Clara sostuvo la carta entre las manos durante varios segundos antes de atreverse a leerla.
El papel era antiguo y tenía los bordes ligeramente amarillentos. La letra de su abuela llenaba cada línea con una caligrafía que Clara reconocía perfectamente.
Respiró hondo.
Y comenzó.
"Querida Clara:"
"Si estás leyendo esto, significa que has encontrado aquello que durante tantos años intenté mantener oculto."
Clara tragó saliva.
"No quiero que pienses que te mentí. Durante mucho tiempo creí que guardar silencio era la única manera de proteger a las personas que quería. Con los años entendí que los secretos también pueden hacer daño."
Clara dejó escapar un suspiro.
Continuó leyendo.
"Cuando yo era joven conocí a Andrés. Fue una de esas personas que aparecen en tu vida sin avisar y que, poco a poco, se convierten en alguien imprescindible."
Clara pensó inmediatamente en Daniel.
"Éramos muy diferentes. Yo quería quedarme en esta ciudad. Él soñaba con marcharse, conocer otros lugares y comenzar una vida diferente."
"Pero nos queríamos."
Clara pasó a la siguiente línea.
"Entonces apareció Mateo."
Se detuvo.
Ese nombre volvía a aparecer.
"Mateo era amigo de Andrés. Al principio confiábamos en él. Pensábamos que quería ayudarnos. No tardamos en descubrir que sus intenciones eran muy distintas."
Clara sintió curiosidad.
"Mateo sabía que nuestras familias tenían un conflicto antiguo. Un conflicto que comenzó mucho antes de que nosotros naciéramos."
Clara frunció el ceño.
¿Un conflicto entre familias?
"Él utilizó ese conflicto para separarnos."
La carta continuaba.
"Andrés recibió una propuesta para marcharse y comenzar una nueva vida. Yo creí que me había abandonado. Él creyó que yo no quería volver a verlo. Durante años pensamos que el otro había decidido marcharse."
Clara se quedó inmóvil.
Entonces entendió.
—Nos engañaron...
Volvió a leer.
"La verdad es que ninguno de los dos quería separarse."
Una lágrima cayó sobre el papel.
Clara continuó.
"Cuando descubrimos la verdad, ya era demasiado tarde. Andrés había formado una familia y yo también había comenzado una nueva vida."
Clara pasó la página.
"Nunca dejamos de recordar lo que había sucedido."
"Por eso guardé las fotografías."
"Por eso guardé las cartas."
"Y por eso nunca quise hablar de Mateo."
Clara se quedó mirando la última parte.
"Pero hay algo que debes saber."
El corazón comenzó a latirle más rápido.
"Mateo no desapareció."
Clara levantó la cabeza.
Miró alrededor del café.
De repente, aquel lugar le pareció demasiado silencioso.
Volvió a la carta.
"Durante años pensé que todo había terminado. Pero hace poco recibí una noticia que me hizo comprender que quizá el pasado todavía no había terminado con nosotros."
Clara dejó de leer.
¿Su abuela había recibido una noticia antes de morir?
Buscó rápidamente la siguiente página.
Pero no había nada.
La carta terminaba ahí.
—No puede ser...
Había una frase escrita en la parte inferior.
"La segunda parte de la historia está donde comenzó todo."
Clara miró la fecha de la carta.
Después recordó las palabras de la mujer.
"Tu abuela y Andrés tuvieron que separarse."
Pero faltaba una pieza.
Una pieza importante.
Clara salió del café y llamó a Daniel.
No contestó.
Volvió a llamar.
Nada.
Le envió un mensaje.
Clara: Necesito hablar contigo. Es importante.
Pasaron unos minutos.
El teléfono vibró.
Daniel: Estoy en casa.
Clara respiró aliviada.
Clara: Voy.
Daniel: Clara...
Clara: Por favor.
No recibió respuesta.
Clara caminó hasta la casa de Daniel.
Cuando llegó, se encontró con él en la entrada.
Parecía cansado.
—¿Qué haces aquí?
—Encontré la carta.
Daniel bajó la mirada.
—¿Qué carta?
—La de mi abuela.
Daniel guardó silencio.
—Habla de Andrés y Mateo.
Al escuchar aquel nombre, Daniel cambió de expresión.
—¿Qué dice?
—Que Mateo los separó.
Daniel se quedó quieto.
—¿Cómo?
—Les hizo creer que el otro había decidido marcharse.
Daniel cerró los ojos durante un instante.
—Entonces era verdad.
—¿Qué cosa?
—Mi abuelo siempre decía que alguien había destruido su vida.
—¿Te hablaba de Mateo?
—Sí.
—¿Y quién era?
Daniel negó con la cabeza.
—No lo sé.
—Tenemos que encontrarlo.
—No.
Clara lo miró.
—¿Por qué?
—Porque mi padre me dijo que no buscara.
—¿Y desde cuándo hacemos caso a nuestros padres?
Daniel soltó una pequeña risa.
—Normalmente no.
—Entonces.
Daniel la miró.
—Tengo miedo.
Aquella respuesta sorprendió a Clara.
Nunca lo había visto así.
—¿De qué?
—De descubrir algo que cambie todo.
Clara guardó silencio.
—Ya ha cambiado todo —dijo finalmente—. Solo que todavía no sabemos cómo.
Daniel la observó.
Después asintió.
—Hay algo que nunca te conté.
—¿Qué?
—Antes de venir aquí, mi padre recibió una carta.
Clara sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿De quién?
—No lo sé.
—¿Qué decía?
Daniel miró hacia la casa.
—Decía que alguien estaba buscando las cartas de mi abuelo.
Clara sintió un escalofrío.
—¿Quién?
—No lo decía.
—¿Y dónde está esa carta?
Daniel dudó.
—En casa.