Capítulo 27
El nombre que nadie esperaba
La cocina seguía en silencio.
El abuelo José tenía el cuaderno abierto frente a él, mirando el nombre que Matheo había señalado.
Su rostro estaba serio, mucho más de lo que los chicos habían visto antes.
Magaly apareció desde el pasillo.
—¿Qué pasa? —preguntó al verlos a todos reunidos alrededor de la mesa.
El abuelo cerró el cuaderno lentamente.
—Nada… solo estamos hablando.
Pero Matheo sabía que no era verdad.
Valeria también lo notó.
Ítalo, que había llegado unos minutos antes desde la casa de su abuela Adriana, miraba la escena confundido.
—¿Alguien me explica qué está pasando? —preguntó.
Pedro suspiró.
—Encontramos algo en el taller del Flaco.
Leo bajó la mirada otra vez.
Matheo abrió nuevamente el cuaderno.
—Había varios nombres —dijo— pero este… parece importante.
Empujó el cuaderno hacia Ítalo.
El chico lo leyó en voz baja.
—Rubén Castillo…
Luego levantó la mirada.
—¿Quién es?
El abuelo se quedó callado.
Ese silencio fue suficiente para que todos entendieran que sí lo conocía.
—Abuelo… —dijo Matheo con suavidad— ¿quién es Rubén?
El abuelo apoyó las manos en la mesa.
—Hace muchos años —empezó lentamente— Rubén trabajaba con nosotros en el taller.
—¿Con ustedes? —preguntó Ítalo.
—Sí.
Valeria frunció el ceño.
—¿También robaba motos?
El abuelo negó con la cabeza.
—No.
Todos se miraron confundidos.
—Entonces… ¿por qué está en la lista? —preguntó Pedro.
El abuelo tardó unos segundos en responder.
—Porque fue el único que sabía que yo iba a denunciar a la banda.
El silencio volvió a llenar la cocina.
Matheo sintió un pequeño escalofrío.
—¿Y qué pasó con él?
El abuelo respiró profundo.
—Desapareció poco después de que la policía llegara.
Ítalo abrió los ojos.
—¿Desapareció?
—Nadie volvió a verlo.
Pedro cruzó los brazos.
—¿Y creen que el Flaco tiene algo que ver?
El abuelo no respondió.
Pero su mirada decía más que cualquier palabra.
Editado: 06.03.2026