Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 19. Algo ya se rompió.

La mañana siguiente no fue tranquila.

No porque hubiera pasado algo visible.

Sino porque todo el mundo estaba actuando como si no hubiera pasado nada.

Y eso, en una casa como aquella, siempre significaba que algo había pasado.

Auren lo notó en el momento en que salió de la habitación.

Los pasillos estaban demasiado limpios.

Demasiado organizados. Demasiado “normales”.

Como si alguien hubiera borrado la noche anterior a propósito.

AUREN:

Auren caminó sin prisa.

Pero con atención.

Cada cámara, cada guardia, cada movimiento estaba en su sitio otra vez.

Demasiado perfecto. Demasiado rápido para ser reparación natural.

Jasen apareció unos minutos después.

Caminando más lento.

Todavía con ligera rigidez en la pierna.

Pero fingiendo que no era nada.

—No mires —dijo Jasen al verlo.

—Te estoy mirando igual —respondió Auren.

JASEN:

—No fue tan grave.

—Te arrastré hasta la habitación ayer.

—Eso no significa nada.

Auren lo miró.

—Claro.

Silencio.

Jasen bajó la voz.

—¿Has notado algo raro?

Auren no respondió de inmediato.

—Todo.

Eso fue suficiente.

AUREN:

Entraron en el salón principal.

Los adultos ya estaban reunidos.

Pero el ambiente era distinto.

Más tenso. Menos controlado.

Elena estaba de pie.

Viktor no hablaba.

Sofía observaba el suelo.

Aleksandre tenía el ceño fruncido.

Y Valeria… Valeria estaba tranquila. Demasiado tranquila.

JASEN:

—Ella está demasiado feliz —murmuró Jasen.

Auren no respondió.

Pero lo pensaba exactamente igual.

Elena habló primero.

—Ha habido una revisión de seguridad nocturna.

Silencio.

—¿Quién la ordenó? —preguntó Auren.

Viktor no respondió.

Eso fue respuesta suficiente.

Jasen cruzó los brazos.

—Alguien está moviendo cosas sin permiso.

Aleksandre lo miró.

—No es tan simple.

—Sí lo es —respondió Jasen.

Silencio.

AUREN:

Valeria dio un paso adelante.

—No es un problema —dijo ella.

Jasen la miró.

—Todo lo que dices empieza con “no es un problema” y termina siendo uno.

Valeria sonrió.

—Eso es percepción.

JASEN:

Jasen sintió algo incómodo.

No miedo. No rabia.

Algo peor. Certeza.

—Tú estás metida en esto —dijo.

Valeria lo miró directamente.

—Todos estamos metidos.

AUREN:

Auren dio un paso adelante.

—No juegues con esto.

Valeria sostuvo su mirada.

—No estoy jugando.

Silencio.

JASEN:

El ambiente cambió.

Ya no era reunión.

Era tensión abierta.

Jasen miró a Auren.

Y entendió algo sin hablarlo.

Esto estaba escalando.

AUREN:

Esa noche, la casa volvió a cambiar.

No de forma evidente.

Sino estructural.

Cámaras moviéndose.

Guardias reasignados.

Puertas que antes eran accesibles ahora bloqueadas.

Auren lo sintió en el primer pasillo.

—Está reorganizando otra vez —murmuró.

JASEN:

—¿Valeria?

Auren asintió.

—Sí.

Silencio.

AUREN:

Jasen apretó la mandíbula.

—La próxima vez que intente algo así…

Auren lo miró.

—No.

Jasen lo miró.

—¿No qué?

—No actúes solo.

Silencio.

JASEN:

Eso lo molestó.

Más de lo que debería.

—No necesito que me digas qué hacer.

Auren no levantó la voz.

—Lo sé.

—Entonces no lo hagas.

Silencio.

AUREN:

Auren dio media vuelta.

—Haz lo que quieras.

Y se fue.

JASEN:

Jasen se quedó quieto.

Porque el problema no era la discusión.

Era que Auren se había ido sin mirar atrás.

Y eso no le gustó.

En una sala de control oculta, Valeria observaba todo.

La reorganización.

Las rutas.

Las reacciones.

Y por primera vez, no sonreía.

—Se están adaptando demasiado rápido —murmuró.

Pausa.

—Entonces habrá que acelerar.

Y apagó el sistema de monitoreo parcial.




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