Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 5. Cosas que no deberían importar.

AUREN:
Auren tenía una norma. Una bastante sencilla: No involucrarse en los problemas sentimentales de otras personas.
Primero porque no le interesaban.
Segundo porque la gente se volvía estúpida cuando se enamoraba.
Y tercero porque normalmente terminaba siendo culpa suya de alguna forma extraña.
Por eso, cuando Valeria apareció junto a él durante el descanso del entrenamiento, supo inmediatamente que algo malo iba a ocurrir.
—¿Puedo hablar contigo?
Mala señal.
—Depende.
—¿De qué?
—De cuánto dure.
Valeria puso los ojos en blanco.
—Cinco minutos.
—Tres.
—Cuatro.
—Aceptable.
Ella soltó una pequeña risa.
Y durante unos segundos simplemente caminaron por uno de los pasillos del complejo.
Auren esperaba una pregunta sobre negocios. Sobre estrategias. Sobre entrenamiento.
Algo normal. Algo lógico. Algo soportable.
No obtuvo ninguna de las tres.
—Me gusta alguien.
Auren se quedó en silencio.
Porque aquello era peor. Mucho peor.
—¿Y?
—Necesito ayuda.
—No.
—Todavía no te he preguntado nada.
—La respuesta sigue siendo no.
Valeria suspiró.
—Eres imposible.
—Lo sé.
—Por favor.
—No.
—Auren.
—No.
—Auren.
—No.
—Auren.
—Cinco minutos.
—Sabía que podía convencerte.
—No lo has hecho.
—Claro.
Auren se arrepintió inmediatamente. Muchísimo.
Porque aquello significaba escuchar sentimientos. Y escuchar sentimientos nunca acababa bien.
—¿Quién es?
Preguntó finalmente.
Valeria sonrió.
Y por alguna razón parecía nerviosa.
—Jasen.
Silencio.
Auren la observó.
Luego volvió a observarla.
—¿Jasen?
—Sí.
—¿Jasen Vlasov?
—Sí.
—¿Mi Jasen?
—¿Tu Jasen?
—No es mi Jasen.
—Eso ha sonado muy posesivo.
—No lo era.
—Claro.
Auren ignoró el comentario.
Porque acababa de descubrir algo mucho más importante. Algo que no esperaba. Algo que le provocó una sensación extraña. Muy extraña.
Parecida al alivio.
Porque aquello explicaba muchas cosas.
Valeria no estaba interesada en él.
Y por alguna razón que prefería no analizar...
La noticia le gustó.
—Entonces... ¿Te gusta Jasen?
—Sí.
—Qué mala suerte.
—¡Auren!
—¿Qué?
—Ayúdame.
—No sé cómo hacerlo.
—Eres su mejor amigo.
Auren casi se atragantó.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Auren.
—Lo tolero.
—Claro.
Valeria sonrió.
Como si no creyera ni una palabra.
Y honestamente, quizá tenía razón.

JASEN:
Jasen encontró a su madre en una de las terrazas del complejo.
Sentada.
Tomando café.
Como si no estuviera participando en una conspiración masiva para arruinar su vida.
—Traidora.
Dijo al acercarse.
Sofía ni siquiera levantó la vista.
—Buenos días para ti también.
—Me obligaste a despertarme antes de las siete.
—Eso fue Auren.
—Y tú lo permitiste.
—Correcto.
Jasen se dejó caer en la silla frente a ella.
—Qué decepción.
—También te quiero.
—Mentira.
—Un poco.
—Aceptable.
Sofía sonrió.
Y entonces lo observó durante unos segundos.
Demasiados segundos.
Los suficientes para ponerlo nervioso.
—¿Qué?
—Nada.
—Mamá.
—Nada.
—Eso significa algo.
—Siempre significa algo.
—Exactamente.
Ella apoyó el café sobre la mesa.
—¿Qué te parece Valeria?
Jasen parpadeó. Una vez. Dos.
—¿Por qué?
—Curiosidad.
—Eso da miedo.
—Responde.
—Es agradable.
—¿Solo agradable?
—Sí.
—Ajá.
—¿Qué?
—Nada.
—Mamá.
—Nada.
Jasen entrecerró los ojos.
Aquello era una trampa. Claramente.Una muy evidente.
—¿Qué sabes? —Preguntó.
—Muchas cosas.
—Eso no ayuda.
—Nunca ayuda.
—Mamá.
Sofía sonrió. Esa sonrisa. La sonrisa que utilizaba cuando estaba disfrutando demasiado de una conversación.
—Valeria me contó algo.
Jasen sintió una sensación extraña en el estómago.
No precisamente agradable.
—¿Qué cosa?
—Que le gustas.
Silencio. Completo. Absoluto.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
Jasen sintió alivio.
Alivio puro.
Inmediato.
Tan rápido que incluso él se sorprendió.
Porque durante las últimas horas había tenido una sensación rara.
Una incomodidad difícil de explicar.
Y ahora desaparecía.
Como si alguien hubiera apagado un ruido constante que llevaba demasiado tiempo escuchando.
—Ah.
Fue lo único que dijo.
—¿Ah? —Repitió Sofía.
—Sí.
—¿Eso es todo?
—Supongo.
—Qué respuesta tan horrible.
—Gracias.
—¿Te gusta ella?
Jasen abrió la boca.
Y se quedó pensando.
Porque la respuesta debería haber sido fácil. Muy fácil.
Valeria era guapa, inteligente, amable, divertida... Objetivamente perfecta. Y aun así...
—No lo sé.
Murmuró.
Sofía lo observó atentamente.
Como si estuviera resolviendo un rompecabezas.
—Mentira. —Dijo finalmente.
—¿Qué?
—Sí lo sabes.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Jasen.
Silencio.
—Sí. —Respondió finalmente.
—Sí lo sé.
Y por alguna razón... Aquello no tenía nada que ver con Valeria.

AUREN:
Encontró a Jasen una hora después.
Sentado solo en una de las gradas.
Mirando el campo de entrenamiento.
Pensando.
Lo cual era preocupante.
Porque normalmente Jasen evitaba pensar demasiado.
—Te ves raro. —Dijo Auren.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo sé.
Auren tomó asiento a su lado.
Silencio.
Algo raro entre ellos. Algo diferente.
—Valeria habló conmigo.
Dijo finalmente.
Jasen giró la cabeza.
Demasiado rápido.
—¿Qué?
—Valeria habló conmigo.
—¿Por qué?
—Porque aparentemente soy una persona accesible.
—Eso es mentira.
—Lo sé.
Jasen soltó una pequeña risa.
Auren continuó observando el campo.
—Le gustas.
Silencio. Otra vez.
—Ya lo sé. —Dijo Jasen.
—¿Cómo?
—Mi madre me lo dijo.
—Claro.
—Claro.
Volvió el silencio.
Y por alguna razón ninguno parecía incómodo.
Simplemente... Tranquilo.
—¿Y? —Preguntó Auren.
—¿Y qué?
—¿Te gusta?
Jasen tardó unos segundos en responder.
—No. —Contestó finalmente.
Auren asintió. Solo eso. Una vez. Y algo dentro de él se relajó.
Sin explicación. Sin lógica. Sin sentido.
Jasen lo observó.
—¿Y esa cara?
—¿Qué cara?
—La de alivio.
Auren giró inmediatamente la cabeza.
—No estaba aliviado.
—Mentira.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Auren.
—Cállate.
Jasen empezó a reírse.
Y por primera vez en todo el día...
Auren no tuvo ganas de discutir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.