Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 32: El almacén.

La puerta del almacén estaba entreabierta.
Como si los estuvieran esperando.
JASEN:
—Esto es una trampa.
La voz de Jasen sonó más seca de lo habitual.
No por valentía.
Por instinto.
Porque todo en ese lugar gritaba peligro.
AUREN:
Auren no respondió de inmediato.
Estaba observando el perímetro.
La lluvia caía detrás de ellos.
El viento empujaba la puerta oxidada.
—Lo sé.
JASEN:
—¿Y entramos igual?
Silencio.
AUREN:
—Sí.
Una sola palabra.
Sin emoción.
Sin duda.
Pero Jasen la conocía lo suficiente como para saber que sí había duda.
Solo bien escondida.
JASEN:
—Perfecto.
—Eso no sonó convencido.
—Porque no lo estoy.
AUREN:
Se miraron un segundo.
Y luego entraron.
El almacén era oscuro. Húmedo. Metálico.
El eco de sus pasos se perdió inmediatamente.
JASEN:
—No me gusta este sitio.
—A nadie le gusta.
—Eso no ayuda.
—No era la intención.
AUREN:
Auren avanzaba primero.
Lento.
Preciso.
Demasiado calmado para lo que era aquello.
JASEN:
—¿Oyes eso?
Silencio.
AUREN:
—Sí.
Pasos.
Pero no solo los suyos.
JASEN:
—No estamos solos.
AUREN:
—Ya lo sé.
Y entonces… las luces se encendieron.
Una fila.
Luego otra.
Iluminando el almacén como un escenario.
Y en el centro…
JASEN:
—Genial.
—No es un buen “genial”.
—Es el único tipo que tengo.
Hombres.
Demasiados.
Armas.
Demasiadas.
Y en el centro…
AUREN:
Una figura.
Sentado.
Aplauso lento.
—Dos herederos.
—Justo a tiempo.
JASEN:
Jasen apretó la mandíbula.
—¿Quién eres?
El hombre sonrió.
—No importa.
AUREN:
Auren dio un paso adelante.
—Sí importa.
Silencio.
El hombre rió.
—Siempre tan serio, Vetrov.
Silencio inmediato.
JASEN:
Miró a Auren.
—Lo conoces.
Auren no respondió.
Pero su silencio fue suficiente.
AUREN:
—Karpov.
Un nombre.
Y el aire cambió.
—Pensé que os habían enseñado historia.
—Nos enseñaron.
—Mal, entonces.
JASEN:
—¿Qué quieres?
El hombre se levantó.
Lento.
Demasiado seguro.
—Equilibrio.
—Eso es mentira.
—Todo el mundo miente.
AUREN:
Auren notó algo.
Movimiento lateral.
Pequeño.
Demasiado preparado.
JASEN:
—Auren…
—Lo sé.
—No habéis venido solos, ¿verdad?
Silencio.
JASEN:
—¿Qué estás esperando?
El hombre sonrió.
—Que el caos empiece.
El primer disparo no vino del frente.
Vino del lado.
JASEN:
—¡ABAJO!
Demasiado tarde.
Auren empujó a Jasen.
El disparo rozó el aire.
Golpeó metal.
Chispas.
JASEN:
Cayó al suelo.
Dolor inmediato en el costado.
—¡Mierda!
AUREN:
—¿Estás herido?
—No es el momento.
Otro disparo.
Esta vez más cerca.
Demasiado.
JASEN:
—¡ESTÁN EN TODOS LADOS!
AUREN:
Auren sacó un arma.
Silencio inmediato en su expresión.
JASEN:
—¿Cuándo sacaste eso?
—No te preocupes.
—Eso no responde la pregunta.
AUREN:
—Cállate.
Disparos.
El almacén explotó en sonido.
Gritos.
Pasos.
Metales cayendo.
JASEN:
Respiración rápida.
Dolor en el costado.
Pero seguía moviéndose.
AUREN:
Auren avanzaba.
Preciso.
Protegiéndolo sin decirlo.
JASEN:
—No necesito que me cuides.
—Sí lo necesitas.
—No.
—Sí.
Un hombre apareció detrás de Jasen.
Demasiado cerca.
JASEN:
No tuvo tiempo de reaccionar.
Pero Auren sí.
Disparo.
Un único disparo.
Silencio.
El hombre cayó.
Silencio.
Por un segundo… todo se detuvo.
JASEN:
Miró a Auren.
—…disparaste.
AUREN:
—Corre.
Corrieron.
Entre columnas.
Entre disparos.
Entre gritos.
La puerta estaba cerca.
Demasiado lejos.
JASEN:
—¡No llegamos!
AUREN:
—Sí llegamos.
Auren se giró.
Un hombre.
El mismo del inicio.

—Auren... —murmuró Jasen.

—Si salimos de esta —repitió Jasen—, tenemos que hablar.
AUREN:

—Primero sobrevive.
Disparó.
Directo.
Sin duda.
Silencio.
Salieron.
La lluvia los golpeó.
El mundo seguía ahí.
Demasiado normal.
Jasen se dobló ligeramente.
La sangre.
El dolor.
Auren lo sostuvo.
Sin pensar.
Sin dudar.
Y mientras la lluvia borraba sus huellas…
Jasen solo alcanzó a decir:
—Esto… no ha terminado.
Auren no lo negó.
Porque ambos lo sabían.
Esto solo acababa de empezar.




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