Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 12. Cuando no responder sí es una respuesta.

AUREN:

Auren supo que algo iba mal antes de abrir los ojos.

No fue intuición. Fue costumbre.

La casa ya no tenía silencios normales. Tenía silencios vigilados.

Se incorporó en la cama.

Miró el reloj: 06:43.

Jasen ya debería haber pasado por allí, o enviado un mensaje, o hecho ruido, o algo.

Pero no había nada. Solo vacío.

JASEN:

Jasen no estaba en la mansión. Ni en los pasillos. Ni en el jardín. Ni en ningún sitio donde debería estar.

Y eso, en su caso, era raro.

Porque Jasen siempre aparecía. Aunque no lo llamaran.

AUREN:

El primer guardia que vio evitó su mirada.

Error.

Auren lo notó.

—¿Dónde está? —preguntó.

Silencio. Demasiado largo.

JASEN:

Jasen abrió los ojos en un lugar que no reconoció del todo.

Oscuro. Frío. Metal.

No estaba atado. Eso era lo extraño.

Solo… encerrado.

Una puerta. Sin manija.

—Genial —murmuró.

AUREN:

El segundo error fue la ausencia de los adultos.

Demasiado silencio arriba. Demasiado controlado.

Auren bajó las escaleras. Rápido.

JASEN:

Al otro lado de la puerta escuchó pasos.

No de guardia.

Más ligeros.

La puerta se abrió.

Valeria.

—Hola —dijo ella.

Jasen la miró.

Sin sorpresa.

Solo cansancio.

—No tienes buena cara —añadió ella.

—Tú tampoco tienes buena idea.

Ella sonrió.

Pero no como antes.

Ahora era distinta.

AUREN:

Auren llegó al despacho de su padre.

Vacío.

Demasiado limpio.

Un papel sobre la mesa.

Solo uno.

“Está fuera de control. Lo estamos corrigiendo.”

Silencio.

JASEN:

—Esto no es necesario —dijo Jasen.

Valeria se apoyó en la pared.

—Sí lo es.

—No.

—Sí.

Pausa.

—Porque si sigues con él…

Silencio.

AUREN:

Auren entendió antes de terminar de leer.

No era un secuestro externo.

Era interno.

Un ajuste.

JASEN:

—¿Dónde está Auren? —preguntó Jasen.

Valeria lo miró.

Demasiado tranquila.

—Seguro buscándote.

AUREN:

Auren salió de la mansión.

Sin permiso. Sin escolta. Sin nada.

JASEN:

La puerta se abrió otra vez.

Pero esta vez…

Era ruido.

AUREN:

—¡JASEN!

JASEN:

Por primera vez en horas… Respiró.

AUREN:

Se encontraron en medio del pasillo.

Sin protocolo. Sin seguridad. Solo ellos.

JASEN:

—No me han hecho nada —dijo Jasen.

—Ya lo sé.

Silencio.

AUREN:

Auren lo miró.

Buscando algo.

Daño. Control.

Cualquier cosa.

JASEN:

—Ha sido ella —dijo Jasen.

Auren no preguntó quién.

Porque ya lo sabía.

AUREN:

Valeria apareció detrás.

Lenta. Tranquila.

—No podíais seguir así —dijo.

Silencio.

JASEN:

—¿Así cómo? —preguntó Jasen.

—Funcionando juntos.

AUREN:

Auren dio un paso adelante.

—Eso no es tu decisión.

Valeria sonrió.

—Ahora sí.

JASEN:

Silencio.

Y entonces algo cambió.

No miedo. No sorpresa.

Decisión.

AUREN:

—Nos vamos —dijo Auren.

JASEN:

—Sí.

Sin discusión.

AUREN:

Corrieron.

Esta vez no hacia el enemigo. Sino hacia fuera.

JASEN:

Detrás, voces.

Gritos.

Órdenes.

Pero no se detuvieron.

AUREN:

Hasta que la verja quedó atrás.

Silencio.

Aire libre.

JASEN:

—Esto va a empeorar —dijo Jasen.

Auren asintió.

—Sí.

El coche de Valeria observándolos desde lejos. Sin moverse.

Y por primera vez… No sonreía.




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