La lluvia había dejado el suelo más oscuro de lo normal.
Jasen estaba sentado en el borde de la fuente.
Auren llegó sin hacer ruido.
Se sentó a su lado.
Sin preguntar. Sin interrumpir.
—Hoy dijeron algo —murmuró Jasen.
Auren lo miró.
—Siempre dicen algo.
—Esto no era como siempre.
Silencio.
Jasen bajó la mirada.
—Dijeron que si seguimos así… todo va a complicarse.
Auren no respondió de inmediato.
—¿Quién?
—Los adultos.
El agua de la fuente estaba quieta.
Demasiado quieta.
—¿Y qué quieres hacer? —preguntó Auren.
Jasen dudó. Demasiado.
—No lo sé.
Auren lo miró.
—Entonces no hagas nada.
Jasen frunció el ceño.
—Eso no sirve.
—Sí sirve.
Silencio.
Jasen apretó la piedra de la fuente.
—Te odio.
Auren no reaccionó.
—Lo sé.
Jasen lo miró.
—No lo digo en serio.
—Ya lo sé.
Y por primera vez, Jasen no insistió.
Solo se quedó allí.