Capítulo 26
La verdad del abuelo
Cuando llegaron a la casa de Matheo, la luz de la cocina estaba encendida.
El abuelo José estaba sentado en la mesa tomando café.
Levantó la mirada cuando vio entrar a los cuatro.
—Es tarde —dijo con calma.
Matheo puso la caja sobre la mesa.
—Tenemos que mostrarte algo.
El abuelo frunció el ceño, abrió la caja lentamente.
Sacó la fotografía.
Y su expresión cambió.
Sus manos quedaron quietas sobre la mesa.
—Pensé que esto había desaparecido hace muchos años —murmuró.
Pedro habló primero.
—Abuelo… ¿qué es todo esto?
El abuelo respiró profundo antes de responder.
—Hace mucho tiempo… yo trabajaba en ese taller.
Matheo escuchaba sin moverse.
—Pero algunos de los hombres que trabajaban allí no eran buenas personas.
Valeria preguntó con cuidado:
—¿Qué hacían?
—Robaban motos —respondió el abuelo— y las vendían en otras ciudades.
Leo bajó la mirada.
El abuelo lo notó.
—Yo no sabía todo al principio —continuó—. Pero cuando lo descubrí… decidí denunciarlos.
Pedro abrió los ojos.
—¿A la policía?
El abuelo asintió.
—Sí.
Matheo sintió un escalofrío.
—¿Y el Flaco?
El abuelo levantó la foto.
Señaló a un hombre joven en el fondo.
—Ese.
Los chicos miraron la imagen.
—Él era parte del grupo —dijo el abuelo—. Y cuando la policía llegó… logró escapar.
El silencio llenó la cocina.
—Entonces… —dijo Valeria lentamente— ahora quiere vengarse.
El abuelo asintió.
Leo habló por primera vez.
—Yo no sabía todo eso.
El abuelo lo miró con calma.
—Lo importante es lo que haces ahora.
Pedro puso una mano sobre la mesa.
—Nosotros queremos arreglar esto.
Matheo volvió a mirar el cuaderno.
Pero algo llamó su atención.
Había otro nombre en la lista.
Uno que nadie había mencionado.
Matheo levantó la mirada.
—Abuelo…
—¿Sí?.
—Creo que el Flaco no está trabajando solo.
El abuelo frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso?
Matheo giró el cuaderno para que todos vieran el nombre.
El abuelo lo leyó.
Y por primera vez en toda la noche…
Pareció realmente preocupado.
Editado: 06.03.2026