Entre Vetrov y Vlasov.

FLASHBACK 24. Hace nueve años.

La tormenta había empezado al anochecer.
Y para cuando la noche cayó por completo... parecía que el cielo estaba intentando partirse en dos.
La lluvia golpeaba los ventanales.
El viento hacía crujir los árboles del jardín.
Y cada relámpago iluminaba la mansión durante apenas un segundo antes de devolverla a la oscuridad.
Jasen estaba convencido de que la casa iba a derrumbarse.
No importaba que los adultos dijeran que era imposible.
No importaba que la mansión hubiera sobrevivido a tormentas peores.
No importaba nada.
Porque cada trueno sonaba como una explosión.
Y cada relámpago parecía más cerca que el anterior.
Intentó dormir.
Lo intentó de verdad.
Pero después del cuarto trueno especialmente fuerte...
se rindió.
Se incorporó en la cama.
Esperó.
Escuchó.
Otro trueno.
Y tomó una decisión.
Corrió por el pasillo.
Descalzo.
Con el pijama arrugado.
Y el orgullo completamente abandonado.
Porque había una persona que siempre parecía saber qué hacer.
Aunque fuera insoportable.
Aunque fuera mandón.
Aunque fuera Auren.
Llegó a la puerta.
Dudó.
Solo un segundo.
Y llamó.
Nada.
Volvió a llamar.
—¿Qué?
La voz llegó desde dentro.
Molesta.
Somnolienta.
Jasen abrió la puerta apenas un poco.
Auren estaba sentado en la cama.
Con el cabello despeinado.
Claramente recién despertado.
—¿Qué haces aquí?
Jasen cruzó los brazos.
—Nada.
—Son las tres de la mañana.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué estás aquí?
Silencio.
Otro trueno.
Más fuerte.
Y Auren entendió inmediatamente.
—Ah.
—No digas "ah".
—Tienes miedo.
—No tengo miedo.
—Claro.
—No tengo miedo.
—Jasen.
—Solo vine porque...
Se detuvo.
Porque admitirlo era horrible.
Absolutamente horrible.
Auren esperó.
Y esperó.
Y finalmente...
—Pensé que la casa podía romperse.
Silencio.
Un silencio largo.
Y entonces...
Auren soltó una carcajada.
Jasen lo señaló inmediatamente.
—¡NO TE RÍAS!
—Lo siento.
—¡NO LO SIENTES!
—No.
—¡AUREN!
La risa continuó unos segundos más.
Hasta que Auren consiguió calmarse.
Más o menos.
—La casa no va a romperse.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque está hecha para soportarlo.
—¿Y si esta tormenta es más fuerte?
—No lo es.
—¿Y si sí?
—No.
—¿Y si-
—Jasen.
Silencio.
Auren suspiró.
Y levantó ligeramente la manta.
—Ven aquí.
Jasen parpadeó.
—¿Qué?
—O te quedas ahí haciendo preguntas absurdas hasta el amanecer.
Silencio.
—No hago preguntas absurdas.
—Acabas de preguntarme si una mansión de piedra iba a salir volando.
—Podría pasar.
—Ven aquí.
Jasen dudó.
Mucho.
Porque tenía dignidad.
Bueno.
Un poco.
Finalmente se acercó.
Y se sentó al borde de la cama.
Otro trueno resonó.
Y sin pensarlo demasiado... se acercó un poco más.
Auren lo vio.
No dijo nada.
Otro relámpago.
Y esta vez Jasen se sobresaltó.
Solo un poco.
Pero suficiente.
Porque Auren soltó otro suspiro.
Y entonces hizo algo que ninguno de los dos recordaría admitir años después.
Lo abrazó.
Fue breve.
Natural.
Instintivo.
Como si no hubiera pensado demasiado en ello.
—La casa no va a romperse.
Jasen permaneció quieto.
Escuchando la tormenta.
Escuchando el corazón acelerado por el susto.
Y poco a poco... la tensión empezó a desaparecer.
—¿Seguro?
—Seguro.
—¿Completamente seguro?
—Sí.
—¿Cien por cien?
—Jasen.
—Vale.
Silencio.
La tormenta siguió rugiendo afuera.
Pero ya no parecía tan terrible.
Porque ahora no estaba solo.
Y aunque nunca lo admitiría... eso hacía toda la diferencia.

Años después, tumbado en aquella cama ridículamente pequeña del departamento, Jasen no recordaría toda la conversación.

Ni los truenos.

Ni el miedo.

Ni siquiera la mitad de las palabras.

Pero sí recordaría una sensación.

La sensación de que cuando el mundo parecía demasiado grande, demasiado oscuro o demasiado peligroso... Auren siempre terminaba estando allí.

Y quizá eso era precisamente lo que empezaba a asustarlo ahora.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.