Capítulo 33
Un nuevo comienzo
El sol salió brillante al día siguiente.
El barrio parecía diferente.
Más tranquilo.
Las noticias se habían corrido rápido: la policía había arrestado al Flaco durante la noche.
En la cancha San Martín, varios vecinos hablaban sobre lo ocurrido.
El abuelo José estaba sentado en un banco, mirando a los niños jugar.
Matheo, Valeria, Ítalo y Pedro estaban cerca.
Leo caminó lentamente hacia ellos.
Se veía nervioso.
—Quería… hablar con ustedes.
Pedro cruzó los brazos.
—¿Sobre qué?
Leo miró el suelo.
—Sobre todo.
Ítalo fue el primero en hablar.
—Cometiste errores.
Leo asintió.
—Lo sé.
Pedro suspiró.
—Pero también nos ayudaste al final.
Valeria sonrió un poco.
—Eso cuenta.
Leo levantó la mirada.
—¿Entonces… todavía podemos ser amigos?
Hubo un pequeño silencio.
Luego Pedro extendió la mano.
—Empieza por no mentirnos otra vez.
Leo estrechó su mano.
Matheo sintió algo cálido en el pecho.
A veces las cosas no terminaban perfectas.
Pero podían mejorar, el abuelo se acercó caminando lentamente.
—Estoy orgulloso de ustedes.
Matheo lo miró sorprendido.
—¿De verdad?
—Sí —dijo el abuelo—. Porque aunque tuvieron miedo… también hicieron lo correcto.
Gabir llegó corriendo desde el parque.
—¡Miren!
Señaló la cancha donde unos niños empezaban un partido de fútbol.
Ítalo sonrió.
—Vamos.
Matheo miró a sus amigos.
Luego al barrio.
Luego al abuelo.
Habían pasado por muchas cosas.
Pero algo era claro.
Este lugar… con sus calles, su gente y sus historias…
Siempre sería su hogar.
Y aunque el misterio había terminado…
Las aventuras de Matheo apenas comenzaban.
Editado: 06.03.2026