La mañana llegó demasiado tranquila.
De esas que no encajan con lo que había pasado el día anterior.
JASEN:
Jasen abrió los ojos primero.
Le dolía el costado.
Menos.
Pero seguía ahí.
Miró alrededor.
La habitación no era la del hospital.
Casa segura. Otra más.
Suspiró.
—Qué original… otra mudanza.
AUREN:
Desde el otro lado del salón, Auren ya estaba despierto.
Sentado. En silencio.
Como si no hubiera dormido.
—No te quejes.
—No me quejo.
—Te estás quejando.
—Estoy describiendo mi vida.
Silencio breve.
JASEN:
Había algo raro.
No el dolor. No el lugar.
Ellos.
Desde el hospital… algo había cambiado.
No era grande. No era evidente.
Pero estaba.
AUREN:
Auren lo miró.
Demasiado directo.
Como si estuviera esperando algo.
—¿Qué?
JASEN:
—Nada.
—Estás mirando.
—Estás vivo.
—Eso es un estándar bajo.
Silencio.
Demasiado largo. Demasiado incómodo.
Y distinto al de antes.
JASEN:
Jasen se incorporó un poco.
—Auren.
Silencio inmediato.
—Teníamos que hablar.
Auren parpadeó.
Solo una vez.
AUREN:
—Sí.
Pausa.
—Yo también.
Silencio.
Ese silencio ya no era casual.
Era consciente.
JASEN:
Jasen tragó saliva.
Esto era peor que un disparo.
—Vale…
Pausa.
—Primero yo.
AUREN:
Auren no lo detuvo.
Solo lo observó.
JASEN:
—No sé cómo decir esto sin sonar… ridículo.
—Inténtalo.
—No ayuda.
—Nunca ayudo.
Respiró hondo.
—Después de todo lo que ha pasado…
Silencio.
—Creo que hay cosas que no hemos querido ver.
AUREN:
Auren no respondió.
Pero su expresión cambió.
Levemente.
JASEN:
—No es solo… odio.
Silencio.
—Nunca lo fue del todo.
AUREN:
Eso sí lo golpeó.
No lo mostró.
Pero lo sintió.
JASEN:
—Y no sé en qué momento dejó de ser eso.
Pausa.
—Pero sé que ya no lo es.
Silencio.
Auren bajó la mirada un segundo.
Luego volvió a subirla.
AUREN:
—Jasen…
JASEN:
—Espera.
Silencio.
—Ahora tú.
AUREN:
Auren apretó ligeramente la mandíbula.
—Yo también…
Pausa.
—He estado pensando lo mismo.
Silencio.
El aire cambió.
—No tiene sentido seguir fingiendo que todo esto es lo de antes.
JASEN:
Jasen soltó una risa mínima.
—Nunca lo fue.
AUREN:
Se quedaron mirando.
Demasiado tiempo.
JASEN:
—Entonces…
Pausa.
—¿Qué somos ahora?
Silencio.
Ninguno respondió rápido.
Porque esa pregunta era peligrosa.
Demasiado.
AUREN:
Auren dio un paso. Luego otro.
Sin darse cuenta.
JASEN:
No retrocedió.
Por primera vez.
Silencio.
Estaban cerca. Otra vez. Demasiado.
AUREN:
La voz bajó.
—No lo sé.
JASEN:
—Eso es lo más honesto que has dicho en semanas.
AUREN:
—Cállate.
JASEN:
—No.
Silencio.
Respiración.
Demasiado consciente.
Demasiado cerca.
JASEN:
—Auren…
AUREN:
—No digas nada.
Jasen levantó la mano.
No llegó a tocarlo.
Se detuvo.
AUREN:
La distancia era mínima.
Demasiado mínima.
Silencio.
Un sonido.
Lejano.
Un teléfono.
Una voz fuera.
La puerta.
AUREN:
Se apartó primero.
Demasiado rápido.
JASEN:
Parpadeó.
Como si hubiera despertado.
VOZ FUERA
—Tenemos información.
El momento se rompió.
Como vidrio.
Y ninguno volvió a mencionarlo.
Pero tampoco lo olvidaron.