Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 16. El primer movimiento.

La mañana en Italia no parecía peligrosa.

Y ese era exactamente el problema.

En la mansión, todo estaba demasiado limpio, demasiado ordenado, demasiado silencioso para ser normal.

Auren se despertó antes de que el reloj marcara las siete.

No por costumbre.

Sino por sensación.

Algo no encajaba.

Se incorporó lentamente, observando la habitación.

Jasen no estaba.

Eso no era raro. Pero el silencio sí.

Había menos movimiento en la casa. Menos ruido de seguridad. Menos presencia de guardias en los pasillos.

Como si alguien hubiera apagado partes del edificio sin avisar.

Auren se vistió sin prisa.

Y salió.

El pasillo estaba casi vacío.

Normalmente había guardias en cada tramo, personal de apoyo, radios funcionando en segundo plano.

Ahora no.

Solo espacio. Solo aire. Solo una sensación constante de “demasiado tarde”.

Auren avanzó con calma, pero analizando cada detalle.

Una puerta abierta que debería estar cerrada.

Un sensor sin luz.

Un guardia ausente en su punto habitual.

Demasiadas irregularidades para ser casualidad.

En la cocina, Jasen estaba apoyado contra la encimera.

—Esto no me gusta —dijo sin mirarlo.

Auren entró.

—A mí tampoco.

—No hay movimiento.

—Sí lo hay.

Jasen lo miró.

—Entonces lo están escondiendo.

Auren asintió.

—Exacto.

La tensión en la casa no era evidente.

Era estructural.

Se sentía en cómo nadie terminaba de estar donde debía.

En cómo las conversaciones eran cortas.

En cómo los adultos evitaban detalles.

Elena pasó por el pasillo.

—Hoy hay ajustes internos —dijo sin detenerse.

—¿Qué tipo de ajustes? —preguntó Auren.

—De seguridad.

—¿En toda la casa?

Elena no respondió.

Eso fue suficiente.

Valeria apareció unos minutos después.

Demasiado tranquila.

Demasiado precisa.

—Buenos días —dijo.

Jasen la observó.

—No suena a buenos días.

—Depende del punto de vista —respondió ella.

Auren la miró.

No dijo nada. Pero la evaluó.

Algo en ella había cambiado.

Aleksandre reunió a todos en el salón principal.

—Reorganización de protocolos —anunció.

Silencio.

Jasen frunció el ceño.

—¿A estas horas?

—Es necesario —respondió Viktor.

Auren cruzó los brazos.

—Eso no es una explicación.

Las luces parpadearon.

Una vez. Luego otra.

Y entonces las puertas del ala principal se bloquearon automáticamente.

El sonido fue seco.

Definitivo.

—No me gusta ese sonido —murmuró Jasen.

—Bloqueo interno —dijo Auren.

El sistema de la casa cambió por completo.

Pasillos aislados.

Puertas cerradas.

Secciones independientes.

Como si el edificio hubiera decidido dividirse solo.

Pero Auren lo entendió al instante.

No era el edificio.

Era alguien.

—Esto es intencional —dijo.

Jasen lo miró.

—Entonces nos están encerrando.

—Sí.

Valeria no se movió. Eso fue lo peor.

No estaba sorprendida. Estaba esperando.

—No deberíais separaros —dijo ella.

Auren la miró.

—No lo haremos.

Valeria sonrió.

—Eso ya lo veremos.

Las puertas entre ellos comenzaron a cerrarse.

Rápidas.

Metódicas.

Separando zonas completas.

—¡Auren! —llamó Jasen desde el otro lado.

Pero una barrera metálica cayó entre ambos. Definitiva.

Silencio.

Auren no corrió hacia ella. Ya no tenía sentido.

Solo observó el sistema.

Analizó. Comprendió.

Esto no era un ataque.

Era una reorganización controlada.

Y Valeria estaba detrás.

En algún punto de la casa, Jasen golpeaba una puerta.

—¡Esto es absurdo!

Sin respuesta.

Solo sistemas cerrados.

Auren avanzaba por otro pasillo.

Solo. Separado.

Pero consciente de algo muy claro: Esto no era accidental.

Valeria caminaba detrás de él.

Sin prisa. Sin presión.

Como si todo estuviera exactamente como quería.

—No es personal —dijo ella.

Auren no la miró.

—Siempre es personal.

—No esta vez —respondió ella.

Y en algún punto lejano de la casa, Jasen intentaba forzar un acceso.

Sin éxito.

Los dos estaban separados.

Pero ambos entendían lo mismo.

Esto no era caos. Era control.

Y Valeria lo estaba ejecutando.




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