La mañana siguiente comenzó con una pregunta que Clara no podía sacarse de la cabeza.
¿Quién era el chico de la fotografía?
Había dormido poco.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver aquella imagen antigua. Su abuela aparecía mucho más joven, sonriendo junto a un chico que Clara no reconocía.
Y detrás, aquella frase.
"A veces, la persona que más quieres también es la persona que más miedo te da perder."
Clara había intentado convencerse de que solo era un recuerdo de juventud.
Pero algo dentro de ella le decía que no era tan sencillo.
Bajó a desayunar con la fotografía escondida dentro de su cuaderno.
Su madre estaba preparando café.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió Clara.
Su madre la observó.
—Has dormido mal.
—Un poco.
—¿Todo bien?
Clara dudó.
—Mamá...
—¿Sí?
Sacó la fotografía.
La dejó sobre la mesa.
El rostro de su madre cambió inmediatamente.
La sonrisa desapareció.
Clara lo notó.
—¿Quién es?
Su madre no respondió.
—Mamá.
Ella tomó la fotografía y la miró durante unos segundos.
—¿Dónde la encontraste?
—En la caja de la abuela.
—¿Había más?
—No.
Su madre respiró profundamente.
—Se llamaba Andrés.
—¿Quién era?
—Un amigo de tu abuela.
Clara esperaba algo más.
—¿Solo un amigo?
Su madre levantó la mirada.
—Eran muy jóvenes.
—Eso no responde a mi pregunta.
Su madre se sentó.
—Clara, hay cosas de la vida de tu abuela que nunca me contó.
—Pero tú sabes algo.
—Muy poco.
—Entonces dime lo que sabes.
Su madre volvió a mirar la fotografía.
—Sé que estuvieron muy unidos durante un tiempo. Después, Andrés se marchó de la ciudad.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—¿Y nunca volvió?
—Que yo sepa, no.
Clara frunció el ceño.
—¿Y por qué guardaría la foto?
Su madre sonrió con tristeza.
—Porque algunas personas forman parte de nuestra vida aunque pasen muchos años sin verlas.
Clara guardó silencio.
La respuesta no la convencía.
Pero no quería seguir insistiendo.
—Tengo que ir al instituto.
—Clara.
Ella se detuvo.
—¿Sí?
—No te obsesiones con una historia que no conoces.
Clara asintió.
—Vale.
Pero en cuanto salió de casa, supo que no iba a hacerle caso.
El instituto parecía diferente sin Daniel.
Clara llegó al aula y miró automáticamente hacia su asiento.
Vacío.
Se sentó.
Laura apareció unos minutos después.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Lo echas de menos?
Clara la miró.
—Lleva fuera menos de un día.
—Eso no es un no.
—Cállate.
Laura se sentó a su lado.
—¿Te escribió?
Clara intentó disimular.
—Sí.
—¿Qué dijo?
—Nada importante.
Laura extendió la mano.
—Dame el teléfono.
—No.
—Entonces fue importante.
Clara sonrió.
—Solo dijo que también me echaría de menos.
Laura abrió mucho los ojos.
—¡Clara!
—¿Qué?
—Eso no es "nada importante".
—Ya lo sé.
Clara miró hacia la ventana.
Por alguna razón, deseaba que Daniel estuviera allí.
Y apenas habían pasado unas horas.
Durante el recreo, Clara se sentó sola.
Sacó el cuaderno.
La fotografía seguía dentro.
La miró otra vez.
Había algo en la expresión de su abuela.
No era simplemente felicidad.
Parecía nostalgia.
Como si estuviera recordando algo que todavía le dolía.
Clara dio la vuelta a la fotografía.
La fecha era de muchos años atrás.
Debajo de la frase había una pequeña inicial.
"A."
Clara sacó el teléfono y tomó una fotografía de la fotografía.
Quizá podría investigar después.
Entonces escuchó una voz.
—¿Qué estás mirando?
Clara levantó la cabeza.
Era Marcos, un compañero de clase.
—Nada.
—Parece importante.
—Es una foto antigua de mi abuela.
Marcos se sentó enfrente.
—¿Y quién es él?
—No lo sé.
—¿No te lo dijo?
—Al parecer fue alguien importante.
Marcos observó la fotografía.
—Mi abuela también tiene historias así.
—¿Sí?
—Sí. Los mayores siempre esconden cosas.
Clara sonrió.
—Eso parece.
—Aunque quizá sea mejor no saberlas.
—¿Por qué?
—Porque a veces la verdad complica todo.
Clara guardó la fotografía.
—Ahora tengo todavía más ganas de saberla.
Marcos rió.
—Entonces suerte.
Aquella tarde, Daniel llamó.
Clara respondió casi inmediatamente.
—Hola.
—Hola.
—¿Cómo estás?
—Bien.
—¿Cómo está el viaje?
—Aburrido.
Clara sonrió.
—Te lo mereces.
—¿Por qué?
—Por dejarme sola.
—Solo llevo un día fuera.
—Ya lo sé.
—¿Me echas de menos?
Clara se quedó callada.
—Quizá.
—Eso significa que sí.
—No te emociones.
Daniel rió.
—Yo sí te echo de menos.
Clara se quedó en silencio.
—¿Clara?
—Sí.
—¿Sigues ahí?
—Sí.
—Te has quedado callada.
—No sabía qué decir.
—No tienes que decir nada.
Clara sonrió.
—Gracias.
Hablaron durante casi una hora.
Daniel le contó que había visitado una cafetería antigua, que había llovido durante todo el día y que su padre estaba ocupado trabajando.
Clara le contó lo de la fotografía.
—¿Una fotografía de tu abuela?
—Sí.
—¿Y quién es el chico?
—No lo sé.
—¿Tu madre no sabe?
—Dice que era un amigo.
Daniel guardó silencio.
—¿Qué pasa? —preguntó Clara.
—Nada.
—Has hecho el mismo silencio que haces cuando ocultas algo.
—No estoy ocultando nada.
—Daniel.
—De verdad.
Clara no insistió.