Entre Tú y Yo

Capítulo 2: Algo que no estaba previsto

Al día siguiente, Clara despertó antes de que sonara la alarma.

Abrió los ojos lentamente y se quedó mirando el techo.

Durante unos segundos no recordó por qué se había despertado tan temprano.

Entonces lo recordó.

Daniel.

Clara frunció el ceño.

—No puede ser...

Se giró hacia la mesita de noche y miró el reloj.

Todavía faltaban cuarenta minutos para levantarse.

Intentó volver a dormir.

No pudo.

Se levantó, se vistió y bajó a desayunar.

Su madre la miró sorprendida.

—¿Hoy no vas tarde?

—Hoy no.

—¿Te encuentras bien?

—Sí.

—Estás sonriendo.

Clara dejó de sonreír inmediatamente.

—No estoy sonriendo.

Su madre levantó una ceja.

—Claro.

Clara tomó una tostada y salió de la cocina.

—¡Que tengas un buen día! —gritó su madre.

—¡Tú también!

Al cerrar la puerta, Clara respiró profundamente.

No sabía por qué estaba tan nerviosa.

Solo iba al instituto.

Como cualquier otro día.

Cuando llegó, el patio estaba casi vacío.

Clara caminó hasta la entrada y sacó el teléfono.

Tenía un mensaje.

Daniel: ¿Ya estás aquí?

Clara sonrió.

Clara: Sí. ¿Por?

La respuesta llegó enseguida.

Daniel: Porque necesito ayuda.

Clara frunció el ceño.

Clara: ¿Con qué?

Daniel: Me he perdido.

Clara soltó una carcajada.

Clara: ¿En el instituto?

Daniel: Es enorme.

Clara: Llevas aquí varias semanas.

Daniel: Y sigo siendo nuevo.

Clara negó con la cabeza.

Clara: ¿Dónde estás?

Daniel: Cerca del gimnasio.

Clara: Voy.

Guardó el teléfono y caminó hacia el gimnasio.

Cuando llegó, encontró a Daniel sentado en las escaleras.

—¿En serio? —preguntó.

Daniel levantó la mirada.

—Hola.

—¿Te has perdido de verdad?

—Un poco.

—Eres increíble.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Clara se sentó a su lado.

—Vamos. Tenemos clase en diez minutos.

Daniel se levantó.

—Espera.

—¿Qué?

—Tengo algo para ti.

Sacó algo de su mochila.

Era un pequeño marcador de libros hecho de papel.

Clara lo tomó.

—¿Qué es?

—Lo hice ayer.

—¿Tú?

—Sí.

Clara lo observó.

En la parte delantera había una pequeña estrella dibujada.

—Es bonito.

—Pensé que te gustaría porque siempre estás escribiendo.

Clara lo miró sorprendida.

—Gracias.

—De nada.

Guardó el marcador cuidadosamente dentro de su cuaderno.

—Lo voy a usar.

Daniel sonrió.

—Me alegro.

Durante la primera clase, Clara intentó concentrarse.

Pero cada vez que miraba el marcador que sobresalía de su cuaderno, sonreía.

Laura se dio cuenta.

—¿Qué es eso?

—Nada.

—Clara.

—Un marcador.

—¿Te lo dio él?

Clara no respondió.

Laura sonrió.

—Sabía que algo pasaba.

—No pasa nada.

—Todavía.

Clara le dio un pequeño golpe con el hombro.

—Cállate.

Laura rió.

Al terminar la clase, Daniel se acercó.

—¿Vais a ir a la biblioteca después?

—Yo sí —respondió Clara.

—¿Puedo ir?

—Claro.

Laura los miró.

—Yo tengo que hacer otra cosa.

Clara entendió perfectamente lo que estaba haciendo.

—Laura...

—Nos vemos luego.

Y se marchó.

Daniel miró a Clara.

—¿Siempre hace eso?

—Últimamente sí.

—¿Crees que intenta dejarnos solos?

—Sí.

—Funciona.

Clara sonrió.

—Un poco.

La biblioteca estaba tranquila.

Clara abrió su cuaderno y comenzó a estudiar.

Daniel se sentó frente a ella.

Durante un rato, solo se escucharon las páginas pasando y los bolígrafos escribiendo.

—Clara.

—¿Sí?

—¿Puedo preguntarte algo?

—Sí.

Daniel dudó.

—¿Por qué quieres escribir?

Clara dejó el bolígrafo.

—Porque me gusta imaginar historias.

—¿Y quieres publicar algún día?

—Quizá.

—No has respondido.

Clara sonrió.

—Sí.

—Entonces deberías hacerlo.

—¿Aunque no sea buena?

—Eso no lo sabes.

—¿Y si nadie quiere leerla?

Daniel se encogió de hombros.

—Entonces yo la leería.

Clara se quedó callada.

—¿En serio?

—En serio.

Ella bajó la mirada.

—Gracias.

—Además, tengo curiosidad.

—¿Por qué?

—Quiero saber si hay un personaje basado en mí.

Clara soltó una risa.

—Ni de broma.

—¿Seguro?

—Completamente.

—Entonces tendré que ganarme un lugar.

Clara levantó la mirada.

—¿Y qué tendrías que hacer?

Daniel pensó.

—No lo sé.

—Yo tampoco.

Ambos sonrieron.

Esa tarde, al salir del instituto, comenzó a llover.

Clara se quedó bajo el techo de la entrada.

Había olvidado el paraguas.

—Perfecto —murmuró.

—¿No tienes paraguas?

Daniel apareció detrás de ella.

—No.

Él levantó el suyo.

—Podemos compartir.

Clara dudó.

—¿Seguro?

—Sí.

Caminaron juntos bajo el paraguas.

La calle estaba mojada y las luces de los coches se reflejaban en el suelo.

Durante unos minutos hablaron de cosas sin importancia.

De profesores.

De música.

De películas.

Hasta que Daniel se quedó callado.

—¿Qué pasa? —preguntó Clara.

—Nada.

—Estás raro.

Daniel tardó unos segundos en responder.

—Mañana no voy a venir.

Clara lo miró.

—¿Por qué?

—Tengo que irme con mi padre.

—¿A dónde?

—A otra ciudad.

Clara sintió una pequeña decepción.

—¿Por cuánto tiempo?



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En el texto hay: hola!, hola a todos

Editado: 23.08.2026

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