Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 26. ¿Por qué te odio?

La pregunta apareció sin aviso. Sin motivo. Sin contexto.
Y precisamente por eso fue imposible ignorarla.
JASEN:
Llevaban cinco días encerrados. Cinco.
Jasen los había contado. Porque no tenía nada mejor que hacer.
Cinco días viendo a Auren desayunar. Cinco días viéndolo entrenar. Cinco días escuchándolo corregir cosas que nadie le había pedido corregir.
Cinco días compartiendo espacio. Silencios. Rutinas.
Cinco días.
Y algo no encajaba.
Porque si realmente odiaba a Auren... aquello debería ser insoportable.
¿No?
Sin embargo... No lo era.
Molesto. Sí.
Agotador. También.
Pero insoportable... No.
Y eso era raro. Muy raro.
AUREN:
Auren estaba leyendo. O intentándolo.
Porque Jasen llevaba diez minutos observándolo.
—¿Qué?
—Nada.
Mentira.
—Estás mirando.
—Y tú te has dado cuenta.
—Porque sigues haciéndolo.
Silencio.
JASEN:
Auren volvió al libro.
Y Jasen siguió pensando.
Porque la pregunta seguía allí.
¿Por qué lo odiaba?
Recordaba haberlo dicho miles de veces.
Desde pequeño.
Pero cuando intentaba recordar por qué... No encontraba una respuesta clara.
AUREN:
—Estás pensando demasiado.
Jasen parpadeó.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque llevas esa cara.
—¿Qué cara?
—La de cuando piensas demasiado.
—No existe esa cara.
—Sí existe.
Silencio.
Y entonces preguntó.
Porque la curiosidad era más fuerte.
—¿Por qué me odias?
Silencio.
Completo.
Absoluto.
Jasen levantó la vista lentamente.
—¿Qué?
—Has oído la pregunta.
Silencio.
Durante unos segundos... no supo qué responder.
Porque era una pregunta absurda. Ridícula.
Fácil. Debería ser fácil.
Llevaban años odiándose. Años.
Entonces... ¿Por qué tardaba tanto en encontrar una respuesta?
—¿Ves?
—¿Qué?
—Estás pensando demasiado.
—Cállate.
—No tienes respuesta.
—Sí la tengo.
—Entonces dime una.
Silencio.
Porque Auren era irritante.
Porque hablaba demasiado.
Porque sonreía demasiado.
Porque era impulsivo.
Porque...
Ninguna parecía suficiente.
—Interesante.
—No.
—Mucho.
—Jasen.
—Auren.
—Tú tampoco tienes respuesta.
Silencio.
Maldita sea.
Porque era verdad.
No la tenía.
Y eso era lo preocupante.
Porque siempre había asumido que la respuesta existía.
Que simplemente nunca se había detenido a pensarla.
Pero ahora que lo hacía... No aparecía.
La habitación quedó en silencio.
Uno extraño.
No incómodo.
Solo... nuevo.
—¿Crees que es obligatorio?
—¿Qué cosa?
—Odiarnos.
Silencio.
La pregunta golpeó más fuerte de lo esperado.
Porque nunca se la había planteado.
Jamás.
—Nuestras familias siempre esperaron que compitiéramos.
Silencio.
—Siempre nos compararon.
Silencio.
—Siempre nos pusieron uno contra otro.
Pausa.
—¿Y si simplemente seguimos haciéndolo porque nos acostumbramos?
Auren no respondió inmediatamente.
Porque por primera vez... La posibilidad parecía real.
—Es una teoría.
—Es una teoría horrible.
—Gracias.
—De nada.
Y por alguna razón... los dos sonrieron.
Apenas un segundo.
Pero ocurrió.
La tarde continuó.
El tema murió.
O eso aparentó.
Porque más tarde... Cuando Auren ya estaba distraído con cualquier otra cosa... Jasen volvió a pensar en la pregunta.
¿Por qué lo odiaba?
Y por primera vez en años... no encontró una respuesta.
Y esa misma noche... mirando el techo del departamento...
Auren llegó exactamente a la misma conclusión.
Porque si realmente odiaba a Jasen...
Entonces no debería importarle si estaba bien.
No debería importarle si sonreía.
No debería importarle si estaba herido.
No debería importarle nada.
Y sin embargo... Le importaba. Demasiado.
Ninguno volvió a mencionar la conversación.
Pero algo había cambiado.
Muy poco. Casi nada. Lo suficiente.
Porque por primera vez desde que tenían memoria...
la pregunta ya no era: ¿Por qué te odio?
Sino: ¿Y si nunca fue odio?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.