La mansión Vetrov estaba demasiado silenciosa.
No era el tipo de silencio normal.
Era el tipo de silencio que ocurría cuando los adultos estaban cerca, pero no querían ser escuchados.
Auren lo notaba siempre.
Aunque nadie le hubiera enseñado a notarlo.
Solo lo sabía.
Estaba en el pasillo superior cuando escuchó voces abajo.
No gritos. Peor.
Conversación baja. Controlada.
—No pueden seguir viéndose así —dijo una voz.
Auren reconoció a su madre.
Elena.
Silencio breve.
—Son niños —respondió otra voz.
Sofía.
—No lo serán siempre —dijo Viktor.
Auren se quedó quieto.
No debía escuchar eso. Lo sabía. Pero no se movió.
AUREN:
Escuchó su nombre.
Luego el de Jasen.
Luego nada más.
Como si el resto de la conversación no fuera para él.
Y entonces lo entendió.
No del todo.
Pero suficiente.
JASEN:
En la otra mansión no era diferente.
Jasen estaba en el comedor.
Sin hambre. Sin ganas de hablar.
Solo escuchando.
—Es mejor limitar el contacto —dijo Aleksandre.
—No —respondió Elena.
Pausa.
—Es inevitable —añadió alguien.
Jasen frunció el ceño.
“Contacto”.
Como si fueran piezas.
No personas.
AUREN:
Aquella tarde lo vio.
Jasen estaba en el jardín.
Solo. Como siempre.
Auren bajó sin pensar demasiado.
Eso era lo raro.
No lo pensó.
Solo fue.
JASEN:
—Te estaban buscando —dijo Jasen sin mirarlo.
—Ya lo sé.
Silencio.
AUREN:
Se sentó a su lado.
No preguntó por qué estaba solo. No preguntó nada.
Solo se quedó.
JASEN:
—Dicen cosas raras —murmuró Jasen.
Auren lo miró.
—Siempre dicen cosas raras.
—No así.
Silencio.
AUREN:
Jasen tiró una piedra al suelo.
Una. Otra.
—Dicen que no deberíamos hablar tanto.
Auren no respondió.
Porque ya lo sabía.
JASEN:
—¿Tú también lo has oído?
Silencio.
Auren asintió.
AUREN:
No le gustaba lo que sentía.
No sabía ponerle nombre.
Pero no era miedo.
Era algo más pesado.
JASEN:
—Entonces es verdad —dijo Jasen.
Auren negó.
—No.
—Pero lo dijeron.
—No significa nada.
AUREN:
Jasen lo miró.
Demasiado serio para su edad.
—¿Y si lo cambian?
Silencio.
JASEN:
Auren tardó en responder.
—No pueden.
Pero no sonó seguro.
AUREN:
El viento movió las hojas.
Demasiado lento. Demasiado normal.
Y aun así…
Algo había cambiado.
JASEN:
—Si algún día dejan de dejarnos vernos… —empezó Jasen.
Pausa.
—No lo harán —interrumpió Auren.
Pero esta vez Jasen no sonrió.
AUREN:
Se miraron.
Mucho más tiempo del habitual.
Y sin saber por qué…
Ninguno quería ser el primero en romper el silencio.
JASEN:
—Entonces prométeme algo —dijo Jasen finalmente.
Auren lo miró.
—¿Qué?
AUREN:
Jasen dudó.
Por primera vez.
—Que si lo intentan… no vas a hacer como si no importara.
Silencio.
JASEN:
Auren bajó la mirada un segundo.
Luego asintió.
—No lo haré.
AUREN:
Y en ese momento no sabían que esa promesa…
No era sobre separaciones. Era sobre lo que vendría después.