JASEN:
Jasen Vlasov tenía una teoría bastante simple sobre los problemas.
Si algo parecía complicado, lo ignorabas.
Si seguía ahí, lo empeorabas con humor.
Y si ni eso funcionaba… entonces corrías.
El problema era que esta vez no podía correr.
Porque Auren Vetrov estaba justo a su lado.
Mirando la misma pantalla.
Con la misma expresión de alguien que quería destruir el mundo… o a él.
—Esto es una pérdida de tiempo —murmuró Auren.
—Como tú por las mañanas —respondió Jasen.
Auren no le miró.
Eso ya era peligroso, significaba que no estaba de humor.
—Tenemos que encontrar una conexión —añadió Auren.
—Sí, detective, ya lo sé.
—No lo estás haciendo.
—Estoy pensando.
—Estás respirando.
—Eso también cuenta como pensar.
Auren suspiró.
Jasen sonrió.
Porque si Auren suspiraba, significaba que aún no lo había matado.
Y eso era una victoria.
Estaban en una sala de ordenadores del Saint Gabriel.
El instituto parecía normal por fuera. Demasiado normal.
Eso era lo que lo hacía sospechoso.
Filtraciones.
Movimientos de información.
Alguien dentro. Alguien que conocía demasiado bien a las familias Vetrov y Vlasov.
Y eso no era buena señal.
—Lista de alumnos con acceso a los sistemas administrativos —dijo Auren.
—Qué divertido —respondió Jasen—. Mi serie favorita.
Auren ignoró el comentario.
—Aquí.
Señaló la pantalla.
Tres nombres.
Jasen se inclinó un poco.
—Vale, uno parece aburrido.
—No descartes por apariencia.
—Eso dice el chico que parece una amenaza constante.
Auren lo miró.
Por fin.
—Sigue hablando.
—No.
—Buena decisión.
AUREN:
Auren estaba cansado.
No físicamente. Mentalmente.
Jasen hacía eso.
Convertía todo en ruido.
Y aún así… Funcionaba. Eso era lo peor, porque Jasen no seguía un patrón lógico, pero encontraba cosas.
Mientras Auren analizaba datos.
Jasen hablaba con gente.
Preguntaba cosas sin sentido. Reía. Molestaba.
Y la gente bajaba la guardia. Y hablaba.
Auren no entendía cómo. Pero funcionaba.
—Este —dijo Jasen de repente.
—¿Cuál?
—El de la derecha.
Auren lo miró.
—No tienes ninguna base.
—Tengo intuición.
—Eso no es una base.
—Es mejor.
Auren iba a responder.
Pero entonces lo vio.
El archivo.
Pequeño detalle.
Accesos fuera de horario.
Conexiones repetidas.
Siempre a la misma hora.
—Eso sí es raro —murmuró Auren.
Jasen sonrió.
—Lo sabía.
—No lo sabías.
—Lo sospechaba intensamente.
JASEN:
Decidieron seguir al alumno.
Nombre: Erik Lund.
Edad: 17.
Promedio normal.
Perfil irrelevante. Demasiado irrelevante. Ese era el problema.
—No parece peligroso —dijo Jasen.
—Nunca parecen peligrosos —respondió Auren.
—Eso ha sido profundo.
—Cállate.
Jasen lo siguió mientras caminaban por el pasillo.
—Si resulta que es solo un chico normal…
—No lo es.
—¿Por qué estás tan seguro?
Auren dudó medio segundo.
—Porque alguien nos está mirando.
Jasen se detuvo.
—Eso no es una respuesta tranquilizadora.
—No pretendía serlo.
Y entonces lo vieron.
Erik salió del edificio principal.
Solo. Demasiado solo.
Jasen lo siguió con la mirada.
—Es ahora —dijo.
Auren asintió.
Y empezaron a seguirlo.
AUREN:
No era difícil seguir a alguien en un instituto.
Era difícil hacerlo sin parecer sospechoso.
Jasen, por supuesto, no ayudaba.
—Si sigues caminando así nos van a pillar —susurró Auren.
—Estoy caminando normal.
—Estás caminando como si fueras un criminal emocionado.
—Eso es ofensivo.
—Es verdad.
Jasen sonrió.
—Gracias.
Auren se llevó una mano a la frente.
Error. Error enorme.
Erik entró en una zona del campus que no estaba en los planos oficiales.
Viejo almacén. Cerrado.
Jasen se detuvo.
—Eso es nuevo.
—No es nuevo —respondió Auren.
—Entonces es sospechoso.
—Correcto.
JASEN:
Se acercaron.
Demasiado lento. Demasiado cuidadoso.
Y entonces Jasen escuchó voces. Dentro.
—…no pueden saberlo todavía.
Silencio.
—Las rutas siguen activas.
Otra voz. Más grave.
—¿Y los herederos?
Jasen sintió algo en el estómago.
Auren también lo escuchó.
Se miraron.
Por primera vez en todo el día no hicieron bromas.
AUREN:
Se acercó a la puerta.
Jasen lo siguió.
—No entres —susurró.
—Ya lo sé.
—Entonces no entres.
—No he dicho que no vaya a entrar.
—Eso es exactamente lo que estás haciendo.
Auren no respondió.
Empujó la puerta ligeramente.
JASEN:
Lo que escucharon fue suficiente. No necesitaban más.
—Tenemos que irnos —susurró Jasen.
Auren asintió.
Pero demasiado tarde.
La puerta se abrió desde dentro.
Silencio.
Y entonces una voz.
—Os estáis metiendo donde no debéis.
AUREN:
Dos hombres.
No alumnos.
Demasiado mayores. Demasiado preparados.
Auren analizó en segundos.
—Corre —dijo.
Jasen no discutió.
Por primera vez.
JASEN:
Corrieron.
Pasillos. Puertas.
Gente gritando.
Seguridad activándose.
Y una sola idea en la cabeza: Esto ya no era un simple espía. Era algo más grande.
Salieron del edificio justo a tiempo.
Un coche negro.
A lo lejos.
Parado.
Mirándolos.
Jasen se detuvo.
—Dime que tú también lo ves.
Auren no respondió.
Solo lo miró.
Silencio.
Y entonces:
—Nos han encontrado.