Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 3. Demasiado cerca para ser casualidad.

AUREN:
Auren no durmió.
No porque no pudiera, sino porque cada vez que cerraba los ojos veía la misma escena: la mesa larga, los adultos, y aquella frase.
“La haréis juntos.”
Como si su vida no fuera suya, como si fuera un contrato ya firmado desde antes de que aprendiera a escribir su nombre.
Se levantó antes del amanecer. Otra vez.
El gimnasio de la mansión estaba en silencio, pero esa vez el silencio no ayudaba. La cinta de correr sonaba diferente. Más pesada. Más irritante.
Auren apretó los puños mientras corría.
Su padre decía que la mente débil buscaba excusas.
Su madre decía que su padre era una excusa andante.
Hoy no le apetecía dar la razón a ninguno.
Cuando terminó, el sudor le pegaba la camiseta al cuerpo, pero no se detuvo. Pasó directamente a la sala de entrenamiento de combate.
Golpeó el saco.
Una vez. Dos.
Más fuerte. Otra.
El sonido seco llenó la habitación como si pudiera romper algo dentro de él.
—Te vas a romper la muñeca.
La voz lo detuvo.
No por miedo. Por costumbre.
Auren giró la cabeza.
Jasen estaba apoyado en la puerta.
Como si hubiera nacido allí. Como si invadir su espacio fuera un derecho humano básico.
—No te han enseñado a llamar —dijo Auren.
—Sí.
—No lo parece.
Jasen entró igual.
—He pensado que si vamos a pasar más tiempo juntos, debería acostumbrarme a verte sufrir de cerca.
Auren lo miró.
—No vamos a pasar más tiempo juntos.
—Claro que sí.
—No.
—Sí.
Auren volvió al saco. Golpeó otra vez.
Jasen se acercó. Demasiado.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Auren.
—Entrenar.
—Este es mi gimnasio.
—Es de tu familia.
—Mismo concepto.
Jasen sonrió. Esa sonrisa. Esa maldita sonrisa.
—Relájate, Vetrov. No he venido a robarte nada.
—Siempre robas algo.
—Sí, pero hoy no sé qué robarte aún.
Auren dejó de golpear.
Lo miró.
Silencio.
Un segundo. Dos.
—No te acerques más —dijo Auren.
—¿O qué?
—O te arrepentirás.
Jasen ladeó la cabeza. Curioso.
No asustado. Nunca estaba asustado.
—Eso suena a reto.
—Suena a advertencia.
—Las advertencias son retos con miedo.
Auren dio un paso hacia él.
Jasen no retrocedió.
Demasiado cerca. Demasiado familiar. Demasiado todo.
—No me gustas —dijo Auren.
—Mentira —respondió Jasen.
Silencio. Otra vez.
Pero esta vez era distinto.
Porque ninguno se movió.
Y eso era nuevo.

JASEN:
Jasen tenía un problema.
No sabía cuándo dejar de provocar a Auren.
Era como un instinto. Como respirar. Como meterse en peligro por deporte.
Y lo peor era que Auren nunca reaccionaba como esperaba.
Siempre controlado. Siempre frío. Siempre… interesante.
Jasen observó cómo Auren volvía al saco.
Golpe seco. Preciso. Perfecto.
—Vas a romperlo —dijo Jasen.
—No es tu problema.
—Ahora todo lo tuyo es mi problema, ¿recuerdas?
Auren apretó la mandíbula.
Ese detalle pequeño. Ese microgesto.
Jasen lo notó siempre.
—No te emociones —añadió Auren—. No eres importante.
—Eso duele.
—No lo parece.
—Soy muy sensible.
Auren soltó una exhalación.
Casi una risa. Casi. Eso era peligroso.
Jasen se apoyó en la pared.
Lo observó.
De verdad.
Sin bromas por un segundo.
Auren estaba cansado.
No físicamente. Algo más profundo.
Como si estuviera cargando algo que no sabía dejar en el suelo.
Jasen abrió la boca para decir algo.
Pero no lo hizo.
Porque ese era el problema.
Con Auren, siempre había algo que no decía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.