Todo empezó con un clic. No un ruido fuerte. No una alarma. Solo un clic seco. Y después… negro. AUREN: Auren se quedó quieto. Parpadeó una vez. Nada cambió. —No me digas que… JASEN: —Se ha ido la luz —terminó Jasen. Silencio. La oscuridad no era total. La ciudad todavía filtraba algo de brillo por la ventana. Pero dentro del departamento… todo había cambiado. AUREN: —Qué conveniente. —No creo que la electricidad tenga intenciones malvadas. —No estás seguro. —No. JASEN: Se oyó movimiento. Algo chocando. Una silla. —Vale… esto es oficialmente incómodo. —Ya lo era antes. —No tanto. AUREN: —No te muevas sin decirlo. —¿Perdón? —No quiero romperme nada por tu culpa. —Eso suena personal. —Lo es. JASEN: —Qué considerado. —Cállate. Y entonces… otro sonido. Un paso. Dos. AUREN: —¿Dónde estás? —En algún punto entre la cocina y el desastre. —Eso no ayuda. —Estoy trabajando en ello. JASEN: Intentó encontrar la encimera. No la encontró. Encontró otra cosa. Auren. Demasiado cerca. —Vale. Silencio inmediato. AUREN: —¿Qué? —Nada. —Te has quedado callado. —Estoy pensando. —Eso nunca es bueno. JASEN: —Te he tocado. —Lo sé. —No me he movido. —También lo sé. Silencio. Demasiado largo. AUREN: La oscuridad lo hacía todo peor. Porque no había distancia visual. Solo presencia. Respiración. Calor. Demasiado cercano. JASEN: —Creo que estamos frente a frente. —Creo que tienes razón. —No es ideal. —No. AUREN: Ninguno se movió. Porque no sabían hacia dónde. Y porque moverse podía empeorarlo. Un ruido lejano. Algo en la calle. Nada importante. Pero suficiente para romper el momento un segundo. JASEN: —Vale, esto es oficialmente raro. —Lo es todo el tiempo. —No tanto como ahora. AUREN: Y entonces ocurrió. Un movimiento mínimo. Un tropiezo. O un paso mal calculado. Nadie estaba seguro. Pero Jasen perdió el equilibrio. JASEN: —Mier- No terminó la frase. Porque Auren lo agarró. Instintivo. Rápido. Demasiado rápido. AUREN: Y en ese instante… todo cambió otra vez. Porque estaban demasiado cerca. Otra vez. Pero esta vez no había luz. Solo respiración. Solo silencio. JASEN: —No me sueltes todavía. La frase salió sin pensar. AUREN: Silencio. —¿Qué? JASEN: —Nada. —Dilo. —He dicho que no me sueltes todavía. Silencio. AUREN: El tiempo se estiró. Demasiado. Y por una fracción de segundo… Auren no se movió. JASEN: Y eso fue el problema. Porque ninguno sabía qué estaba pasando. Ni qué iba a pasar. Solo que estaban demasiado cerca. Interrupción. Un sonido. Lejano. Una luz de emergencia que volvió parcialmente. La claridad volvió en fragmentos. Y ambos se separaron inmediatamente. Como si nada hubiera pasado. —Deberíamos… buscar velas —dijo Auren. —Sí —respondió Jasen. Silencio. Y ninguno mencionó que durante unos segundos… no habían querido separarse.
La biblioteca en Booknet es una lista útil de libros, donde puede:
guardar sus libros favoritos
ver fácilmente las actualizaciones de todos los libros de la biblioteca
estar al tanto de las nuevas reseñas en los libros
Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.