La casa Vetrov era demasiado grande para dos niños. Demasiados pasillos. Demasiadas reglas. Demasiado silencio. Y ya se odiaban. O eso decían los adultos. La realidad era más complicada. —No puedes entrar ahí —dijo Auren. —Sí puedo —respondió Jasen. —Es la sala de reuniones. —¿Y? —No es para niños. Jasen sonrió. Ese tipo de sonrisa que ya era un problema desde pequeño. —Soy curioso. —Eres molesto. —También. Jasen empujó la puerta. Entró. Auren detrás de él. Porque siempre iba detrás. Aunque no quisiera. Dentro había hombres hablando. Demasiado serios. Demasiado armados para alguien de su edad mental. Uno de ellos miró a Jasen. —¿Qué hace el hijo Vlasov aquí? Silencio. Jasen no respondió. Auren tampoco. Pero dio un paso hacia delante. Instintivo. Como si el problema no fuera Jasen. Sino lo que le pudiera pasar. —Está conmigo —dijo Auren. Mentira. Pero efectiva. El hombre lo miró. Después a Jasen. Luego se encogió de hombros. —Que no estorbe. Jasen sonrió. Se sentó en una silla enorme. Le colgaban los pies. Auren se quedó de pie a su lado. —Podías haberte metido en problemas —dijo Auren. —Ya estoy en problemas. —No lo entiendes. Jasen lo miró. Por primera vez sin sonrisa. —Sí lo entiendo. Silencio. Auren no respondió. Porque no sabía qué decir a eso. Porque quizá era verdad. Y eso era peor. Jasen bajó la voz. —¿Por qué me defendiste? Auren tardó. Mucho. Demasiado. —Porque eras ruidoso. Jasen asintió. —Tiene sentido. Pero ninguno de los dos se movió. Y ese fue el primer momento en el que algo cambió. Sin que nadie lo notara.
La biblioteca en Booknet es una lista útil de libros, donde puede:
guardar sus libros favoritos
ver fácilmente las actualizaciones de todos los libros de la biblioteca
estar al tanto de las nuevas reseñas en los libros
Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.