Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 38. La llamada.

La noche estaba demasiado quieta.

JASEN:

El teléfono sonó una vez.

No era el suyo habitual.

Número desconocido.

AUREN:

Auren lo miró antes de contestar.

—No lo cojas.

JASEN:

—Eso nunca funciona.

Y contestó.

Silencio.

Respiración.

Y luego…

—Os dije que os ibais a arrepentir. —Dijo Valeria.

Silencio.

Jasen se quedó quieto.

El aire cambió.

JASEN:

—Valeria...

Una risa leve. Fría.

—Pensabais que esto había terminado.

AUREN:

Auren se acercó inmediatamente.

Escuchando.

—No habéis entendido nada, nunca lo hacéis.

JASEN:

—¿Dónde estás?

Silencio.

—Más cerca de lo que creéis.

AUREN:

—Esto no es una amenaza inteligente.

—No necesito ser inteligente, ya he ganado.

Corta.

La llamada se interrumpió.

Silencio.

Jasen miró el móvil.

—Eso fue… raro.

AUREN:

—Eso fue una advertencia.

JASEN:

—O un error.

AUREN.

—No.

Horas después, viendo la televisión...

Noticias urgentes.

“Última hora: se confirma la muerte de Valeria, una joven…”

JASEN:

Se quedó mirando.

Sin parpadear.

—Eso es imposible. Pero... La foto... Es ella...

AUREN:

No respondió de inmediato.

Sus ojos seguían fijos en la pantalla.

“Colapso de la organización asociada…”

“Desmantelamiento interno…”

“Sin sucesores claros…”

JASEN:

—Demasiado rápido.

AUREN:

—Demasiado limpio.

Silencio.

No era alivio.

Era vacío.

JASEN:

—¿Y si es verdad?

AUREN:

—Entonces alguien lo ha hecho demasiado fácil.

La pantalla siguió hablando.

Pero ellos ya no escuchaban.

Porque si Valeria estaba muerta… no debería haber podido llamar.

Y ambos lo sabían.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.