CAPITULO 5.
Su cuestión había retumbado dentro de mí, dejándome completamente estática.
Dirigí mis ojos hacia la señora Octavia, que ya se encontraba de pie. No parecía sorprendida ni asustada, más bien, más sombría de lo habitual. Se acercó con calma. Y de pronto sentí su mano en mi muñeca, justo donde sostenía la taza medicinal. Aplicó fuerza y me sorprendió lo suficiente como para soltarla; creí que estaría más débil.
No me opuse, simplemente me alejé, notando que su temperatura corporal parecía normal.
—Yo la traje aquí para que te atendiera —anunció la señora Octavia, con voz firme, como una maestra reprendiendo. El joven la miró fijamente, circunspecto—. No estás bien, así que ella te va a curar.
—No necesito ayuda de nadie.
Alcé las cejas, sorprendida por el modo en que le habló. Ella, sin embargo, no se inmutó. Debía estar acostumbrada. La incomodidad creció dentro de mí. Alternando miradas entre ambos, me limité a permanecer en silencio.
—Entonces muere —soltó Octavia, con una sonrisa mordaz y un brillo desafiante en los ojos. El silencio se volvió tan denso que me planteé seriamente huir.
Sin previo aviso, el joven me arrebató la taza. Su brusquedad me sobresaltó. Bebió con prisa, y yo me alejé de inmediato, temiendo que en cualquier momento pudiera perder el control. Una gota descendió por la comisura de su boca hasta su mentón. Luego me tendió la taza sin mirarme. Su atención seguía clavada en Octavia, y me sentí completamente ajena a la situación.
—Me lo agradecerás luego —comentó ella con sorna, y al fin me dirigió la palabra—. Lo que le diste... ¿para qué sirve?
—Es un remedio para los síntomas de gripe, también ayuda a bajar la fiebre y fortalecer las defensas —expliqué con torpeza. Intenté sonreír, pero solo logré una mueca.
Observé al joven acomodarse en la cama, aún sin mirarme. Incluso a la distancia, su presencia imponía. Había una barrera invisible que lograba que me mantuviera en mi lugar.
—Entonces ya pue—
—No creo que seas una profesional médica —interrumpió de pronto. Me sobresalté al darme cuenta de que se refería a mí. Finalmente me miró, desde abajo hacia arriba, con un recelo que me sacudió. Sus ojos oscuros tenían una intensidad que parecía consumirlo todo. Me recordó a alguien… a esa mujer.
—No, no lo soy.
—Era evidente. Eres solo una niña inexperta —confirmó con frialdad, apartando la vista. Pasó su mano por el cabello y cerró los ojos un momento—. ¿Cómo puedes confiar en una desconocida? ¿Y si era veneno lo que bebí?
—Lo sabremos más tarde, no hay de qué preocuparse —repuso Octavia con calma, haciendo un gesto despreocupado.
Él la miró de nuevo, sin decir nada. Imperturbable. Yo suspiré, recogí mi abrigo y ajusté mi bufanda. Por alguna razón, estaba agotada.
Octavia se acercó y me extendió un sobre blanco.
—Como te dije, has sido recompensada generosamente.
Lo tomé con sorpresa. El dinero dentro me dejó sin palabras.
—No… no puedo aceptar esto.
—No quiero que me lo devuelvas. No seas maleducada —dijo con firmeza.
—No hice nada del otro mundo —murmuré, mirando al suelo.
—¿Tengo cara de que me importe? —inquirió. Me encontré con su mirada seria—. Siempre cumplo lo que prometo, incluso si creo que eres una inútil.
No supe qué decir. Solo la mire con ojos grandes y frunci mis labios.
—Gracias por su generosidad —murmuré.
Octavia asintió. Sin mirarme.
Salí de la habitación sin volver la vista atrás. Baje las escaleras como alma que lleva el diablo. Afuera, el viento helado me golpeó el rostro. Caminé deprisa, como si escapara. De forma inconsiente empece a respirar por la boca, a la vez que mis ojos estaban clavados hacia el frente pero, con la mente llena de pensamientos, pensamientos que se acentuaban con cada paso y al pasar por al lado del lago, tan intacto como siempre. Pensé en lo que oí la noche anterior… en como el agua del lago se habia movido, ¿había sido real? ¿O solo un sueño?
No lo sabia y en cierta parte, era frustrante.
No quise pensar mas en eso, no quise recordar mas y como siempre, empuje todo hasta el fondo de mi memoria, en donde nada pudiera atormentarme. Aun cuando los recuerdos latian como un corazon, mas vivos que yo. Pase una mano por mi rostro, intentando despejar mi mente y al enfocar la vista hacia el frente, entonces vi a dos hombres frente a una casa.
Reduje mis apresurados pasos y con precaucion, observe sus vestimentas; con sombreros negros, gabardinas del mismo color y con un brillo impecable en sus zapatos elegantes. Uno de ellos fumaba y el olor llego de prisa a mis fosas nasales, ambos giraron sus cabezas hacia mi persona y conteniendo el aire, pase por detras de ellos, con la mirada en el suelo.
Senti sus miradas clavadas en mi nuca y todos los musculos de mi cuerpo se tensaron en respuesta.
Los faroles parpadearon levemente y de repente, las ramas se sacudieron con violencia por la ventisca que parecia iracunda. Ajuste mi bufanda, con la intencion de dejar atras la sensacion de sus ojos, pero, solo fue lo contrario. El efecto se intestifico y mis pasos volvieron a hacer rapidos.
Las calles tienen ojos.
El sobre de dinero entre mis manos estaba siendo victima de la fuerza que aplicaba en esos instantes, la angustia me arraigo en una compañia que no deseaba tener y siendo cada vez mas consiente de mi misma, note mi respiracion agitada en compañia de los latidos fuertes de mi corazon.
Debia tranquilizarme.
Y repitiendo ese pensamiento, puse una mano en mi pecho. Como si asi pudiera relajarme o por lo menos, alejar la incomodidad que me ocasionaron esos hombres.
Inesperdamente, un trueno sacudió el cielo. Miré arriba, alarmada. Ligeros relampagos danzaban entre las nubes cargadas de oscuridad, tan pesadas como la misma noche.
Entonces lo oí.