Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 23. Una cama demasiado pequeña.

El departamento era silencioso.
No el silencio elegante de una mansión. Ni el silencio vigilado de una casa segura.
Era un silencio normal. Extraño. Casi incómodo.
Porque ninguno de los dos estaba acostumbrado a algo tan simple.
La noche había caído hacía horas.
Las luces de la ciudad entraban por la ventana.
Y Jasen estaba mirando la cama.
JASEN:
—No.
Auren levantó la vista del libro.
—¿No qué?
—No voy a dormir ahí.
—Es una cama.
—Es una cama pequeña.
—Sigue siendo una cama.
—Para una persona.
Auren volvió a la lectura.
—Entonces duerme en el suelo.
Jasen lo señaló.
—Eres una persona horrible.
—Lo sé.
Silencio.
AUREN:
Cinco minutos después.
Jasen seguía mirando la cama.
Como si esperara que creciera por sí sola.
—Sigues ahí.
—Estoy evaluando mis opciones.
—No tienes opciones.
—Qué inspirador.
JASEN:
Al final fue inevitable.
Porque el sofá era demasiado pequeño.
El suelo demasiado incómodo.
Y la habitación demasiado ridícula.
Por lo tanto... Los dos terminaron en la misma cama.
Y ninguno estaba contento.
—No cruces la línea imaginaria.
—No existe ninguna línea.
—Ahora sí existe.
Auren cerró los ojos.
—Duérmete.
—Mandón.
AUREN:
Silencio.
Tres segundos. Cinco. Diez.
—¿Auren?
Auren abrió un ojo.
—¿Qué?
—¿Estás dormido?
—Claramente no.
—Perfecto.
Silencio.
—¿Crees que Valeria actuó sola?
Y ahí estaba.
La pregunta que ambos llevaban evitando desde que llegaron.
JASEN:
Auren tardó en responder.
—No.
—Yo tampoco.
Silencio.
La oscuridad volvió.
—¿Crees que intentará algo más?
—Sí.
—Genial.
—Lo sé.
AUREN:
Por primera vez en mucho tiempo... No estaban discutiendo. Solo hablando.
Y eso era raro.
JASEN:
Demasiado raro.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Qué?
—Que me estoy acostumbrando a esto.
Silencio.
AUREN:
—¿Al departamento?
A ti.
Silencio. Uno largo. Demasiado largo.
JASEN:
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa cara.
—No estoy poniendo ninguna cara.
—Claro que sí.
Y por primera vez en varios días... Auren soltó una risa.
Pequeña. Muy pequeña. Pero real.
AUREN:
Jasen sonrió inmediatamente.
Como siempre.
Y por alguna razón... Aquello hizo que el departamento pareciera menos pequeño.
JASEN:
La conversación terminó poco después.
O al menos eso parecía.
Porque media hora más tarde... Seguían despiertos.
Mirando el techo. Pensando demasiado.
AUREN:
Fue entonces cuando lo escuchó.
Jasen se movió. Otra vez. Y otra.
—¿Qué haces?
Silencio.
—Nada.
Mentira.
JASEN:
—No puedo dormir.
—Lo imaginé.
Silencio.
—¿Tú sí?
Auren tardó en responder.
—No.
JASEN:
Eso lo sorprendió.
Porque Auren siempre parecía capaz de dormir en cualquier situación.
Siempre parecía controlarlo todo.
Pero ahora... No.
AUREN:
La habitación volvió a quedarse en silencio.
Y por primera vez en mucho tiempo...
No era incómodo.
Era tranquilo.
Mucho después.
Cuando finalmente el cansancio ganó.
Jasen se quedó dormido primero.
Y sin darse cuenta... Terminó acercándose ligeramente.
Auren lo notó.
Podría haberlo apartado.
No lo hizo.
Y por alguna razón... Tampoco volvió a dormirse inmediatamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.