Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 34. Fuera de la carretera.

El golpe no fue el final.

Fue el principio del descontrol.

JASEN:

El mundo dejó de ser carretera.

Se volvió tierra.

Barro.

Cristales rotos.

Respiración.

Y dolor.

Mucho dolor.

—Mierda…

Intentó moverse.

Error.

El costado ardió.

Como si alguien le hubiera clavado fuego dentro del cuerpo.

AUREN:

—No te muevas.

La voz de Auren estaba demasiado cerca.

Demasiado firme.

JASEN:

—No es como si estuviera intentando bailar.

—No es momento.

—Nunca es momento contigo.

AUREN:

Auren ya estaba desabrochando el cinturón.

Rápido.

Preciso.

Sin mirar el exterior.

Las luces de Valeria seguían allí.

No se habían ido.

No se acercaban.

Solo esperaban.

JASEN:

—Siguen ahí…

AUREN:

—Lo sé.

Auren abrió la puerta.

El viento entró como un golpe.

La lluvia también.

JASEN:

Intentó incorporarse.

Falló.

Otra vez.

AUREN:

—Te he dicho que no.

Se inclinó hacia él.

Sin dudar.

Le agarró el brazo.

JASEN:

—Puedo andar.

—No.

—Sí.

—No.

Silencio.

JASEN:

Apretó los dientes.

—Me duele el costado, no las piernas.

AUREN:

—Perfecto. Entonces no discutas.

Un coche avanzó un poco.

Solo un poco.

Como si estuvieran midiendo.

JASEN:

—Nos van a rodear.

AUREN:

—Ya lo están haciendo.

Auren lo ayudó a salir.

El mundo giró.

La lluvia golpeó su cara.

El barro hundió sus botas.

JASEN:

—Vale… esto es peor de lo que parecía dentro.

—Siempre lo es.

Un coche se apagó.

Otro encendió las luces largas.

Y entonces… salió.

JASEN:

La vio.

Por primera vez claramente.

Valeria.

Sin prisa. Sin miedo.

Como si todo aquello ya estuviera decidido.

JASEN:

—Está aquí.

Auren no respondió.

Pero su postura cambió.

—No os mováis. —Dijo Valeria, su voz atravesó la lluvia.

JASEN:

—¿En serio?

—Siempre hablas demasiado.

AUREN:

—¿Qué quieres?

Sonrió.

Leve. Fría.

—Lo que siempre he querido.

Silencio.

JASEN:

El dolor en su costado latía con cada respiración.

Pero no apartó la mirada.

—Esto era personal desde el principio, ¿verdad?

—Todo lo es.

Un paso. Otro.

Los hombres detrás de ella avanzaron.

AUREN:

—Jasen.

—Lo sé.

JASEN:

—No puedo correr.

—No hace falta.

AUREN:

Sacó el arma.

JASEN:

—¿Cuándo dejaste de ser legal?

—Hace años.

Valeria levantó la mano.

Señal.

—Ahora.

Los hombres avanzaron.

AUREN:

Primer disparo.

Silencio roto.

JASEN:

—¡AUREN!

AUREN:

—¡CORRE!

Jasen dio un paso.

El costado explotó de dolor.

Pero siguió.

JASEN:

—No puedo…

AUREN:

Lo agarró.

Sin pensar.

Lo sostuvo.

JASEN:

—No me dejes atrás.

Silencio.

AUREN:

—No lo haré.

Disparos. Otra vez.

El barro salpicaba.

El metal gritaba.

Valeria estaba observando. Sin intervenir.

JASEN:

—Está jugando con nosotros…

AUREN:

—Siempre lo ha hecho.

Consiguieron moverse.

Entre coches. Entre sombras. Entre disparos.

Y en algún momento… dejaron de saber si estaban huyendo, 9 siendo guiados.

El bosque o estructura abandonada apareció delante.

Oscuro. Esperándolos.

Y entraron.

Sin otra opción.




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