CAPITULO 10.
Al salir por completo del lugar, sentí el frío con más intensidad debido al viento que soplaba con calma. Miré la espalda de la señora Octavia con una mezcla de ansiedad e intriga. No sabía de qué quería hablar conmigo, no sabía si era de verdad o solo un pretexto para sacarme de lo que ella misma había iniciado. Acomodé mejor mi bufanda y entonces la señora Octavia se giró hacia mí. Tenía un nuevo cigarrillo en los labios; ni siquiera había notado en qué momento había tirado el anterior.
Con la ligera ansiedad brotando por cada parte de mi cuerpo, lancé una mirada hacia atrás, de algún modo pendiente de que en cualquier momento iban a salir Clara y Angeline.
Noté entonces, en medio del silencio, cómo la señora Octavia seguía mirándome. No obstante, no era una mirada cualquiera: era la misma que le dio a Clara antes de burlarse de ella, una mirada analítica. El brillo en sus ojos era de sosiego puro y eso la hacía parecer como si supiera todo lo que estás pensando. Ella parecía mirar a través de tus ojos. Bajé la mirada al no poder soportarla más y no pude evitar compararla con el joven Dorak.
No eran parecidos físicamente, pero ambos tenían esa misma calma en los ojos, solo que él era bastante bueno en no demostrar nada más que indiferencia.
Como si no sintiera nada.
—No te entiendo, niña —formuló con una voz suave y delicada.Ya no quedaba rastro de la Octavia que hace unos minutos se divertía con la situación. Dejó escapar el humo de sus labios y frunció ligeramente el ceño.
Pestañeé y ladeé la cabeza, confundida.
—¿Disculpe?
—No entiendo... si te dejas pisotear a propósito o simplemente te dejó de importar —confesó circunspecta. Seguía mirándome como si fuera un rompecabezas que no lograba resolver fácilmente. Relamí mis labios, incapaz de responder. Me percaté de que ya no era solo Octavia quien me miraba: también era Dorak.
No estaba completamente girado hacia mí. Mantenía las manos en los bolsillos de su pantalón y, con una postura perfecta, me miró con desdén. El viento frío removió algunos mechones de su cabello azabache que terminaron cayendo sobre su frente. Entrecerré los ojos y volví mi mirada hacia mis zapatos. No importa cuánto lo mire, parece tan perfecto que realmente me hace dudar si es real o solo una imaginación de mi mente.
—¿Cuál era el asunto del que quería hablar conmigo? —cuestioné, intentando cambiar un poco la situación.
La señora Octavia le dio otra calada a su cigarrillo y ladeó ligeramente la cabeza. Su mirada ya empezaba a intimidarme. No me gustaba ser el centro de atención, porque eso siempre terminaba mal. Termina siendo el objeto de burlas o de entretenimiento.
—No hay ningún asunto —respondió escueta y se encogió de hombros.
Fruncí el ceño y suspiré hondo. ¿Entonces por qué…?
Como si leyera mi confusión, se atrevió a darme una rápida respuesta:
—Me compadecí de ti, así que mentí y te libré de tus... amiguitas —la sorna ya empezaba a palparse en sus palabras. Presioné los labios al oír ese "me compadecí"—. Después de todo, soy una persona generosa y, aun así, no veo tu gratitud por ningún lado.
Mantuve mi expresión unos segundos y, como si no tuviese más remedio, bajé la cabeza.
—Muchas gracias por su generosidad —murmuré, intentando parecer sincera.
—No me agradezcas, tendrás que demostrar tu gratitud de alguna forma. ¿No crees?
Alcé la cabeza lentamente y mantuve su mirada fija. No había diversión en su expresión ni tampoco burla. Muchos pensamientos empezaron a rondar por mi mente como un tornado.
—¿Cómo…?
—No es nada extraño —aclaró con indiferencia, probablemente fui demasiado notoria con mi preocupación—. Solo quiero que, al entrar a la escuela, no abandones a mi querido Dorak.
El aludido giró de pronto la cabeza hacia la señora Octavia y frunció notoriamente el ceño, haciéndolo ver más intimidante. Se inclinó un poco hacia ella y yo solo me limité a parpadear.
—¿Qué? No soy un niño —reprochó con firmeza, y la señora Octavia lo ignoró olímpicamente.
—No te pido nada del otro mundo. No estoy diciendo que sean amigos o que estés con él todo el tiempo —movió su mano con elegancia y negó con la cabeza mientras hablaba—. Solo... que si algún día lo envuelven en un problema, entonces, sabré que todo estará bien porque confiaré en ti.
Pensé que Dorak empezaría a reclamarle; sin embargo, para mi sorpresa, se quedó en silencio sin quitarle la mirada de encima. Poco a poco suavizó su expresión y me dio por completo la espalda. En algún momento empecé a jugar con mis manos, inquieta. Involucrarme con él me traería muchos problemas, y eso era lo que me dejaba en ese enorme silencio.
—No soy la persona adecuada para lo que me pide —solté seriamente y negué con la cabeza.
—¿Por qué? —indagó. La miré a los ojos. Alzó ambas cejas, expectante—. ¿Por qué te da miedo, Evie?
—No me da miedo —mentí, con un tono a la defensiva.
—¿Qué temes perder? —continuó con calma. Presioné los labios con un poco más de fuerza—. No creo que tengas nada que perder sinceramente, y lo que te estoy pidiendo es lo más simple, así que no le veo ningún problema.
Sostuve su mirada en un absorto silencio.
Personas como la señora Octavia y como Dorak jamás iban a entenderme, porque ellos siempre han tenido todo incluso sin hacer nada. Sin embargo, yo tengo mucho que perder. Perdería todo lo que he construido estos años en Elensmoor: mis amigas, aunque no sean tan buenas amigas; las personas que me conocen; toda la paz que he procurado mantener. Ocultándome incluso si me provocan. Eso era lo que temía perder. Y por eso, personas como ellos jamás lo comprenderían.
—Realmente no te entiendo... —murmuró Octavia con un suspiro pesado, y me percaté de que no me había quitado la mirada de encima—. No sé si estás fingiendo o en verdad eres así.