El silencio después del beso no duró mucho.
Pero se quedó pegado a todo.
Jasen seguía sin moverse.
Como si cualquier cambio pudiera estropearlo.
O hacerlo real de una forma peligrosa.
—No lo hagas raro.
—Tú lo estás haciendo raro.
—Tú empezaste.
—No lo empecé.
Silencio.
—Esto no arregla nada.
—No tenía que arreglar nada.
Silencio.Eso era el problema.
Auren apartó la mirada primero.
Como si le molestara sostenerla demasiado tiempo.
—Vale…
Pausa.
—Entonces seguimos igual.
—Sí.
Pero ninguno sonó convencido.
El teléfono vibró.
Luego otro. Luego varios.
—No me gusta eso.
Auren ya estaba mirando la pantalla.
Su expresión cambió.
Levemente.
—No es la policía.
—Eso no me tranquiliza.
Uno tras otro.
Nombres.
Contactos de la mafia.
Canales internos.
“Confirmación oficial del fallecimiento de Valeria.”
Silencio inmediato.
—Otra vez.
—Lo están empujando demasiado.
—Esto ya no es información.
—Es orden.
Silencio.Entonces llegaron los mensaje clave.
Una sola línea cada uno.
“La estructura no puede detenerse.”
“Valeria ha caído.
“El control continúa.”
—¿Control?
—Alguien está tomando el mando.
—Eso es rápido incluso para mafias.
—No es improvisado.
Llamada entrante.
Sin número.
—No lo cojas.
—Ya es tarde.
Voz distorsionada, feria.
—“Valeria era un nombre.”
Silencio.
—“No una estructura.”
—¿Quién eres?
—“Alguien que entiende cómo funciona esto.”
—Eso no responde nada.
Risa breve.
—“No necesito responder.”
—“Solo continuar.”
—¿Continuar qué?
Pausa.
—“La guerra.”
La llamada se cortó.
Silencio.Jasen miró a Auren.
Esta vez no había tensión romántica.
Solo algo peor.
Realidad.
—Valeria no era el final.
—Era solo una pieza.
—Y ahora hay alguien moviéndolas todas.
Auren cerró la pantalla.
Pero los mensajes seguían llegando.
Uno tras otro.
Como si alguien acabara de abrir una guerra que ya no podía detenerse.
Y en medio de todo eso… ellos dos seguían allí.
Demasiado cerca.
Demasiado complicados.
Y ahora… demasiado dentro.