Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 8. Sonrisas envenenadas.

AUREN:
Auren odiaba las galas.
No por la ropa. No por la gente. No por la música.
Sino porque en las galas todo el mundo fingía demasiado bien.
Y él ya tenía suficiente gente fingiendo en su vida.
Se ajustó la corbata frente al espejo. Negra. Simple. Perfecta.
Como todo lo que su familia esperaba de él.
—Pareces un funeral —dijo Jasen desde la puerta.
Auren no se giró.
—Y tú pareces un error.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo sé.
Jasen entró sin permiso, como siempre.
Traje oscuro.
Camisa ligeramente desabrochada.
Cabello desordenado de forma deliberada.
Auren lo observó un segundo más de lo necesario.
—Te van a matar si vas así.
—Es la gala de los “negocios importantes”, no un funeral medieval.
—Es lo mismo.

JASEN:
Jasen no entendía por qué la gente se complicaba tanto la vida.
Vestidos caros.
Música lenta.
Sonrisas falsas.
Todo eso para hablar de dinero en habitaciones con aire acondicionado.
Podían hacerlo en chándal.
Sería más honesto.
—Mi madre dice que no te pierda de vista —dijo mientras caminaban hacia el coche.
—Tu madre debería descansar —respondió Auren.
—Mi madre nunca descansa.
—Eso explica muchas cosas.
Jasen sonrió.
Pero la sonrisa le duró poco. Porque algo en el ambiente no le gustaba.
Demasiada seguridad. Demasiados coches. Demasiado silencio.

AUREN:
El salón de la gala era enorme.
Cristal.
Luces cálidas.
Música suave.
Y hombres que podían destruir países con una llamada.
Auren avanzó entre ellos como si el lugar le perteneciera.
Porque en el fondo, así era.
Jasen a su lado hacía exactamente lo contrario.
Sonreía. Hablaba. Molestaba.
Y conseguía información sin que nadie lo notara. Eso era lo más irritante.
Funcionaba.

JASEN:
—¿Quién es ese? —preguntó Jasen señalando a un grupo.
—No importa.
—Todo importa.
—No eso.
—Eso suena sospechoso.
Auren no respondió.
Pero Jasen notó su mirada.
Fija. Fría. Demasiado atenta.
Y entonces lo vio.
Un hombre. Solo.
No encajaba. No sonreía. No interactuaba. Solo observaba.

AUREN:
Auren lo reconoció antes de saber su nombre.
Esa sensación era peligrosa.
Muy peligrosa.
—No me gusta ese tipo —dijo Jasen.
—A mí tampoco.
—Eso es nuevo.
—No lo es.
El hombre levantó la mirada.
Y sonrió.
Por primera vez.
Una sonrisa lenta. Demasiado segura.

JASEN:
—¿Lo conoces? —susurró.
—No.
—Eso ha sido rápido.
—No necesito conocerlo.
—Eso suena peor.
El hombre avanzó. Lento.
Como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Se detuvo frente a ellos.
—Auren Vetrov.
Silencio.
—Jasen Vlasov.
Otro silencio.
—Interesante combinación.

AUREN:
—¿Quién eres?
El hombre sonrió.
—Alguien que entiende mejor el tablero que vuestros padres.
Jasen bufó.
—Eso es preocupante.
—Lo es —respondió el hombre sin mirarlo.

JASEN:
—Si tienes algo que decir, dilo —dijo Jasen.
El hombre lo miró por fin.
—Vosotros dos sois el punto de equilibrio.
—Eso suena como algo que dicen antes de explotar algo —murmuró Jasen.
Auren no se movió.
El hombre dio un paso atrás.
—Disfrutad de la noche.
Y se fue.

AUREN:
—Eso no me ha gustado —dijo Auren.
—A mí tampoco —respondió Jasen.
—Mentira.
—¿Qué?
—Te ha intrigado.
Jasen abrió la boca.
La cerró.
—Un poco.

JASEN:
Valeria apareció más tarde.
Demasiado sonriente.
Demasiado cerca de Auren.
—Te estaba buscando —dijo ella.
Jasen sintió algo raro. Otra vez.

Molesto. Inútil.
—Qué casualidad —murmuró.
Auren la escuchó.
Lo miró.
—No empieces.
—No he hecho nada.
—Todavía.
Valeria habló con Auren. Rió. Se acercó un poco más de lo necesario.
Jasen apretó la mandíbula.
Sin saber por qué.

AUREN:
Auren lo notó.
Jasen no dejaba de mirar.
Fijo. Incómodo.
—¿Te pasa algo?
—No.
—Estás raro.
—Siempre estoy raro.
—Más raro.
—Cállate.
Valeria se despidió.
Auren la vio irse.
Y entonces miró a Jasen.
—¿Qué?
—Nada.
—Estabas molesto.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
Silencio.

JASEN:
El hombre del inicio volvió a aparecer.
Esta vez no solo. Con otros dos.
Jasen lo vio primero.
—Auren…
Auren ya lo había visto.

AUREN:
—Nos vamos.
Demasiado tarde.
Las luces cambiaron.
La música siguió.
Pero algo en el ambiente se rompió.
Puertas cerradas.
Seguridad bloqueada.
Gente sin entender nada.

JASEN:
—Esto no es un protocolo de gala —susurró.
—No.
—Entonces qué es.
Auren no respondió.
Porque ya sabía la respuesta.

AUREN:
El hombre sonrió desde la distancia.
Y levantó la mano.
Las luces se apagaron.

JASEN:
—Corre.
Y entonces empezó.
Coches.
Gente armada.
Gritos.
Caos.
Jasen agarró a Auren del brazo.
—No te sueltes.
—No me des órdenes.
—No es una orden.

AUREN:
Disparos.
Cristales rotos.
Gente corriendo.
Demasiado organizado.
No era un ataque improvisado.
Era una captura.

JASEN:
—Nos están rodeando.
—Lo sé.
—¿Plan?
—No hay.
—Eso es horrible.
—Sí.




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