo no podía dormir.

Desde su cama escuchaba cada ruido, Cada paso, Cada crujido .Pasó una hora,luego otra Y entonces…Un sonido suave y metal chocando.

Clink.

Clink.

Matheo se sentó de golpe, Gabir también estaba despierto.

Sus ojos estaban abiertos en la oscuridad.

—Taller —susurró.

Y afuera, alguien estaba intentando abrir la puerta.



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En el texto hay: familia, amistad, misterio y crecimiento

Editado: 06.03.2026

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