Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 22. Reubicación.

La decisión no se discutió. Se ejecutó.

Eso fue lo primero que Auren entendió.

No hubo votación real. No hubo negociación. No hubo espacio para desacuerdo.

Solo una frase.

—Se os reubica.

AUREN:

Auren no reaccionó al instante.

No porque no entendiera, sino porque entendía demasiado bien.

—¿Reubicar? —preguntó.

Viktor no lo miró directamente.

—Nuevo protocolo de seguridad.

Jasen soltó una risa corta.

—Eso suena a “os estamos escondiendo porque alguien intentó matarnos dentro de casa”.

Silencio. Demasiado largo. Demasiado claro.

JASEN:

Valeria no estaba en la sala.

Eso fue lo primero que notó.

Y lo segundo fue peor.

Porque nadie la mencionó.

Como si ya no fuera el problema. Como si ya hubiera cumplido su función.

—Esto es por ella —dijo Jasen.

Elena lo miró.

—No es solo por ella.

—Claro que sí.

AUREN:

Auren dio un paso adelante.

—¿Dónde?

Aleksandre respondió sin emoción.

—Departamento seguro.

Jasen frunció el ceño.

—¿Departamento?

—Pequeño —añadió Sofía.

Silencio.

JASEN:

—Eso no es reubicación —murmuró— eso es aislamiento.

Viktor lo miró por fin.

—Es protección.

Jasen lo miró de vuelta.

—No necesitamos protección.

Silencio.

AUREN:

Auren ya lo había entendido.

No era protección.

Era control de daños.

Y también era separación.

JASEN:

—¿Y Valeria? —preguntó Jasen.

Silencio inmediato.

El tipo de silencio que responde sin palabras.

AUREN:

—Está fuera —dijo Auren.

Nadie lo corrigió.

JASEN:

Jasen sintió algo raro.

No alivio. No rabia.

Algo peor. Dirección.

—Entonces esto ya empezó de verdad —murmuró.

AUREN:

Auren no respondió. Pero lo sabía.

El traslado fue rápido. Demasiado rápido.

Sin explicaciones. Sin margen.

El nuevo lugar no era una mansión. No era una base.

Era un departamento. Pequeño. Demasiado pequeño para dos personas que nunca habían compartido nada sin tensión.

JASEN:

—Esto es un chiste —dijo Jasen al entrar.

La puerta se cerró detrás de ellos.

Un dormitorio. Una cama.

Otra habitación apenas separada por una pared fina.

—No es un chiste —respondió Auren.

AUREN:

Auren dejó la mochila en el suelo.

Analizó el espacio.

Salidas.

Cerraduras.

Ventanas.

Todo demasiado simple. Demasiado expuesto.

—Nos están alejando del sistema —dijo.

JASEN:

—O nos están acercando a algo peor —murmuró.

Silencio.

AUREN:

Auren lo miró.

—Valeria quería esto.

Jasen lo miró de vuelta.

—Ya lo sé.

JASEN:

Se dejó caer en el borde de la cama.

—Esto no es seguridad.

—No.

—Es espera.

Auren asintió.

Silencio.

El departamento era pequeño. Demasiado pequeño.

Cada sonido se amplificaba. Cada respiración era más clara de lo necesario.

AUREN:

Auren cerró la puerta principal. El clic sonó definitivo.

Y en ese momento… algo en el aire cambió.

No era peligro inmediato. Era dirección.

JASEN:

—Esto no acaba aquí —dijo Jasen.

Auren lo miró.

Y por primera vez en mucho tiempo… no fue una respuesta fría.

—Lo sé.

En algún lugar lejos del departamento.

Valeria observaba una pantalla.

No cámaras. No movimiento.

Solo mapas.

Rutas.

Posiciones.

Y una línea marcada. Roja. Fija.

—Ahora sí —murmuró.

Pausa.

—Que empiece el siguiente movimiento.

Y apagó la luz.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.