Invierno.
Otra fiesta. Otra reunión.
Pero esta vez algo era distinto.
Jasen estaba enfadado.
Auren también.
Habían discutido por una tontería, o eso parecía.
—No necesito que me sigas —dijo Jasen.
—No te estoy siguiendo.
—Sí lo haces.
—No.
—Sí.
Silencio.
Y entonces Jasen se fue.
Auren no lo siguió.
Por primera vez.
JASEN:
Se perdió, otra vez.
Pero esta vez no volvió rápido.
Y cuando finalmente Auren lo encontró…
No dijo “te lo dije”. No dijo nada.
Solo lo miró y se sentó a su lado.
—No vuelvas a irte sin decirlo —murmuró Auren.
Jasen no respondió, pero se quedó.
PRESENTE
AUREN:
—Esto no va a parar —dijo Auren.
JASEN:
—Entonces lo detenemos.
Y esta vez… No hubo bromas.
Solo decisión.
Una notificación.
En el teléfono de Jasen.
Mensaje desconocido.
Solo cuatro palabras: “Ya empezasteis a confiar.”
Y debajo: Una foto. De ellos dos. Juntos. Desde lejos.