Daniel encontró a Clara al final de las clases.
Estaba esperándola junto a la puerta principal del instituto, con las manos dentro de los bolsillos de la sudadera.
Cuando la vio, sonrió.
Pero la sonrisa desapareció al notar la expresión de Clara.
—¿Qué ha pasado?
Clara no respondió inmediatamente.
Miró a su alrededor.
Había demasiada gente.
—Tenemos que hablar en otro sitio.
Daniel asintió.
Caminaron hasta un pequeño parque que quedaba cerca del instituto. Era uno de los lugares favoritos de Clara porque casi siempre estaba tranquilo por las tardes.
Se sentaron en un banco.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
—¿Es por la fotografía? —preguntó Daniel.
Clara levantó la mirada.
—¿Cómo lo sabes?
Daniel respiró profundamente.
—Porque sabía que algún día iba a pasar.
Clara sintió un escalofrío.
—Entonces sabes quiénes son.
Daniel miró hacia el suelo.
—Sí.
—¿Tu padre aparece en la fotografía?
—Sí.
—¿Y Andrés?
—También.
—¿Quién era Andrés?
Daniel tardó en responder.
—Mi abuelo.
Clara abrió los ojos.
—¿Tu abuelo?
—Sí.
El silencio entre los dos se hizo más pesado.
Clara sacó la fotografía de su mochila.
—Mi abuela y tu abuelo se conocían.
—Lo sé.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace mucho tiempo.
—¿Y tú sabías que nuestras familias estaban relacionadas?
Daniel negó lentamente con la cabeza.
—No exactamente.
—Daniel, necesito que me expliques.
Él respiró profundamente.
—Mi padre nunca habla de aquella época. Pero hace unos años encontré algunas cartas de mi abuelo. En ellas aparecía el nombre de tu abuela.
Clara sintió que todo empezaba a encajar.
—¿Qué decían?
—No pude leerlas todas.
—¿Por qué?
—Mi padre las encontró.
—¿Y?
—Me dijo que no debía seguir buscando.
Clara apretó la fotografía entre los dedos.
—¿Y por eso os mudasteis?
Daniel la miró.
—En parte.
—¿Qué significa "en parte"?
—Mi padre recibió una oferta de trabajo aquí. Pero antes de venir tuvimos una discusión.
—¿Sobre las cartas?
—Sí.
Clara guardó silencio.
—¿Qué decía tu padre?
Daniel dudó.
—Que algunas historias deberían quedarse en el pasado.
—¿Y tú qué piensas?
Daniel la miró directamente.
—Que si alguien intenta esconder una historia durante tantos años, probablemente hay una razón.
Clara bajó la mirada.
—Entonces tenemos que descubrirla.
Daniel sonrió ligeramente.
—Sabía que dirías eso.
—¿Por qué?
—Porque eres incapaz de dejar un misterio sin resolver.
Clara sonrió.
—Y tú tampoco.
—Eso parece.
Por un momento, todo volvió a sentirse normal.
Hasta que Clara recordó algo.
—Hay otra cosa.
—¿Qué?
Sacó el sobre.
Se lo entregó.
Daniel leyó la frase escrita en el papel.
Su expresión cambió.
—¿Quién te dio esto?
—No lo sé.
—¿Dónde estaba?
—En mi taquilla.
Daniel miró la fotografía que había dentro.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué pasa?
—Este hombre...
Señaló una figura que aparecía al fondo.
—¿Quién es?
Daniel tardó unos segundos.
—No estoy seguro.
Clara lo miró sorprendida.
—¿No es tu padre?
—No.
—Entonces, ¿quién?
Daniel negó con la cabeza.
—No lo sé.
Aquella noche, Clara no podía dormir.
Tenía la fotografía sobre el escritorio.
Había ampliado la imagen varias veces.
El hombre del fondo aparecía parcialmente oculto.
Solo se veía una parte de su rostro.
Pero había algo familiar en él.
Clara abrió el cuaderno de su abuela.
Pasó páginas.
Nada.
Hasta que encontró una fotografía todavía más antigua.
El mismo hombre aparecía allí.
Clara se quedó paralizada.
En la parte trasera había un nombre.
Mateo.
Debajo había una fecha.
Y una dirección.
Clara tomó rápidamente el teléfono.
Le escribió a Daniel.
Clara: He encontrado algo.
Pasaron unos segundos.
Daniel: ¿Qué?
Clara hizo una fotografía y se la envió.
La respuesta tardó más de lo habitual.
Finalmente llegó.
Daniel: Ese nombre aparece en una de las cartas de mi abuelo.
Clara se incorporó en la cama.
Clara: ¿Qué decía?
Daniel tardó en contestar.
Daniel: No lo sé todo.
Clara: Daniel.
Daniel: Solo recuerdo una frase.
Clara esperó.
Daniel: "Si Mateo vuelve, todo lo que intentamos proteger saldrá a la luz."
Clara sintió un escalofrío.
Clara: ¿Quién es Mateo?
No recibió respuesta.
Volvió a escribir.
Clara: Daniel.
Nada.
Cinco minutos.
Diez.
Quince.
Finalmente llegó un mensaje.
Daniel: Creo que deberíamos dejar esto.
Clara se quedó mirando la pantalla.
No entendía.
Clara: ¿Dejar qué?
Daniel: Las fotografías. Las cartas. Todo.
Clara sintió una mezcla de tristeza y enfado.
Clara: ¿Por qué?
La respuesta tardó.
Daniel: Porque no quiero que esto termine haciéndote daño.
Clara dejó el teléfono sobre la cama.
Durante unos minutos se quedó completamente quieta.
Después volvió a cogerlo.
Clara: No puedes decidir por mí.
Esta vez no recibió respuesta.
A la mañana siguiente, Daniel no apareció en clase.
Clara intentó no preocuparse.
Pero cuando llegó el recreo, su teléfono vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.