Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 29. Sin luz.

Todo empezó con un clic.
No un ruido fuerte.
No una alarma.
Solo un clic seco.
Y después… negro.
AUREN:
Auren se quedó quieto.
Parpadeó una vez.
Nada cambió.
—No me digas que…
JASEN:
—Se ha ido la luz —terminó Jasen.
Silencio.
La oscuridad no era total.
La ciudad todavía filtraba algo de brillo por la ventana.
Pero dentro del departamento… todo había cambiado.
AUREN:
—Qué conveniente.
—No creo que la electricidad tenga intenciones malvadas.
—No estás seguro.
—No.
JASEN:
Se oyó movimiento.
Algo chocando.
Una silla.
—Vale… esto es oficialmente incómodo.
—Ya lo era antes.
—No tanto.
AUREN:
—No te muevas sin decirlo.
—¿Perdón?
—No quiero romperme nada por tu culpa.
—Eso suena personal.
—Lo es.
JASEN:
—Qué considerado.
—Cállate.
Y entonces… otro sonido.
Un paso. Dos.
AUREN:
—¿Dónde estás?
—En algún punto entre la cocina y el desastre.
—Eso no ayuda.
—Estoy trabajando en ello.
JASEN:
Intentó encontrar la encimera. No la encontró.
Encontró otra cosa. Auren.
Demasiado cerca.
—Vale.
Silencio inmediato.
AUREN:
—¿Qué?
—Nada.
—Te has quedado callado.
—Estoy pensando.
—Eso nunca es bueno.
JASEN:
—Te he tocado.
—Lo sé.
—No me he movido.
—También lo sé.
Silencio. Demasiado largo.
AUREN:
La oscuridad lo hacía todo peor.
Porque no había distancia visual.
Solo presencia.
Respiración.
Calor.
Demasiado cercano.
JASEN:
—Creo que estamos frente a frente.
—Creo que tienes razón.
—No es ideal.
—No.
AUREN:
Ninguno se movió.
Porque no sabían hacia dónde.
Y porque moverse podía empeorarlo.
Un ruido lejano.
Algo en la calle.
Nada importante.
Pero suficiente para romper el momento un segundo.
JASEN:
—Vale, esto es oficialmente raro.
—Lo es todo el tiempo.
—No tanto como ahora.
AUREN:
Y entonces ocurrió.
Un movimiento mínimo.
Un tropiezo.
O un paso mal calculado.
Nadie estaba seguro.
Pero Jasen perdió el equilibrio.
JASEN:
—Mier-
No terminó la frase.
Porque Auren lo agarró.
Instintivo.
Rápido.
Demasiado rápido.
AUREN:
Y en ese instante… todo cambió otra vez.
Porque estaban demasiado cerca. Otra vez.
Pero esta vez no había luz.
Solo respiración. Solo silencio.
JASEN:
—No me sueltes todavía.
La frase salió sin pensar.
AUREN:
Silencio.
—¿Qué?
JASEN:
—Nada.
—Dilo.
—He dicho que no me sueltes todavía.
Silencio.
AUREN:
El tiempo se estiró.
Demasiado.
Y por una fracción de segundo… Auren no se movió.
JASEN:
Y eso fue el problema.
Porque ninguno sabía qué estaba pasando.
Ni qué iba a pasar.
Solo que estaban demasiado cerca.
Interrupción.
Un sonido.
Lejano.
Una luz de emergencia que volvió parcialmente.
La claridad volvió en fragmentos.
Y ambos se separaron inmediatamente.
Como si nada hubiera pasado.
—Deberíamos… buscar velas —dijo Auren.
—Sí —respondió Jasen.
Silencio.
Y ninguno mencionó que durante unos segundos…
no habían querido separarse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.