Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 18. Demasiado cerca.

La habitación estaba en silencio cuando entraron.
No el silencio incómodo de antes.
Este era distinto.
Más pesado. Más consciente.
Jasen apoyaba parte de su peso en Auren, intentando no quejarse demasiado, aunque cada paso en su pierna herida lo delataba.
—No es tan grave —murmuró Jasen.
—Te estás agarrando a mí como si fuera una silla —respondió Auren.
—No estoy tan mal.
Auren lo miró de reojo.
—Claro.
No discutieron más.
Porque no hacía falta.
La puerta se cerró detrás de ellos.
Y el mundo se redujo a una sola habitación otra vez.
Demasiadas veces en muy poco tiempo.

JASEN:
—Esto empieza a ser un patrón —dijo intentando sonar normal.
Auren no respondió.
Fue directo al pequeño botiquín que había en el baño.
AUREN:
No preguntó si le dolía. No preguntó cuánto.
Solo volvió con hielo y vendas.
Jasen lo miró.
—No tienes que hacer esto.
—Sí tengo.
—No.
Auren lo ignoró.
Se sentó frente a él.
JASEN:
Cuando Auren le subió ligeramente el pantalón para ver la herida, Jasen respiró hondo.
—Vale… eso sí que duele más que la caída.
—Cállate.
—Estoy siendo sincero.
Auren colocó el hielo envuelto con cuidado.
Sin brusquedad.
Pero tampoco con delicadeza exagerada.
Simple. Preciso.
AUREN:
—No te muevas.
—Estoy intentando no hacerlo.
—No lo suficiente.
Jasen soltó una risa leve.
Silencio.
JASEN:
La habitación era demasiado pequeña ahora.
O quizá eran ellos demasiado conscientes.
Auren estaba demasiado cerca. Otra vez.
Como siempre que algo salía mal.
—Sabes que esto es raro, ¿no? —murmuró Jasen.
Auren no levantó la mirada.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Auren suspiró.
—Es una herida.
—No hablo de la pierna.
Silencio.
AUREN:
Auren se detuvo un segundo.
Luego siguió vendando.
—Entonces no hables.
JASEN:
Jasen lo miró.
—Esa es tu solución para todo.
—Funciona.
Silencio.
JASEN:
El aire cambió.
No de forma evidente.
Pero sí suficiente.
Auren estaba demasiado cerca.
Las manos todavía sujetando su pierna.
La mirada fija en el vendaje.
Y Jasen, por primera vez en mucho tiempo, dejó de hablar.
AUREN
Levantó la vista un segundo.
Solo un segundo.
Y lo vio.
Jasen lo estaba mirando.
Demasiado fijo. Demasiado silencioso.
—¿Qué? —preguntó Auren.
Jasen no respondió.
JASEN:
No sabía qué estaba mirando exactamente.
No era la herida. No era el vendaje.
Era él. Otra vez.
—Nada —dijo al final.
Pero no apartó la mirada.
AUREN:
Auren terminó el vendaje.
Se quedó quieto un segundo más de lo necesario.
Demasiado cerca. Demasiado consciente.
—Ya está —dijo.
JASEN:
—Gracias —respondió Jasen, más bajo de lo normal.
Silencio.
AUREN:
Se levantó.
Pero no se alejó del todo. Solo medio paso.
Lo suficiente para que no fuera evidente.
JASEN:
—Esto… —empezó Jasen.
Se detuvo.
Auren lo miró.
—¿Qué?
Silencio.
—Nada.
Pero se había inclinado un poco.
Sin darse cuenta del todo.
O quizá sí.
AUREN:
Auren no retrocedió.
Y por un segundo… no hubo distancia.
JASEN:
El aire se quedó quieto. Demasiado quieto.
Jasen bajó la mirada a los labios de Auren sin querer.
Y luego volvió a sus ojos.
Silencio.
AUREN:
—No —dijo Auren en voz baja.
No era una orden fuerte. Era… una advertencia.
JASEN:
—No estaba haciendo nada —respondió automáticamente.
Pero no se separó inmediatamente.
AUREN:
Auren respiró hondo.
Y dio un paso atrás.
Rompiendo el momento.
JASEN:
—Sí… claro —murmuró Jasen.
Se recostó mejor en la cama.
Como si nada hubiera pasado. Como si no hubiera estado a milímetros de algo que no sabía nombrar.
AUREN:
Auren recogió el botiquín.
—Descansa.
—Siempre das órdenes —dijo Jasen.
—Funcionan.
JASEN:
—Te odio.
Auren se detuvo en la puerta.
—Lo sé.
Y salió.
La puerta se cerró.
Y el silencio volvió.
En otra parte de la casa.
Valeria observaba las cámaras.
Sin expresión.
Solo anotando.
“Incremento de proximidad.”
Pausa.
“Reacción emocional detectada.”
Y apagó la pantalla.




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