Entre tu Corazón y el Mío Libro 2

Capítulo 27. El chico

05 de julio de 2020

Juan Pablo Woods, ese chico me ha irritado la existencia estos últimos días.

De verdad que más tonto no puedo ser, tarde meses en darme cuenta que Bryan es el ángel guardián. Teniéndolo enfrente y con lo de «los dos van a estar más unidos de lo que pensaban» era más que una señal y apenas la semana pasada supe todo.

Ese chico no me agrada en lo absoluto. Ana se ofreció a ayudarlo con un ensayo y ¿él que ha hecho? La incita para que no entre a clases y se escape de la escuela. Sí, estoy celoso y enojado. Primero debaten por saber quién es el mejor guitarrista, luego la lleva a su “lugar especial” afuera de la ciudad y le da sándwiches, ella dice que son la delicia del mundo y que saben mejor que los de su mamá, yo opino que no se comparan con los que mi abuela solía preparar, esos si eran sándwiches.

Otro día se fueron a la biblioteca y se pusieron a escuchar los discos que el chico llevo, eso casi hace que mis alas se incendien de nuevo, es lo que Rosie y yo solíamos hacer. El viernes se volvieron a escapar y se fueron al centro comercial, en la sala de cine el chico paso su brazo por los hombros de Ana, me desesperaron las bromas absurdas que hizo durante la película.

¿Qué le ve a ese chico? En serio, ¿qué le ve? De verdad quiero saberlo. ¿Acaso es por qué tienen los mismos gustos musicales? ¿Por qué se viste como rockstar? ¿Por qué sabe tocar la guitarra y tiene una banda con su mejor amigo? Apuesto a que ni siquiera sabe cantar.

Me dan ganas de bajar, quitarle su estúpido sombrero y pisotearlo.

─¿Por qué estás enojado? ─pregunta Bryan con una sonrisita.

Lo ignoro y me levanto de mi lugar para salir de la oficina. Él y su ángel me están haciendo la vida de cuadritos. Necesito una de esas pelotas anti estrés para controlarme y no explotar; mejor no, al final la pelota va a hacer la que dirá ¡Boom!

Sin darle explicaciones le pido a Cristopher que me firme una autorización, se la entregó a Miriam y me voy a la habitación número veinte, ese número me aterra.

Tengo que ver el futuro una vez más, puede que cambie y Ana se olvide de ese chico, a lo mejor y no es su destino. Al poner los datos, mis alas se paralizan al ver que hay un nuevo futuro posible. Cuando se forma un nuevo futuro es porque algo va a cambiar mediante un suceso imprevisto.

Con las manos temblorosas reproduzco el video.

 Ana sale corriendo de la casa de sus abuelos, detrás la persiguen dos hombres con una pistola en la mano. Ana corre lo más rápido que puede, no mira atrás y mucho menos a los lados. Una camioneta aparece de la nada estrellándose contra ella, su cabeza se golpea con el parabrisas, su cuerpo rueda por todo el vehículo hasta que sale disparada.

Mis ojos se llenan de lágrimas al ver a mi ángel tirada y herida sobre el pavimento mojado y frio. No soy capaz de ver otra vez el video. Me tapo los ojos y apago la nube, la imagen nunca se me va a borrar de la cabeza.

Ana va a morir. Va a morir…

Me paso las manos por la cara llevando las lágrimas a mi cabello. Eso solo significa una cosa, Ana va a venir a la Terminal. No, no, no, no. No puedo permitirlo, tiene diecisiete años, no ha vivido ni el treinta por cierto de su vida. Ella no va a pasar por lo mismo que yo pase.

Es un accidente automovilístico, la regla número cuatro dice que tenemos que evitarlos, a menos que la muerte este destinada, si es así el ángel de la muerte ya me hubiese entregado el acta con todos los datos. Eso me tranquiliza un poco, no es una muerte destinada, solo es un accidente que tengo que evitar.

Con miedo vuelvo a encender la nube, le pido que me muestre el nuevo futuro.

El comienzo esta todo revuelto y no logro entenderlo. Ana está en la Terminal, inicia su entrenamiento y se convierte en ángel guardián. Durante casi todo el tiempo estamos juntos, sonreímos, nos tomamos de las manos, vamos a la Laguna de las Estrellas, reímos como locos y… nos besamos.

Oh mierda. Ese futuro es conmigo, en ese futuro Ana me elige. Oh Dios, oh Dios.

¿No estaré soñando?

Reproduzco una y otra vez ese futuro, cada vez que lo veo me cuesta más creerlo. En el pecho tengo la sensación como si me fuera a dar un infarto.

Salgo corriendo de la habitación, tengo que hablar con Cristopher.

─Alonso, ¡la llave! ─grita Miriam.

Corro con todas mis fuerzas hasta llegar a la oficina de Cristopher, siento un alivio al ver que mi mejor amigo está aquí. Ambos se asustan al verme entrar con una cara de loco, estoy tan espantado.

─Estoy en problemas ─tomo asiento en la silla desocupada.

─¿Qué paso? ─pregunta Cristopher con su tono de preocupación.

─No sé por dónde comenzar ─me paso las manos por el cabello. Aun no logro procesar toda la información─. La última vez que vi el futuro de Ana habían dos futuros posibles, ambos muy parejos. Volví a checar su futuro y apareció otro… y es conmigo.

Se voltean a ver con la boca abierta. Las alas de ambos se levantan y se ponen tensas.

─Al principio no logre entender lo que vi, fue hasta la cuarta vez cuando más o menos me quedo claro. Ana va a tener un accidente automovilístico, si no la salvo ella va estar aquí. El futuro se puede desarrollar con dos opciones y tiene que ver con la segunda oportunidad. Si ella no la acepta, se va a quedar aquí para toda la eternidad y se va a enamo… ─omito la palabra─ de mí. La otra opción me vuelve loco y es que se junta con su primer futuro. Cuando acepta la oportunidad ocurren todas las cosas que ya están destinadas, pero yo formo parte de eso. Al final ella decide quedarse en el Cielo.




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