CAPITULO 9.
—¿Qué está... haciendo?
La voz suave de Angeline resonó en mis oídos, y con el ceño fruncido, no quité la mirada de encima de Clara, quien había tomado un impulso. Un impulso extraño que me tenía paralizada de pies a cabeza.
Clara no era el tipo de persona que se dejaba guiar por impulsos; al contrario, era de las que analizaban cada paso, actuando solo si podía sacarle provecho.
Por eso mismo, no entendía qué hacía allí, de pie, frente a la señora Octavia y el chico.
Entonces atisbé cómo Octavia la miró de abajo hacia arriba y, con el cigarrillo entre los labios, sonrió levemente.
Por su parte, Clara mantenía su postura perfecta, su sonrisa delicada y cordial. Su vestido de encaje azul oscuro resaltaba su figura esbelta, y al ser un poco más alta, también desprendía una determinación que, de alguna forma, envidiaba. No parecía atormentada por nada.
Al contrario, ella también parecía tener una vida fácil y corriente.
Compartieron algunas palabras. Clara se reía con una mano sobre la boca.
El chico, en cambio, se mantenía en su lugar, completamente ajeno a su presencia.
Angeline la miraba con admiración... y confusión.
Suspiré hondo, queriendo irme. Solo había salido a despejarme, y sin embargo, me sentía más fuera de lugar que nunca.
Pasaron unos segundos y me levanté lentamente del asiento, captando la mirada de Angeline.
—Ya debo irme —anuncié con una pequeña sonrisa, ajustando el bolso.
—¿Ya? ¿Tan pronto?
Asentí con la cabeza, como si no fuera la gran cosa.
—Debo hacer... unos asuntos —mentí con ligereza.
Angeline simplemente asintió, aunque vi en sus ojos ese mismo pesar, esa misma mirada que me había dado la señora Antonella.
Con un ligero “adiós”, me despedí. Como si no conociera a Clara, ni a la señora Octavia, ni al joven, caminé hacia el mostrador para pagar por mi café.
Pero entonces oí mi nombre. Me detuve a mitad de camino. Cerré los ojos unos segundos y respiré hondo.
Al girarme, con una cortés sonrisa pintada en los labios, visualicé a la señora Octavia junto con Clara. Ambas me observaban. El chico también con una expresión neutral.
Vi, además, cómo Angeline se acercaba con ligera timidez.
—Ven un momento, querida —ordenó Octavia, con un sencillo ademán de la mano.
Obedecí, aunque todo en mí quería irse. Me acerqué lentamente, y sentí más nerviosismo. Tal vez por la mirada que me lanzó Clara.
—¿Por qué te vas? —preguntó Clara con calma, sonriendo como una niña inocente—. Ah, ¿es porque debes visitar a tu querida madre fallecida?
La mirada de Octavia se intensificó, genuinamente sorprendida. Llevó el cigarrillo a los labios.
También sentí la mirada del chico sobre mí. No había pesar ni asombro. Solo impasibilidad.
Como si él fuera un espectador… y no al revés.
Vi cómo Angeline se tensaba, probablemente incómoda, yo hice un gran esfuerzo por no alejarme.
Forcé más mi sonrisa.
—Sí. Debo visitarla —mentí otra vez. Era el único atajo para huir.
—Mi más sentido pésame —dijo la señora Octavia, con un tono sombrío.
Soltó el humo en mi dirección. El olor me incomodó, pero solo presioné los labios.
—¿No lo sabía, señora Octavia? —preguntó Clara, fingiendo asombro.
—Hmm... no, no estaba al tanto.
—Ah, como todos en Elensmoor saben que Evie es huérfana... —hizo una pausa dramática, se acercó a mí y tomó mi brazo con falsa aflicción—. Pensé que tal vez sabría también. Su situación es tan… triste. Evie es verdaderamente fuerte. ¿No lo cree?
Octavia llevó de nuevo el cigarrillo a sus labios pintados de rojo intenso. Atisbó a Clara con los ojos entrecerrados, como si supiera exactamente lo que estaba intentando hacer.
Y entonces, alzó levemente las comisuras de los labios, como si la situación le causara entretenimiento.
—Oh... eres tan comprensiva, querida —respondió, con una burla evidente. Sentí cómo Clara apretaba ligeramente mi brazo. La situación empezaba a volverse extraña para mi gusto.—Pero lo más importante… ¿qué piensa nuestro querido Dorak?
Todas dirigimos la mirada al joven.
Su nombre me pareció realmente único, aunque, sinceramente, esperaba algo más común.
El aludido miró a Octavia con una ceja arqueada.
Se tomó su tiempo, le dio un sorbo a su taza, y luego nos miró a cada una a los ojos, muy fijo.
Cuando me miró a mí, vi cómo alejaba la taza y pasaba su lengua por la esquina de los labios antes de suspirar. Parecía realmente poco interesado en todo lo que ocurría.
—¿Desde cuándo se tiene en cuenta lo que pienso? —su voz grave añadió nuevas capas a la situación. Octavia se encogió de hombros, desinteresada.
Luego volvió a mirarnos, sin pizca de importancia—. Realmente no tengo nada por decir.
—¿En serio? —cuestionó Octavia, con mofa.
Mordí un poco mi labio inferior, sintiéndome tremendamente incómoda.
Dirigí una mirada a Clara, completamente confundida. No entendía qué quería demostrar.
Dorak mantuvo su ceja arqueada mientras compartía una extraña mirada con Octavia. Frotó sus manos con sosiego, mostrando un gesto pensativo. Volví mis ojos hacia Octavia. Tampoco entendía qué buscaba al involucrarlo.
Clara, en cambio, parecía expectante.
El silencio incómodo reinó unos segundos. Hasta que Dorak suspiró pesadamente y clavó su mirada en Clara. Dejó de mover las manos y acomodó su chaqueta con gracia.
—No entiendo qué quieres demostrar al no dejar ir a esta joven —soltó, como si fuera lo más normal del mundo. La fijeza con la que miraba a Clara me pareció realmente intimidante—. No me importa si es huérfana o si su madre falleció, y creo que a nadie le importa. Pero a ti sí. ¿Quieres demostrar que eres increíblemente empática o… eres así normalmente?
El asombro me paralizó de pies a cabeza. Me tensé de forma inmediata.