Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 25. No salgáis.

La mañana llegó gris.

La lluvia de la noche anterior había desaparecido.

Pero las nubes seguían cubriendo el cielo.

Y el departamento seguía pareciendo demasiado pequeño.

JASEN:

Jasen estaba intentando preparar café.

Intentando.

Porque después de tres intentos fallidos ya empezaba a sospechar que aquella cafetera tenía algo personal contra él.

—¿Cómo puede existir algo tan complicado?

Auren levantó la vista del portátil.

—Es literalmente un botón.

—Es un botón mal diseñado.

—Claro.

—Me alegra que estés de acuerdo.

—No lo estoy.

Jasen iba a responder cuando llamaron a la puerta.

Los dos se quedaron inmóviles.

Porque nadie debía saber que estaban allí.

AUREN:

Instintivamente cerró el portátil.

Jasen abandonó inmediatamente la cafetera.

Silencio.

Tres golpes.

Pausa.

Dos golpes más.

La señal acordada.

JASEN:

—Son ellas.

Auren asintió.

Abrió la puerta.

Y allí estaban.

Elena.

Y Sofía.

Cargadas con varias cajas.

AUREN:

Elena entró primero.

—Vaya.

Miró el departamento.

—Es peor de lo que imaginaba.

—Gracias, mamá.

—De nada.

JASEN:

Sofía observó la habitación.

La cama. La única cama.

Y levantó una ceja.

—Interesante.

—No empieces.

—No he dicho nada.

—Lo estabas pensando.

—Muchísimas cosas.

—Mamá.

—Vale.

No estaba arrepentida en absoluto.

AUREN:

Las cajas terminaron sobre la mesa.

Comida.

Medicinas.

Agua.

Equipamiento.

Demasiadas cosas.

Y eso nunca era buena señal.

JASEN:

Fue entonces cuando dejó de bromear.

Porque entendió algo.

Si habían traído tanto... era porque esperaban que permanecieran allí bastante tiempo.

AUREN:

Elena se volvió seria. Muy seria.

Y eso hizo que el ambiente cambiara inmediatamente.

—Necesitamos que escuchéis con atención.

Silencio.

JASEN:

Auren se apoyó contra la pared.

—¿Qué ocurre?

Sofía intercambió una mirada con Elena.

Y eso bastó para que el estómago de Jasen se tensara.

Porque ninguna de las dos parecía tranquila.

AUREN:

—Valeria no está actuando sola.

Silencio.

JASEN:

—Ya lo imaginábamos.

—Bien.

Respondió Elena.

—Porque es verdad.

AUREN:

La habitación quedó completamente inmóvil.

Elena respiró despacio.

—Lleva meses intercambiando información con alguien.

Jasen frunció el ceño.

—¿Quién?

Sofía fue quien respondió.

—Una organización.

Pausa.

—Una mafia que creíamos desaparecida.

Silencio.

JASEN:

Eso consiguió llamar completamente su atención.

Porque en ese mundo había pocas cosas peores que una mafia enemiga.

Y una de ellas era una mafia enemiga que se suponía destruida.

AUREN:

—¿Nombre?

Elena tardó unos segundos.

—Karpov.

Silencio.

JASEN:

Incluso él había oído hablar de ellos.

No mucho.

Pero suficiente.

Rumores.

Historias.

Operaciones violentas.

Desapariciones.

Y una guerra que había terminado muchos años atrás.

O eso creían todos.

AUREN:

—Pensábamos que habían desaparecido.

—Nosotros también.

Respondió Sofía.

—Pero nos equivocamos.

JASEN:

Aquello no le gustó.

Nada.

Porque cuando los adultos admitían haberse equivocado... Normalmente era porque el problema era enorme.

AUREN:

Elena abrió una carpeta.

Varias fotografías quedaron sobre la mesa.

Almacenes.

Muelles.

Camiones.

Hombres armados.

Y símbolos que ninguno veía desde hacía años.

JASEN:

—Mierda.

Fue lo único que consiguió decir.

Porque aquello era real.

Muy real.

AUREN:

—¿Qué quieren?

Sofía respondió.

—A vosotros.

Silencio.

JASEN:

La respuesta cayó como una piedra.

—¿Qué?

—Sois los herederos.

Elena mantuvo la mirada fija en ellos.

—Y si caéis vosotros... caen las dos familias.

AUREN:

Ahora todo empezaba a encajar.

Valeria.

Las cámaras.

La vigilancia.

Las manipulaciones.

No estaba intentando destruirlos directamente.

Los estaba preparando.

JASEN:

—¿Por eso estamos aquí?

—Sí.

—¿Y cuánto tiempo?

Silencio.

Sofía evitó responder.

Eso fue suficiente.

AUREN:

—No quieren que salgamos.

Elena asintió.

—Exacto.

JASEN:

—¿Y si salimos?

Las dos mujeres intercambiaron una mirada.

Y la respuesta llegó demasiado rápido.

—No lo haréis.

Silencio.

AUREN:

Porque ahora entendían la verdad.

No estaban escondidos.

Estaban protegidos.

Y había una diferencia enorme.

Cuando Elena y Sofía se marcharon... el departamento volvió a quedarse en silencio.

Pero ya no era el mismo silencio.

Ahora tenía peso.

Tenía nombres.

Tenía enemigos.

Y por primera vez desde que llegaron allí... Auren y Jasen comprendieron algo.

El peligro no estaba acercándose.

Ya estaba aquí.

Y lo peor era que aquello solo era el principio.




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