AUREN:
La casa no era una casa.
Era una advertencia.
Auren lo supo en el momento en que bajó del coche.
Muros altos.
Cristal blindado.
Guardias en cada ángulo posible.
Y ninguno fingía que aquello era normal.
Jasen bajó a su lado.
Miró la estructura.
Silbó bajo.
—Esto es deprimente.
—Es seguridad —corrigió Auren.
—Es una prisión con decoración cara.
Auren no respondió.
Porque, por una vez, Jasen no exageraba del todo.
JASEN:
Dentro era peor.
Demasiado blanco. Demasiado ordenado. Demasiado silencioso para tantas personas peligrosas en la misma habitación.
Los padres ya estaban allí. Todos.
Como si siempre hubieran pertenecido al mismo espacio.
Eso era lo inquietante.
—Desde hoy —dijo Viktor Vetrov—, esta será la base común.
Silencio.
Jasen levantó la mano.
—Pregunta.
—No.
—No he preguntado todavía.
—No.
—Injusto.
Aleksandre ignoró el intercambio.
—Aquí trabajaremos juntos.
AUREN:
Juntos.
Esa palabra otra vez.
Auren la odiaba un poco más cada vez que la escuchaba.
Valeria estaba allí.
Por supuesto.
Sonriendo como si aquello fuera una oportunidad social.
No un sistema de control.
JASEN:
—¿Y por qué esta casa? —preguntó Jasen.
Sofía respondió sin dudar.
—Neutral.
—No parece neutral —murmuró él.
—Lo es —dijo Elena.
Auren no hablaba.
Miraba.
Analizaba.
Demasiadas salidas. Demasiadas cámaras. Demasiada coordinación.
AUREN:
Esto no era una reunión.
Era una reestructuración.
Y no era temporal.
JASEN:
Valeria se acercó a él cuando los padres se dispersaron.
—Bonita casa, ¿no?
—No.
—Eres difícil.
—Eso dicen cuando quieren que cambies de opinión.
Ella sonrió.
Pero esta vez… menos segura.
AUREN:
Auren los observó.
Demasiado cerca. Demasiado intencionado.
—Tenemos trabajo —dijo Auren.
Jasen lo miró.
—¿Ahora?
—Siempre.
JASEN:
Los padres los llamaron después.
Mapa en la mesa.
Rutas.
Contactos.
Movimientos.
—Hay una brecha —dijo Aleksandre.
—Pequeña —añadió Viktor.
—Pero constante.
Silencio.
AUREN:
—Dividíos —ordenó Sofía.
Auren frunció el ceño.
—No.
—Sí.
Jasen se incorporó.
—Eso es literalmente lo contrario de lo que deberíamos hacer.
Elena lo miró.
—Precisamente por eso funciona.
JASEN:
A Jasen no le gustó nada esa frase.
AUREN:
Se dividieron.
Sin opción. Sin discusión real.
Auren con Viktor.
Jasen con Aleksandre.
Valeria… con acceso libre.
Eso fue lo peor.
JASEN:
El recorrido era largo.
Demasiado largo.
—No confío en esto —dijo Jasen.
Aleksandre no lo miró.
—No necesitas confiar.
—Eso es aún peor.
AUREN:
Auren revisaba datos con su padre.
Pero su mente no estaba allí. Estaba en otra parte.
En Jasen.
Y eso lo molestó.
JASEN:
Algo no encajaba.
Valeria apareció en el pasillo.
—Jasen.
—No ahora.
—Es importante.
No lo era.
O sí.
AUREN:
El sistema de comunicación falló.
Un segundo. Solo uno.
Pero suficiente.
JASEN:
Oscuridad.
Luces de emergencia.
—¿Qué pasa? —dijo Jasen.
Silencio.
Y luego un pitido.
AUREN:
—Se ha activado el protocolo de cierre —dijo Viktor.
Auren ya corría.
JASEN:
—¿Auren? —llamó.
Sin respuesta.
AUREN:
Demasiadas puertas. Demasiados bloqueos.
Algo no era un fallo. Era intencionado.
JASEN:
Una puerta se cerró delante de él.
—Genial —murmuró.
AUREN:
Corrió por otro pasillo.
Y lo vio.
Un guardia… inconsciente.
JASEN:
—Esto no es normal —dijo.
AUREN:
Algo había dentro. Alguien.
JASEN:
Y entonces la vio. Valeria.
De pie.
Demasiado tranquila.
—¿Dónde está Auren? —preguntó ella.
Jasen no respondió.
Porque entendió.
—Tú no estabas aquí por casualidad.
Silencio.
Valeria sonrió.
Pero esta vez no era amable.
—Te han separado a propósito.
Ella no lo negó.
—¿Por qué? —susurró Jasen.
Valeria dio un paso más.
—Porque juntos sois un problema.
Silencio.
Y entonces corrió.
AUREN:
Auren llegó a una puerta final.
Bloqueada.
Golpeó.
Una vez. Dos.
Silencio.
Y luego… Se abrió.
JASEN:
Al otro lado.
Auren.
Se quedaron quietos. Un segundo.
Respirando.
AUREN:
—Te han intentado separar —dijo Auren.
JASEN:
—Lo sé.
AUREN:
—Y casi funciona.
JASEN:
Silencio.
—Casi.
Las luces volvieron.
Pero algo ya había cambiado.
Valeria no estaba jugando. Estaba organizando.