La casa estaba en silencio. Otra vez.
Pero ya no era el mismo silencio de antes.
Este era más tenso. Más consciente.
Como si el edificio entero estuviera esperando a que algo ocurriera.
Auren lo notó en el momento en que entró en la habitación.
Jasen estaba dentro.
Apoyado en la cama.
Intentando alcanzar algo en el estante superior del armario.
AUREN:
—¿Qué haces? —preguntó.
Jasen no giró la cabeza.
—Intento recuperar mi dignidad.
Auren lo miró en silencio.
—Eso no está ahí arriba.
—Pues entonces un libro.
JASEN:
Estiró el brazo un poco más. Demasiado.
La pierna todavía no estaba del todo bien, y perdió ligeramente el equilibrio.
—Vale… esto está más alto de lo que recordaba…
Auren suspiró.
—Te vas a caer.
—No.
—Sí.
—No.
AUREN:
Auren dio un paso hacia él.
—Aparta.
—Puedo hacerlo solo.
—No puedes.
JASEN:
Jasen giró un poco la cabeza.
—Eso es muy ofensivo.
—Es realista.
Y en ese momento… Jasen perdió el equilibrio.
AUREN:
—Jasen.
Fue instintivo.
Auren lo agarró del brazo para evitar la caída.
Pero el movimiento salió mal.
JASEN:
Todo pasó demasiado rápido.
Un tirón. Un giro.
El equilibrio roto.
Y de repente… ya no estaba de pie.
AUREN:
Auren intentó estabilizarlo.
Pero el peso de Jasen lo arrastró.
Y los dos cayeron.
Sobre la cama.
Silencio... No inmediato. No cómodo.
Uno de esos silencios que tardan en entender lo que ha pasado.
Jasen encima de Auren.
Demasiado cerca. Demasiado consciente.
JASEN:
Parpadeó.
Una vez. Dos.
—Esto… no estaba planificado.
AUREN:
Auren no se movió al instante.
No porque no pudiera.
Sino porque no era tan simple.
—Ya me di cuenta.
JASEN:
El aire entre ellos era demasiado corto. Demasiado pequeño. Demasiado lleno de algo que ninguno quería nombrar.
—Podrías moverte —murmuró Jasen.
AUREN:
—Podrías moverte tú.
Silencio.
JASEN:
No lo hizo. No de inmediato.
Y eso fue el problema.
AUREN:
Auren lo miró.
Demasiado cerca. Demasiado claro. Demasiado todo.
—Te estás quedando quieto —dijo.
JASEN:
—Estoy pensando.
—Eso es peligroso.
JASEN:
Jasen soltó una risa corta.
Muy baja.
—No es eso lo que es peligroso ahora.
Silencio.
AUREN:
El ambiente cambió.
No por movimiento.
Sino por conciencia.
Jasen estaba demasiado cerca. Su respiración demasiado cerca.
Sus ojos demasiado atentos.
Y Auren… no se apartaba.
JASEN:
—Esto es raro —susurró.
—Sí.
—No debería serlo.
AUREN:
Auren lo miró directamente.
—Entonces aléjate.
Silencio.
JASEN:
No lo hizo.
Pero tampoco se acercó más.
Y eso fue lo peor.
Porque ninguno se movía.
El tiempo se quedó suspendido.
Solo ellos. Solo la habitación. Solo una distancia inexistente que ninguno cruzaba.
Y entonces… alguien golpeó la puerta.
Jasen reaccionó primero.
Se apartó rápido.
Auren también.
Como si nada hubiera pasado.
—¿Sí? —dijo Auren.
La puerta no se abrió del todo.
Solo una voz.
—Reunión inmediata.
Silencio.
Jasen se incorporó lentamente.
Auren también.
Y ninguno dijo lo que ambos sabían: ese momento había existido.
En otra parte de la casa, Valeria observaba desde una cámara apagada parcialmente.
Y sonrió.
—Demasiado cerca —murmuró.
Y apagó la pantalla.