Entre tú & yo

Capítulo 18: Terrible octubre

- Mira lo que traje Luisa. Voy a decorar mi mesa con estos muñequitos que Laila hizo en la escuela ¡Le quedaron hermosos!

- ¡Daniela ahí estás! te estaba buscando mujer ¿Tienes ya el informe?

- Lo mandé a imprimir, voy a verlo y en cinco te lo entrego ¿Sí Marcela?

- ¡Por favor! Estoy retrasada con el balance…

- Luisa ayúdame con las cotizaciones. - Asiento levemente sin siquiera mirarlas.

Y es que no puedo. No puedo hacer otra cosa que no sea mirar con horror el calendario colgado en la pared de la salita. Encerrado en un sobresaliente círculo rojo, se encuentra la fecha: Primero de octubre.

El escalofrío que recorre mi espalda es el mismo que ha estado fastidiándome durante la última semana. Al principio creí que se trataba de un mal presentimiento o que estaba a poco de pescar una gripe, incluso llegué a pensar que los nervios se debían a la reunión mensual con el dueño de la empresa y razón por la cual, ahora todos corrían de un lado para otro. Pero mi malestar no se debía a ninguna de esas opciones y descubrí la causa cuando, hoy en la mañana al salir a tomar el bus, me encontré con calcomanías de calabazas y brujas en los escaparates de las tiendas.

Octubre había llegado y trajo consigo los recuerdos de mi secuestro.

Ninguna de las dos psicólogas que llevaron mi caso me advirtieron de la inquietud que actualmente siento con respecto a octubre. Ninguna de ellas me dijo que quedaría con una especie de antipatía a este mes del año…

Puede que… esta intranquilidad sólo sea porque ha pasado ya un año desde aquello” Me digo “El próximo año seré la misma de siempre, estaré bien, podré incluso disfrazarme de Mafalda”.

Sonrío al imaginarme como la caricatura.

Bebo lo que queda de mi café y salgo de la salita en dirección a mi escritorio. Carlos y Steven están inclinado en el computador, con sus caras serias y ceños fruncidos; ellos son los encargados de preparar la presentación digital que se le dará al dueño, mientras tanto Tasha está frente a la copiadora preparando las carpetas que se le darán a los accionistas y Daniela está con ella, al parecer discuten.

Todos están tensos por la reunión y aquello se nota. Es raro que Don Ramón no haya salido de su oficina a hacer vida social ni con las secretarias ni conmigo, Carlos no ha propuesto una salida a beber como hace todos los viernes y Tasha… Hoy ha pasado toda la mañana trabajando, lo cual es extraño en verdad.

Con los documentos en mano, camino hacia la copiadora y entrego los papeles de las cotizaciones a Daniela sin decir nada. Antes de que pueda irme, ella me detiene.

- Vamos a comer algo luego de la reunión ¿Quieres?

Ahg… Se me escapa una mueca. No estoy de humor para salidas.

- No tengo muchas ganas de salir – La cara de Daniela se entristece, haciéndome sentir una pésima amiga –. No me siento bien… Creo que me va a dar la gripe.

- Mi hija Laila está igual – Se encoge de hombros, retomando su habitual sonrisa -. Bueno, otro día será.

Le sonrío de vuelta.

Una de las ventajas de ser la recién llegada a la empresa es que no me obligan a participar de la reunión y puedo salir antes. No me demoro mucho en tomar mis cosas, desearles suerte a mis compañeros y tomar el ascensor hacia mi liberación. Ya que tenía la tarde libre lo aprovecharía para pagar las cuentas y hacer algo de mercado.

Mi nerviosismo tuvo picos de aparición a lo largo del día, me atacaba con mayor intensidad cuando veía los disfraces colgados y luego descendía cuando me hallaba haciendo fila en los bancos en donde la decoración de Halloween todavía no llegaba. Realmente esperaba no haberme transformado en una loca que gritara cada vez que veía una calabaza o una bruja de papel. ¡Es estúpido que esas decoraciones me asusten! Pero cuando me hallaba recorriendo los pasillos del mercado con un carrito metálico, me di cuenta de que mi miedo no es por las decoraciones. Mi miedo es por los recuerdos que dichas decoraciones traen de vuelta. En varias ocasiones tuve que agitar la cabeza para quitarme esas imágenes.

Ya pasó, estoy bien” Me repetía.

Finalmente, mi nerviosismo se fue por completo en cuanto cerré mi puerta roja con todos los seguros que tenía. Es verdaderamente agradable sentir la seguridad que mi departamento me brinda, es igual a recibir calor en el invierno más frío.

Puse algo de música al tiempo que lavaba y guardaba las frutas y verduras que compré. Estaba cansada y demasiado hambrienta como para demorarme cocinando algo, por lo que mi cena de hoy sería un repostero de fideos instantáneos que, según los comerciales, sólo necesitan cinco minutos sumergidos en agua hirviendo para estar listos. Lo dejé preparándose mientras me dirigía a ducharme a mi habitación acompañada solo por el fondo musical.

El olor a manzanilla de mi champú me generó una agradable sensación. Permanecí bajo el chorro de agua caliente por unos minutos más, disfrutando el leve ardor que la temperatura provocaba en mi piel. Cuando quise salir de la ducha, en ese momento sonó una de mis canciones favoritas. Abro una vez más la llave y canto mientras soy abrazada por el vapor.

“Poniendo la mano en el corazón




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